Muestra fotográfica en el Centro Cultural Borges

Del trabajo infantil al sufrimiento migrante: la denuncia de Lewis Hine

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Del trabajo infantil al sufrimiento migrante: la denuncia de Lewis Hine.

Condado de Comanche (Oklahoma), 1916. Harold y Jewel, de 5 y 6 años, recogían algodón en un campo. / Lewis W. Hine/Galerie Bilderwelt

Los fotógrafos Lewis Hine y Jacob Riis inauguraron algunas de las series de fotos que pueden considerarse pioneras del fotodocumentalismo y de la fotografía de crítica social en Norteamérica: Riis (llegado a los Estados Unidos en 1870 desde Dinamarca), carpintero, comenzó a escribir para un diario luego de que un policía matara a su perro, única compañía amorosa y familiar de un inmigrante pobre alojado en las barriadas marginales de Nueva York. Riis pronto saltó a la imagen: comprendió inmediatamente su poder. Fotografió.

Lo mismo ocurrió con Lewis Hine, aunque su vida estuvo enraizada en un pasado diferente: nacido en los Estados Unidos en 1874, formado en sociología y pedagogía en Chicago y en Nueva York (pero en un tipo de pedagogía innovadora para la época, relacionada con el concepto de justicia social, herencia de las líneas de la Compañía de Jesús), su mirada se dirigió hacia los sectores pobres de un Estados Unidos gestante, trabajador, receptor de inmigrantes; y también de la gran metrópolis en construcción: Nueva York.

Maquinal. La transformación de lo duro y repetitivo.

Maquinal. La transformación de lo duro y repetitivo.

Uno de los grandes temas de Hine fue la denuncia de la explotación laboral, especialmente la infantil, así como el grito puesto en las insalubres condiciones domésticas de las clases bajas. Todas estas fotos (en especial las relativas al trabajo infantil-esclavo), fueron tomadas en la clandestinidad, con riesgo de vida del fotógrafo. A través de este abrirse paso en un tipo de fotografía que puede atribuirse tanto al fotodocumentalismo como al ensayo fotográfico de investigación, Hine elaboró duras imágenes de quienes llegaban, intentando sobrevivir, a una América todavía muy cruda (pobre pero promisoria), apenas con un baúl lleno de ropa, algunos utensilios de cocina y su propio cuerpo.

La cámara de Hine se convirtió entonces en una herramienta de denuncia y de comunicación. Pero hay una diferencia entre Hine y otros fotógrafos norteamericanos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX: Hine no buscaba un efecto estético sino demostrar, describir, detallar y denunciar. Quizás por eso sus imágenes carecen de afectación, no siguen estilos, géneros ni modas, sino que se salen de los cánones (como ocurre con varios de los fotógrafos pioneros que fueron trabajando con la fotografía como herramienta laboral, de supervivencia, durante el siglo XIX) e inventan un nuevo lenguaje.

Buenos Aires tiene ahora la chance de conocer la obra de este singular fotógrafo: una muy buena exposición, Lewis Hine. La fotografía como crítica social, se muestra en el Centro Cultural Borges. Comprometido con la realidad que lo rodeaba, portando un sentido de justicia moral, en las paredes de la muestra se destacan las memorias del fotógrafo pionero: “Había dos cosas que quería hacer”, escribía Hine, “mostrar las cosas que debían ser corregidas y mostrar las cosas que debían ser apreciadas”.

South Pittston (Pensilvania), 1911. Un nutrido grupo de niños que trabajaba en una compañía de extracción de carbón.  Lewis W. Hine / Galerie Bilderwelt

South Pittston (Pensilvania), 1911. Un nutrido grupo de niños que trabajaba en una compañía de extracción de carbón. Lewis W. Hine / Galerie Bilderwelt

Pero hay bastante más que decir, ya que estos trabajos nos otorgan algo poco frecuente: cero impostura. Franqueza. Personalidad. Posición. 

Se exponen más de 80 fotografías que dan cuenta de pequeñísimos niños y niñas trabajando en minas, fábricas textiles, ferrocarriles, o en las calles vendiendo diarios. Canillitas de 6 o 7 años comenzando su jornada bajo el Puente de Brooklyn en 1908; en Hartford (Connecticut) en 1909; en California, 1910. Algunas imágenes dan cuenta de los “breaker boys” (trituradores que trabajaban en las minas), grupos de niños sucios emergiendo de las cavidades de la Tierra en Pittson del sur (Pennsylvania), en 1911; o en la Turkey Knob Mine de Virginia Oeste, en 1908.

