“La cordillera” fue estrenada con ovación en Cannes

MIRÁ EL TRÁILER. Con la llegada del cine argentino a la sección Una Cierta Mirada con "La cordillera", opus tres de Santiago Mitre en el que Ricardo Darín luce superlativo, el Festival de Cannes se acerca a su desenlace, en un año en que además de nombres famosos en la pantalla, tuvo muchos más en la alfombra roja conmemorando los 70 años de la muestra.

Santiago Mitre, que hace dos años ganó en Cannes el gran premio en la Semana de la Crítica con “La patota”, llegó este año a la competencia de la sección oficial Una Cierta Mirada con “La cordillera”, una aproximación al mundo de la nueva política, con viejos vicios aggiornados a los tiempos que corren, en un intento por contar la historia de un presidente argentino en una cumbre latinoamericana recurriendo a un cóctel de géneros.

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El filme arranca casi en tono documental, desde los subsuelos de la Casa Rosada, para pasar luego a la historia de Hernán Blanco, que llegó a la presidencia hace poco tiempo vendiéndose como “un hombre común”, y muy rápidamente pasa de allí a la misma cumbre en Chile, en un complejo en lo alto de la cordillera del título, donde se destacarán dos historias, la de la cumbre y la que estalla con la llegada de su hija.

El relato de suspenso que tiene que ver con la política, es una construcción estilo cajas chinas, que va revelando internas a medida que abre cada caja para encontrar otra y así sucesivamente; y el de la hija, el más hitchcockiano de los dos, tiene que ver con el pasado y también con el presente, en el que juega con la psicosis de la mujer pero también con la mentira como arma de su padre, ubicando todo en un limbo incierto.

Es que la política es sucia, juega permanentemente con esa idea de que no hay verdad ni mentira posible, sino distintas formas de mentira o verdad que se pueden usar según las circunstancias y para lo que se quiera, que no es otra cosa que alcanzar metas de poder, enriquecerse, ocultar hechos poco recordables, en donde el ciudadano de a pie siempre está ausente, en donde el político es el que maneja la vida de quienes lo votaron y los que no.

Ese clima que va de lo realista a lo fantástico, incluso con hipnosis mediante péndulo y recuerdos confusos, en especial una entrevista en la que el mandatario acepta la idea de que existe el bien y el mal, y que cuando era chico soñó con un zorro con cuernos que lo partía al medio y su abuelo le explicó que era el Diablo, y asegurando que varias veces tuvo que enfrentarlo, son claves en esta construcción dramática.

En varios momentos de este relato en las alturas, con abismos múltiples, aparece la impronta de Hitchcock, en especial el de “Cuéntame tu vida”, con el paisaje nevado atravesado por surcos, o el de “Vértigo”, en este caso imágenes acompañadas por música compuesta por el español Alberto Iglesias, una verdadera sinfonía que remite indefectiblemente a las partituras de los maestros Miklos Rosza y Bernard Hermann.

La composición de Darín es superlativa, y también la de quienes lo rodean, en especial Fonzi que logra convencer con su mirada alucinada pero a la vez reveladora de misterios que no se llegan a revelar, que su padre tiene dos caras, también Gerardo Romano como el jefe de gabinete que oficia de monje negro, Erica Rivas, su mano derecha y la española Elena Anaya como la entrevistadora con dotes de psicóloga.