Richard Gere, un galán que reencontró el amor en los brazos de una bella española

Decenas de papeles interpretó a lo largo de sus casi 50 años de carrera, pero algo hilvana cada una de sus películas, su seducción, que siempre logra traspasar la pantalla.

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Con uniforme blanco en “Reto al destino”; como un millonario solitario en “Mujer bonita”; como trompetista en “Cotton Club” o como el rey de la comedia musical en “Chicago”, supo dejar su huella en la pantalla grande. Después salió de su papel de ganador para ser un hombre engañado en “Infidelidad” y fue el mejor amigo del perrito Hachiko, en la lacrimógena “Siempre a tu lado”.

No en vano es uno de los actores preferidos del público y el amor platónico de generaciones completas de mujeres. Todos alguna vez hemos visto alguna de sus películas (muchos, ¡varias veces!). Es que Richard Gere tiene algo que enamora, dentro y fuera de los sets: su mirada y su sensibilidad.

La misma que lo llevó a la cima del cine y lo transformó en un activista de causas solidarias, que incluso lo llevaron a alejarse de Hollywood durante años. La causa del pueblo tibetano, la lucha contra el sida y los derechos de las personas sin techo son los pilares básicos de las fundaciones con las que trabaja y a las que apoya no sólo económicamente sino también, en giras solidarias que lo llevan a reunirse con líderes y mandatarios de todo el planeta.

Ganó premios, recorrió el mundo, enamoró a miles de mujeres, se casó dos veces y fue el galán por excelencia de los 80 y los 90, pero reniega de ese rol: “No me siento así para nada, no tengo nada ver con eso, créeme soy solo un tipo normal. Lo más importante de mi vida es mi hijo. Tengo un trabajo excelente que aún me proporciona retos desde el punto de vista creativo, y eso es fantástico, pero no es la vida”, aseguró.

Un muchacho como yo

Richard Gere enamora fuera y dentro de los sets
Richard Gere enamora fuera y dentro de los sets

Desde la escuela fue conocido por su facilidad para la música y no venía precisamente de familia. Nacido el 31 de agosto de 1948 en Philadelphia, Pennsylvania, su padre, Homer, era agente de seguros; y su madre, Doris, bastante tenía con cuidar a sus cinco hijos, de los cuales, Richard era el segundo. Sin embargo, él pronto despuntó con el piano y la trompeta y sorprendía siempre a sus compañeros de colegio con melodías inventadas por él. “Crecimos como una familia normal de clase media.

El dinero nunca fue un problema, teníamos suficiente, pero tampoco era el objetivo. Mi padre tenía dos trabajos y mi madre era ama de casa y crió sola a sus cinco hijos. Era así para la mayoría de la gente que me rodeaba en esa época, posterior a la Segunda Guerra Mundial”, recordó en una entrevista.

Antes de ser actor probó un poco de todo. Pasó por la Universidad de Massachusetts Amherst con una beca de gimnasia, con especialización en filosofía, pero dejó los estudios a los dos años sin graduarse. Intentó con una banda de rock (tocaba la guitarra y el teclado), pero no tuvo suerte hasta que descubrió el cine europeo y decidió tomar clases de teatro. Pronto llegó un papel en la obra Grease y la explosión en la película American Gigoló.

Su lado más humano

Tal vez, gran parte de su éxito se lo deba al equilibrio que encontró entre su rol en Hollywood y sus labores solidarias. El actor quiere hacer de la tierra un lugar mejor para todos, razón por la cual recorrió el mundo en busca de causas justas. Pero no descuidó su carrera y tras sus viajes a Honduras, Nicaragua o El Salvador, por ejemplo, volvió a los sets.

El momento cumbre de su activismo llegó en 1993, cuando aprovechó su aparición en la ceremonia de los Oscar para denunciar la ocupación china de la región autónoma al noreste del Himalaya. Su condena a las políticas del gigante asiático en el Tíbet, resintieron su carrera, pero nunca se doblegó: desde 1997 tiene prohibida la entrada en China. En 2008 pidió que se boicotearan los Juegos Olímpicos de Pekín y desde hace años coordina dos fundaciones que apoyan los derechos de los tibetanos. Es ese activismo constante el que le ha pasado factura a la hora de protagonizar películas financiadas por estudios que hace apenas 20 años pagaban millones por tenerlo. Y también le valieron algunas de sus relaciones personales.

En una entrevista con The Hollywood Reporter, Gere se ha sincerado sobre las razones por las que cree que le han dado la espalda. “Hace poco alguien me dijo que no podía financiar una película conmigo porque enfadaría a los chinos”, ha contado el actor, quien además tiene una gran amistad con el tibetano exiliado Tenzin Gatsyo, el Dalai Lama.

Hace algunos años, la búsqueda de su “verdadero yo” llevó al actor a abrazar la fe budista y a ser uno de los principales discípulos estadounidenses del líder espiritual, visitando la India en varias oportunidades. Eso cambió su vida por completo. “Hay un poderoso ejercicio que empecé a hacer hace algunos años. Frente a quien encuentre en mi camino, lo primero que pienso es “te deseo felicidad”. Esto transforma completamente lo que va a ocurrir en ese encuentro”, confesó.

Pero no se quedó sólo en palabras y creó la Fundación Gere, que contribuye en numerosos proyectos sanitarios, pedagógicos y humanitarios. Y editó su primer libro,Pilgrim (Peregrino), que fue publicado en 1997 y es una colección de imágenes que representa su trayectoria como budista.

De millonario a mendigo

Para filmar escenas del film Time Out of Mind se convirtió en mendigo. El galán, que soñó diez años con protagonizar esta historia y terminó produciéndola, se caracterizó ydeambuló por las calles de Manhattan sin ser descubierto por los transeúntes.

“La gente que me veía no se percataba del equipo, así que yo pasaba por un mendigo de verdad. En una de las tomas estaba rebuscando en un cubo de basura cerca de Grand Central Station y se me acercó una mujer. Me dijo: «Toma. Esto es para ti». Me dio algo de comida. Fue la única persona en más de tres semanas haciéndome pasar por un vagabundo que se me acercó a ofrecer una pequeña ayuda. Me sorprendió mucho y creo que a un mendigo le hubiera sorprendido también. Había un paparazzi tomando fotos del rodaje y captó el momento. Al día siguiente estábamos en la primera página del New York Post. Estuvieron siete días buscando a la mujer y resultó ser una turista francesa. Durante un tiempo se convirtió en una celebridad en Nueva York. Es curioso que ese acto de generosidad no llegara de alguien de la ciudad”, dijo días después.

“Habrían podido ver a Richard si lo hubieran visto a los ojos. Estábamos haciendo una simulación de la realidad, pero pensábamos: ‘No, esto es la realidad, esto no es una simulación, no importa quién sea él'”, declaró el director, Oren Moverman. Con cámara oculta, siguió los pasos del actor realizando diferentes actividades, entre ellas pedir monedas en una taza de cartón, reforzando el punto de la película: la mayoría de las personas pasamos sin ver a las personas que sufren a nuestro alrededor.

“La vida me ha dado la oportunidad de ser testigo de primera mano de lo que ocurre en el mundo, me siento muy afortunado de no tener que preocuparme por mi sustento económico y de poder ayudar así a mis amigos y a mi familia. Como dicen los Greatful Dead en una de sus canciones, «What a long strange trip it’s been» (Qué viaje más largo y extraño he tenido). Refleja muy bien cómo me siento en este momento”, sintetizó el actor. Amado u odiado, pero siempre sentado en la vereda más amable del universo.

Fuente: La Nación.