“Nace una estrella”: la nueva vida de un clásico de Hollywood

MIRÁ EL TRÁILER. El jueves se estrena la cuarta versión del poderoso clásico romántico y musical, con Bradley Cooper como actor y director y la presencia magnética de Lady Gaga

2785399w1000

Gaga y Cooper, en uno de los muchos momentos musicales de la película, que ya suena fuerte para el Oscar Crédito: Warner

 Tenía que ser la cuarta versión de Nace una estrella el lugar que Bradley Cooper y Lady Gaga eligieron para dejar a la vista algunas de las huellas más genuinas de sus propias vidas artísticas. Cooper esperó hasta su cuarta década de vida (hoy tiene 43 años) para cumplir el anhelo que crecía en su interior desde que era chico. “Cuando uno va envejeciendo, el tiempo se convierte en la moneda de cambio. Por eso me dije que había llegado el momento de hacerlo”, reconoció hace poco.

Cooper no solo dirigió (por primera vez en su carrera) una película que de a poco se empieza a convertir en una de las más trascendentes y comentadas de esta temporada. La versión 2018 de Nace una estrella, que Warner estrenará el próximo jueves, también lo muestra como actor protagónico, productor y coguionista, además de coautor e intérprete de varios de los temas originales de la banda sonora. Quería estar allí de todas las maneras posibles, para que no hubiese dudas. Que lo haya hecho a través de un título que pertenece como pocos a la identidad profunda del cine de Hollywood a lo largo de su historia refuerza esa autorreferencialidad.

Gaga, mientras tanto, utiliza a su personaje como el reverso perfecto de su carrera. En la vida real, Stefani Germanotta (así aparece en los títulos finales) empezó ese recorrido artístico a pura energía. “Empecé con tanta energía que llevaba el piano por toda Nueva York y golpeaba todas las puertas”, le contó a LA NACION en Toronto, ciudad testigo de una de las primeras apariciones de la película en el circuito de festivales. Mientras tanto, el personaje de Gaga en la película, Ally, arranca llena de dudas y de a poco empieza a volar de la mano de Jackson Maine (Cooper), un cantante de country rock que se hunde cada vez más en el alcohol y las drogas mientras observa cómo su enamorada nació para triunfar.

El múltiple Cooper personifica a un cantante que lucha por amor contra sus adiccionesCrédito: Warner

Explica el historiador y ensayista británico David Thomson en el libro The Whole Equation que ya en 1937 Hollywood se animaba a hablar de sí misma en el cine sin demasiada indulgencia y que la primera Nace una estrella, estrenada ese año, había sido hecha por gente que amaba

Hollywood y que tenía confianza de que el público sentiría lo mismo, aunque la historia girara alrededor de cómo la fama puede ser el camino más rápido hacia la ruina. Detrás de esa desolada certeza asoma una poderosa historia de amor con música de fondo, la fórmula infalible que inspiró las versiones previas del film.

A Cooper parece animarlo el mismo propósito. Su debut como director parece impulsado de principio a fin por un aliento inequívocamente clásico. En esa línea fue por lo general vista y recibida a lo largo de un derrotero de festivales que arrancó en Venecia, siguió en la gigantesca vidriera de Toronto y se completó en San Sebastián.

En ese largo viaje acumuló indicios de que su lugar en la carrera por el Oscar será relevante. Varios expertos ya la pusieron a la cabeza de los pálpitos más tempraneros en varias categorías, entre ellas, las más importantes (película, actor y actriz protagónicos, director, guion adaptado). Y al menos en una de ellas (canción original) no son pocos los que directamente hablan de un triunfo descontado. “Shallow” aparece como la bandera de un soundtrack irresistible con las voces de Gaga y el mismísimo Cooper.

“Ambas cosas están completamente relacionadas. Estoy de acuerdo, no hay separación entre ellas”, señala Cooper cuando LA NACION le señala que la profundidad expresiva de su personaje y el de Gaga se explica por el hecho de que sus intérpretes son a la vez actores y músicos. “Uno crea al otro. Sin eso yo sería solamente la mitad de Jackson Maine. Y es por eso que la música es un personaje de la película”, sostiene.

