Como Superman, el periodismo aún puede salvarnos

MIRÁ LOS VIDEOS. Desde que Superman eligió ser Clark Kent, la prensa retiene un lugar privilegiado en el imaginario de Hollywood; idealistas o renegados, el cuarto poder sigue transitando los laberintos del poder

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Los discursos de la ficción y los que aspiran a describir la realidad, como la historia o el periodismo, parecen fuerzas antagónicas. De hecho, se suele invocar a unos para desacreditar a los otros. A la vez, están inevitablemente imbricados, no solo porque usan herramientas similares (por ejemplo, la presentación narrativa de los hechos) sino también porque la ficción puede ser un sólido registro de la realidad: es un archivo del lenguaje, de las ideas dominantes o de las estructuras sociales de los distintos lugares o períodos de su producción. En años recientes, la aparición de conceptos asombrosos como fake news, posverdad, hechos alternativos o, ya entre nosotros, periodismo militante, demuestra nuevos y desconcertantes modos de vinculación entre el periodismo y la ficción.

Otro vínculo más entre ambos es que los periodistas suelen ser protagonistas de ficciones y estas, a su vez, reproducen implacablemente el modo en que cada período histórico o cada sociedad percibe a sus periodistas. Por ejemplo, la curiosa novela de ciencia ficción Los herederos (1901), de Ford Madox Ford y Joseph Conrad, deja ver la aparición de los periódicos masivos consumidos por lectores de extracción popular durante el siglo XIX y el desprecio que la clase acomodada sentía por ellos y sus reporteros, que son descriptos como “ratas asmáticas y huesudas” por el protagonista, también un periodista pero de un medio prestigioso.

Del mismo modo, los brutales cambios que los medios y la práctica periodística están atravesando en la última década dejan sus huellas en ficciones televisivas recientes. La miniserie británica State of Play, emitida originalmente en 2003, trata sobre la investigación periodística y policial del creciente número de asesinatos que parecen cercar a un político prominente. Su adaptación cinematográfica (llamada aquí Los secretos del poder y protagonizada por Russell Crowe y Ben Affleck), realizada seis años más tarde, incorpora un deceso más a la trama: el del diario para el que trabaja el protagonista. “El verdadero drama aquí es el hundimiento de este periódico” dice abiertamente la editora Cameron, encarnada por Helen Mirren como un personaje intransigente, con ecos de su creación más famosa, la detective Tennison de Prime Suspect.

Justamente, detectives y periodistas suelen ser protagonistas recurrentes en la ficción. Ambos se encargan de investigar y recrear historias, en consecuencia, son un motor natural del relato. También son encargados de explicarlas, de armar el rompecabezas, de llevar luz a la oscuridad. Detectives y periodistas buscan pistas, conectan datos y personas para desentrañar racionalmente los secretos que otros quieren ocultar. Las ficciones de buena parte del siglo XX mostraron este proceso como perfectamente realizable. Aunque muchas veces cargados de defectos y problemas (mujeriegos, borrachos, endeudados), los periodistas de las ficciones más recordadas siempre consiguen la historia que están persiguiendo.

Su ética personal puede ser dudosa, pero su compromiso con la verdad es inclaudicable, así como su confianza en que esta puede ser reconstruida y explicada. Todos los hombres del presidente (1976), film de Alan J. Pakula con Robert Redford y Dustin Hoffman, es el ejemplo paradigmático: la célebre historia real de cómo dos periodistas novatos, Bob Woodward y Carl Bernstein, desandaron la trama de mentiras y corrupción iniciada con unas anodinas detenciones de intrusos en el hotel Watergate y, finalmente, desencadenaron la caída de Nixon.

Esta paradigmática exposición de la deontología periodística (el control de los poderes y la información veraz del electorado) y esta fe en su eficiencia es, a la vez, un reflejo y un refuerzo de la tradicional confianza de los norteamericanos en la resiliencia de sus propias instituciones. En este contexto, dudar de la eficacia del periodismo es dudar de la democracia. El hecho de que Superman, el primer y más famoso de los superhéroes fuera parte de la profesión (Clark Kent es reportero del Daily Planet) seguramente no es ajeno a este elevado nivel de autoestima.