Empire State. Un trabajador durante su construcción.  / Galerie Bilderwelt, Berlin Reinhard Schultz

Empire State. Un trabajador durante su construcción. / Galerie Bilderwelt, Berlin Reinhard Schultz

También aparecen en la exposición los “chicos Doffler”, removedores de bobinas de las máquinas textiles de Georgia, en 1909. En Carolina del Norte, en Tampa (Florida), en Pemberton (New Jersey), y en el vecindario de Rochester-Elridge Bog (Masschusetts) camadas de pequeños posan ante la lente fuerte de Hine. Con sus ropas raídas y sucias, sus rostros muchas veces cansados y tristes pero algunas otras también alegres, sonrientes, las fotos (no son las copias originales sino copias digitales) reflejan los rastros, las huellas que guarda toda fotografía antigua: como testimonio, como documento; con los detalles típicos de las impresiones y técnicas de la época.

Estamos hablando de una fotografía de denuncia social a comienzos del siglo XX en Estados Unidos: el polvo de flash era entonces, una novedad fundamental: esos primeros destellos (utilizados tanto por Hine como por Riis), fruto de la combinación entre polvo de magnesio y clorato potásico, alumbraban las oscuras habitaciones en las que se guarecían familias enteras de inmigrantes recién llegados a América. Hine lo expone muy bien: “La vida dentro de un vivienda familiar. Nueva York, 1910”, reza el texto que acompaña a la foto, escrito por él mismo. Estas anotaciones de Hine, a medias descriptivas, por momentos acusadoras, conforman otra parte importante de la muestra en el Borges: Hine es fotógrafo pero también investigador. Sus imágenes y sus textos componen una compleja unidad: un registro. Otorgan a cada pieza aún más datos sobre su pensamiento y una visión cargada de denuncia: avidez por demostrar y exponer.

Un documento de su época. / C. C: Borges.

Un documento de su época. / C. C: Borges.

Entre 1906 y 1918 Hine fue contratado por el Comité Nacional del Trabajo Infantil, cuya misión era buscar pruebas para zanjar los agujeros de la legislación laboral de los Estados Unidos de la época, en relación al trabajo infantil. Aunque este se encontraba prohibido desde hacía décadas, las leyes no eran claras y dejaban abiertas lagunas para que el empleo de niños fuera aceptado. Las 12 mil fotografías que tomó Hine como parte del proyecto encomendado ayudaron a que la ley cambie: en 1938 se consiguió que todos los estados del país del norte no permitieran el trabajo de niños.

En la exposición pueden verse testimonios especiales de los trabajos realizados por pequeños en las minas: duros, extremos, allí era donde se los requería en especial, debido al pequeño tamaño de su cuerpo.

Y si bien la exposición presenta un importante corpus de trabajos relacionado con la denuncia de explotación infantil, se organiza también en torno a otras importantes series de fotografías realizadas por Hine: las famosas fotos que muestran el paso a paso de la construcción del Empire State (alrededor de 1930-31), parte de Men at work, postulando a los hombres como máquinas de trabajo. Otra serie súper interesante es la que Hine tomó en la isla Ellis, puerta de entrada de los inmigrantes que llegaban a los Estados Unidos a fines del siglo XIX y comienzos del pasado.

Sin buscar exotismo en las personas retratadas -como sí lo hicieron Diane Arbus o Brassaï-, Hine fue el puntapié inicial que marcaría los trabajos de Dorothea Lange o Walker Evans, por ejemplo. Murió prácticamente en la indigencia, plagado de deudas, e intentando vender sus fotos a diferentes museos, incluido el MoMa, pionero en la formación de colecciones fotográficas. El intento fue en vano.

Todavía no tan conocido por nuestra zona y nuestra historia local, la exposición en el Borges es una buena posibilidad de observar vidas que se repiten, en situaciones similares, en diversos puntos del planeta: personas que emigran, sobreviven y luchan. Como pueden.

Ficha

Lewis Hine. La fotografía como crítica social.

Centro Cultural Borges, Viamonte 525. Lunes a sábado, de 10 a 21. Domingos, de 12 a 21. Entrada: $ 150. Estudiantes y jubilados, $ 100.

Fuente: Por Mercedes Pérez Bergliaffa – Clarín