“Coco”: con música y corazón, Disney y Pixar cantan su canción de amor a México

MIRÁ EL TRÁILER Y ESCUCHÁ "RECUÉRDAME" EL TEMA PRINCIPAR DE SU BANDA DE SONIDO. La cinta animada brilla por sus aspectos técnicos y levanta vuelo en la segunda parte, cuando consigue desmarcarse del estereotipo

1515741372940

Las películas de animación siempre corren el riesgo de ser infantiles o de quedar en el mundo de los adultos, una cuestión que “Coco”, el nuevo filme de Pixar, sortea con creces en un homenaje a la familia, a México y al arte en general.

La cinta dirigida por Lee Unkrich, ganador del Oscar por “Toy Story 3”, y Adrián Molina no escatima en detalles. Apoyada en una banda de sonido que por momentos la convierte en musical, la historia ahonda con color y dinamismo en conflictos y crueldad, algo necesario para generar empatía.

“Eso fue lo primero que nos propusimos. Espero que la gente se sienta identificada con los personajes porque al final tenemos más en común de lo que pensamos”, dijo la productora del filme, Darla Anderson.

“COCO” SE ESTRENÓ EL JUEVES EN LA SALAS LOCALES / OUTNOW

La festividad del Día de Muertos es el marco que utilizó la firma fundada por Steve Jobs en 1986 y adquirida tiempo después por Disney para contar las peripecias de un niño (Miguel) para convertirse en músico a pesar de la prohibición de su familia, a la cual ama. En esa noche, la misma que los mexicanos utilizan para homenajear y recordar a sus ancestros, Miguel se anota a un concurso de guitarra, pero por medio de un encantamiento aparece en la Tierra de los Muertos.

Con los ojos puestos en el cantante y actor ficticio Ernesto de la Cruz (un Carlos Gardel, si se quiere), Miguel va en busca de los familiares muertos para que lo devuelvan a la tierra y a contrarreloj debe sortear más de un inconveniente.

A partir de allí aparece el segundo conflicto: el primero es el freno familiar a ser músico; ahora, encerrado por culpa de la música, debe buscar la forma de regresar a su familia: en esa dicotomía transcurre el filme, entre las obligaciones familiares y el deseo.

Sin embargo, cuando parece que el principal escollo es el “regreso a la vida” de Miguel, aparece Héctor, un joven y truhán esqueleto que guarda el cruel secreto que hará virar la percepción de los personajes.

SALTO DE CALIDAD

En este punto es cuando el filme, hasta aquí algo formulaico (y un poco condescendiente en la construcción de los personajes y de México, a pesar de que asombra, una vez más, el detalle en cada aspecto de la animación del mundo latino) pega ese salto de calidad que se le exige a un género que debe reinventarse constantemente y que busca no encasillarse como infantil.

La maldad humana aparece en todo su esplendor y las miserias y egoísmo de más de un personaje salen a flote, rompiendo esa dicotomía de “bueno contra malo”. Así, las aventuras pasan de la tierra de los vivos a la de los muertos, una colorida creación que demuestra, además, que los dibujantes miran obras de arte tanto como películas: la semejanza a en los sets del mundo de los muertos con la estética impresionista es notable.

“Esta película es grande, tiene muchos personajes, muchos lugares y muchos detalles”, comentó Anderson sobre algo que no se pasa por alto. Lejos quedaron los grupos que se mueven en manada o el héroe solitario que lucha contra todos en búsqueda de un objetivo.

Miguel es el protagonista innegable, pero el hecho de que Unkrich y Molina crearan dos ciudades espejo obligó al equipo a armar todo por duplicado, pero manteniendo las diferencias y particularidades individuales porque, a fin de cuentas, representan a seres vivientes (o que lo han sido).

Estos detalles, además, fueron los desafíos que se pusieron cuando comenzaron con la producción. Con películas de la estirpe de “Toy Story”, “Un gran dinosaurio”, “Buscando a Nemo” y “Ratatouille” sobre sus espaldas, Pixar debía autosuperarse.

“El objetivo era encontrar la manera de que se pudiera desarrollar la película porque trabajamos con muchas aristas”, sostuvo la productora, cuyo contacto con latinos durante toda su vida fue de gran ayuda para llevar adelante el filme.

El guión no sólo incluyó las experiencias personales, sino que el equipo vivió en México durante un tiempo para acercarse de forma directa a la cultura que debía retratar.

Escrita desde Estados Unidos hacia México con una intención amorosa pero también comercial, los peores momentos de la película de Disney-Pixar son justamente aquellos que muestran una visión demasiado pintoresquista del país vecino de Estados Unidos, particularmente en el primer tramo de la cinta; la película luego consigue desmarcarse del estereotipo y también de cierta “disney-ización” de los valores que defiende y alcanzar un vuelo más poético y ambiguo, propio de las mejores obras de Pixar.

Fuente: El Día