Lady Gaga deslumbra en el film casi sin maquillaje y con su poderosa voz

Gaga cuenta que ella y Cooper hicieron “de todo” para crear el sonido del film. El de Jackson Maine y el de Ally. “Durante ‘Shallow’ se ve el comienzo del amor profundo que se tienen el uno al otro. Al final de esa canción la música se convierte en un desafío entre ellos, porque ella toma un rumbo más comercial y él se pregunta: ¿dónde está mi amiga, qué pasó con aquella niña dulce que conocí y que era una cantautora auténtica? Ella siente que sigue siendo auténtica y se enoja con él. Por eso la película tiene a la música como elemento central”, señala la cantante.

Con el impulso de la música

Una vez más, la música impulsa la historia de Nace una estrella en el sentido más amplio posible. Cooper reveló en Toronto que empezó a involucrarse seriamente en este proyecto seis años atrás, cuando presenció un recital completo de Metallica desde un lugar privilegiado del backstage, exactamente detrás de la batería de Lars Ulrich. Esa visión de conjunto fue alejando los miedos que frenaban todo el tiempo sus tremendas ganas de dirigir.

“Veía a Lars transpirar, cómo se hinchaban sus venas. Esas certezas siguieron más tarde cuando estuve en el back viendo a Annie Lennox. De a poco fue surgiendo un grupo de ideas sonoras, de composiciones y de encuentros con mucha gente. Rostros, voces, miradas”, detalla Cooper, que de a poco comenzó a darle forma definitiva a un proyecto que había pasado previamente por otras manos (Clint Eastwood como director, Beyoncé como protagonista) y a conformar el elenco. Escribió especialmente para el gran Sam Elliott el papel de un hermano que le saca muchos años al del suyo y trabajó con un coach el registro que lo aproxima a la voz profunda y cavernosa del veterano actor.

Gaga contó que en la audición que hizo para la película Cooper le pidió que se quitara el maquillaje. Luego recuperó el color natural de su pelo para la escena del primer encuentro entre ambos, en un bar de drag queens, donde ella canta “La vie en rose”. Cooper quiso ese tema después de que vio a Gaga cantarlo en un encuentro benéfico en plena preproducción.

Después hubo devolución de gentilezas: fue Gaga la que convenció a Cooper de cantar en vivo y sobre un escenario real en distintos festivales, casi siempre en una sola toma, con la idea de lograr la mayor autenticidad posible. “Una cosa es cantar bajo la ducha y otra muy distinta es hacerlo frente a 25.000 personas. Las endorfinas aparecen y tu respiración también”, reconoció Cooper.

La química entre ambos quedó a la vista, sobre todo a partir de esos encuentros sobre el escenario. “Es algo que no se puede fabricar -explicó Cooper-. El hecho de que ella haya empleado tanto tiempo en preparar la película es la razón por la cual pudimos captar esos momentos tan honestos en la pantalla. Una cosa es tener la química y otra es avanzar y crear juntos esos personajes. Yo hice todo lo posible para prepararme y ella me dejó hacerlo”.

Y en ese camino es donde se cruzaron la verdadera Lady Gaga y su personaje. En un momento, la verdadera Gaga decidió que su destino era cantar. “Realmente creía en mí misma y nada me iba a detener”. Ally, en cambio, se había dado por vencida de entrada. “La vemos deprimida al principio de la película -relata Gaga-. No cree en sí misma, no cree que es hermosa. Cree que la nariz y su cara son las razones por las que nunca tuvo éxito. Y la fe que tiene Jackson en ella es lo que cambia todo. Es lo que la hace creer en sí misma y empezar a volar. Creo que es una forma hermosa de contar una historia de amor. Bradley es un cineasta increíble, porque la cuenta a través de la música”.

Fuente: La Nación,  Marcelo Stiletano