Pinky: “Me siento invisible”

Desde una clínica de recuperación, junto a su amigo Cacho Fontana, la "señora de la televisión", de 82 años, habla del aborto, la donación de órganos, Lionel Messi y más.

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En una era no tan lejana, antes deque pudiéramos ver el mundo en la pantalla de un teléfono celular, una mujer despidió en cámara “a una vieja amiga”. El video puede parecer de la edad de las “cavernas multimediales”, pero ocurrió en 1980: “Tengo que decirle adiós a la televisión en blanco y negro. Aquí… la televisión a color”, dice la deidad de los aparatos a válvula y da paso a la bandera argentina. 

Resultado de imagen para lidia satragno pinky“Tenemos buenos comunicadores”, dice Pinky, que no extraña la TV y recibe llamados de cientos de seguidores. (Silvana Boemo).

Hasta entonces la bandera era sepia para los ojos televidentes. Aquel día el público vio el celeste y blanco y pudo comprobar el mito del rosado de las mejillas de Lidia Satragno, “Pinky”.

Ahora, que pasaron treinta y ocho años desde aquel hito del millón de miradas, en el sillón mullido de una clínica de rehabilitación, Lidia ve el programa “Pasapalabra”. Ya no hay tantos ojos sobre ella, pero los que la custodian son los de un fiel amigo: Cacho Fontana.

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“Estoy recuperándome de un problema de estabilidad. Fue Cacho el que vino a buscarme junto al dueño de la clínica.Tal vez me hubiera muerto si no me hubieran ayudado”, dice la “Señora Televisión” (82 años), con un tono suavísimo . “¿Cómo me siento? Me siento invisible”.

Pionera de la TV, una mujer con carácter.

Pionera de la TV, una mujer con carácter.

-¿Invisible?

-Cuando no estoy en contacto con la gente me siento invisible, pero de pronto me pasa algo muy extraño. Suceden cosas increíbles. Me llamaron desde los héroes de Malvinas hasta el Embajador argentino en Etiopía. El cariño del público es lo mejor que me pasó. Llaman, rezan. Y pongo un pie en la calle y es conmovedor.

-O sea que el reconocimiento nunca dejó de existir…

-Por lo visto, no. Y hace unos días vinieron desde los Estados Unidos a darme un premio a la trayectoria, de parte de una emisora de Miami.

Pinky, hace casi una década, durante el juramento de diputados en el Congreso. (Germán García Adrasti).

Pinky, hace casi una década, durante el juramento de diputados en el Congreso. (Germán García Adrasti).

-¿Los ex combatientes le agradecen todavía aquellas 24 horas de transmisión junto a Fontana?

-Sí, creo que tenemos una deuda aún con ellos. Por entonces yo estaba enferma, tenía cáncer, y me vino a buscar Fontana para aquel programa por los héroes de Malvinas. En un principio le contesté que no. Pero mi hijo me dijo: “Mis amigos están en el frente, mamá. No dejes solos a los chicos”. Hubo una discusión con mis médicos y corté la medicación. Y fui con sentimientos encontrados:no me costó nada hacerlo, pero sufrí luego cosas horribles como que me prohibieran.

-Ahora es cuando se ve realmente quién es amigo. ¿Logró llegar a esta etapa de la vida con muchos?

-Si, pero se me están muriendo uno por semana. En casa hay una agenda que tiene más muertos que vivos.

-Al menos tiene bien cerca a Fontana, su gran compañero.

-Siempre hemos sido muy buenos amigos y le debo estar acá a él. Ahora me propuse recuperarme. Tengo tres nietos que vienen y me llenan el alma. El otro día se apareció Isidoro:“Sólo vengo para decirte lo mucho que te quiero”, me dijo. Me desarmó.

Pinky en 1960.

Pinky en 1960.

-¿Sueña con una recuperación como para que podamos volver a escucharla, aunque más no sea una vez por semana en radio?

-Sueño con volver a caminar bien. La radio es un vicio desde niña. La vida, el mundo, pasaba por la radio cuando yo era chica. Va a ser siempre un gran amor. A la tele, en cambio, ya no tengo ganas de ir.

-¿Qué ve en televisión?

