Libros, crucigramas y cine, tres hábitos que le dan pelea al celular y a Netflix en vacaciones

La venta de libros se sostiene. Piñeiro, Bonelli y Rolón, los más buscados. Las revistas de juegos se las arreglan para no pasar de moda.

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Es el atardecer de un domingo nublado en Pinamar. El clima no fue suficiente como para suspender la playa, pero acortó el horario de estadía sobre la arena. Los turistas que hasta hace un rato tomaban mate en la orilla ahora deambulan por el centro de esta ciudad. “Algo para evadirse”, pide una mujer. No está ni en un bar ni en una farmacia: está en una librería.

De los hábitos que ganan terreno durante las vacaciones, la lectura es de los más resistentes ante un paisaje playero en el que alcanza una recorrida para notar que el teléfono celular ocupa cada vez más el tiempo y la atención de los veraneantes.

Venta de crucigramas en el puesto de diarios de Bunge y Libertador, Pinamar. Foto: Andres D'Elia

Venta de crucigramas en el puesto de diarios de Bunge y Libertador, Pinamar. Foto: Andres D’Elia

“Este año en un buen día vendimos 440 ejemplares, y en enero del año pasado un buen día eran 340 libros. Para la playa la gente prefiere el libro de papel, más que cualquier dispositivo electrónico que pueda arruinarse con la arena”, cuenta Mariela Böhm, una de las dueñas de la librería Böhm de esta ciudad. “Muchos turistas de los que oscilan entre Pinamar y Punta del Este este año vinieron a estas playas por la disparada del dólar: eso pudo aumentar nuestra demanda”, suma.

Los últimos libros de Claudia PiñeiroFlorencia Bonelli y Gabriel Rolón son las ficciones que más se venden allí, y los clientes que piden títulos de no ficción compran sobre todo “La raíz”, una investigación de Hugo Alconada Mon. “Vinieron muchos chicos que habían recibido plata como regalo de Reyes Magos, y decidieron usarla para comprar libros”, explica Böhm.

Dos mujeres, en la orilla del mar, a pura lectura.

Dos mujeres, en la orilla del mar, a pura lectura.

La librería El Túnel recibe al público con mesas que tienen más ofertas que novedades. Allí se consiguen dos libros por 300 pesos y tres por cuatrocientos, y los números son menos alentadores. “La venta ha ido cayendo en el último tiempo: hace cinco años un buen día se vendían entre 100 y 150 ejemplares, y ahora esa cifra bajó a 50 ejemplares”, explica el encargado del local. Otra señal de esa retracción: la librería ya no cierra a medianoche, sino a las 22, y no hace horario de corrido como antes, excepto los días que llueve.

Magalí Tajes es la autora para adolescentes que más vende en las librerías de Pinamar, y a Piñeiro, Bonelli y Rolón, que también encabezan en El Túnel, se suman John Katzenbach y Stephen King.

“Entre las novedades hay libros que cuestan más de 600 pesos y eso complica el bolsillo de la gente, por eso apostamos a las ofertas. A la vez, hay mucha gente que dedica cada vez más tiempo al celular”, reflexiona el encargado de El Túnel.

Algo de ese fenómeno observa Margarita, dueña junto a su marido de un kiosco de diarios y revistas sobre la avenida principal de Pinamar. “En un momento el sudoku fue furor y vendíamos decenas de revistas, pero ahora juegan con el teléfono”, cuenta. Y da cuenta de otra costumbre playera en retracción: “Los crucigramas siguen saliendo, pero menos. Antes, hace unos cinco años, un buen día se vendían unas 60 revistas, entre palabras cruzadas y sopas de letras, y ahora esa venta bajó a la mitad”, cuenta.

Néstor es dueño de otro kiosco de diarios, también en el centro pinamarense. “Desde que dijeron que hacer un crucigrama puede ayudar a la salud, prevenir problemas cognitivos, hubo un repunte de las ventas”, sostiene. En su puesto, no obstante, los estantes dedicados a las revistas de entretenimientos tienen menos variedad y menos ejemplares que hace cinco años. “También es cierto que antes estas revistas costaban muy poco y ahora no bajan de 70 pesos”, explica.

En Pinamar queda un solo cine. Tiene dos salas. Y, como otros negocios costeros, depende del clima. Los días de lluvia, dice su encargada, “explota”. Eso equivale a unos 600 espectadores en cada una de las tres tandas de horarios. Un día promedio la asistencia promedia las 200 personas por tanda.

Hace unos cinco años, cuentan en el cine, el promedio en cada horario era de unas 400 personas. “Pero ahora se compite contra la posibilidad de quedarse en casa ver la película. Años atrás, cada cine podía hacer lo que quisiera con el estreno de una película: ahora competís con Netflix, que estrena muchas películas muy rápidamente y que funciona en el horario que quieras en el living de tu casa”, explica la encargada. En la boletería se acumulan no más de tres clientes: “Dos entradas para ‘La mula’”, piden. No hay fila para comprar pochoclos a 110 pesos la bolsa más grande: el público hace tiempo mirando las pantallas de sus teléfonos.

Fuente: Clarín