-A la nieta de mi amigo Mariano Mores, Mariana (Fabbiani). Es una buena conductora y tiene una alegría contagiosa. Me gustan también Luis Novaresio, Iván de Pineda y el chico audaz que anda detrás de los fenómenos naturales (José Bianco). Veo muchos noticieros. El vicio no se pierde. Tenemos buenos comunicadores, pero no me gusta cuando se habla con un español inventado. No es como en mi época, que se aprendía con la luz roja encendida. Ahora hay muchísimos lugares donde aprender y, sin embargo, muchos no aprenden. Y no me gusta lo repetitivos y díscolos que somos.

-¿En qué sentido?

-Ahora con el Mundial, por ejemplo, me enoja la crítica constante a Lionel Messi. Es un jugador extraordinario y en la televisión se lo trata como si jugara al tenis. En el tenis hay un solo responsable. En el fútbol, no.

En la cámara de Diputados, en 2008. (Marcelo Carroll).

En la cámara de Diputados, en 2008. (Marcelo Carroll).

-Verá a través de los noticieros que el gran tema en la sociedad argentina hoy es la legalización del aborto. ¿Qué posición tomó?

-Estoy de acuerdo con la despenalización. Nunca me dejé llevar por la opinión de los demás. Estoy a favor porque he presenciado tragedias de familias que perdieron hijas en la clandestinidad. Es una cuestión de dinero: la rica también se hace el aborto, pero la atienden entre algodones. El feminismo es respetar los derechos de las mujeres y defenderlos a muerte. Yo creo que lo hice siempre. Siempre fui feminista.

Hace 20 años. Lidia posando para Clarín. (Foto: Martín Acosta).

Hace 20 años. Lidia posando para Clarín. (Foto: Martín Acosta).

-¿Lo aprendió en su casa?

-No. Mi padre no estuvo muy contento cuando nací. “Muchacha fiera”, dicen que dijo cuando me vio. Cuentan que se paró en la esquina y los parientes y amigos le decían: ¡Pobre, tuvo otra nena! No me daba mucha bolilla. Por eso creo que después yo intenté demostrarle todo el tiempo que era fuerte.

-¿Su fuerza fue una respuesta al machismo?

-Tal vez. Yo era una payuca de San Justo, un ratón de biblioteca que un día se acostó y al otro ya era famosa. Tenía dos trabajos: de día era secretaria de la Municipalidad de La Matanza, después me iba a manejar el archivo de una papelera en San Justo. Y a la noche me iba a la Facultad de Ciencias Económicas para estudiar. Supongo que después, al final, mi padre se conformó conmigo. Pasé de eso a debutar en la televisión. Cómo olvidar ese primer día.

-¿Cómo lo recuerda?

-Muy tenso. Primero me dijeron: “Vaya a maquillaje”. Estaban Pepe Cibrián y Ana María Campoy y casi me caigo de espaldas. El bruto del maquillador me avisa: “Acá sólo maquillamos a gente importante”. Giré sobre mis talones y me fui. O sea: debuté en la TV argentina a cara lavada con jabón. Tengo la sensación de que me temblaban las comisuras, pero no se notó. Era un aviso de vinagre: “Las ensaladas que preparo para mi maridito salen mejor….”.

-Una publicidad bien machista.

-El machismo es una constante en la Argentina. Por ser fuerte e incorruptible en este medio pasé sofocones, amenazas de muerte.

-A la distancia: ¿Cree que fue un error su paso por la política?

-No. Soy política desde los diez años. Mi paso por la Cámara de Diputados fue siniestro. El primer proyecto que presenté fue la reducción de la canasta básica y lo tiraron. Pero pude hacerle bien a mucha gente y eso me consuela.

-Se publicó que usted subastaba sus bienes porque atravesaba serios problemas económicos. ¿Quiere aclarar eso?

-Yo tenía tres casas y me quedé con una. Los cuadros eran tantos que ya no entraban en las paredes y por eso fueron vendidos. No tengo entradas económicas más que una humilde jubilación, pero no es cierto que esté en la pobreza.

-Mientras hablamos acaba de salir la Ley Justina, que modifica el régimen de donación de órganos y establece que todos los mayores de edad son donantes, a menos que manifiesten su voluntad de no serlo. ¿Qué opina?

-Yo fui donante desde el principio. Y en mi juventud hasta era donante de sangre, pero luego una hepatitis me lo impidió. Hay confusión. La gente tiene miedo de que le saquen los órganos estando viva, pero el Incucai es muy claro con eso. Donen. ¿Para qué quiere uno los órganos estando muerto?

Fuente: Clarín – Marina Zucchi.