Robert Capa: el fotógrafo de la guerra, en tiempos de paz

Pionero y referente del fotoperiodismo, mostró momentos claves de la historia moderna. Y también el glamour.

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El reconocimiento público del húngaro Robert Capa (Budapest 1913 – Vietnam, 1954), uno de los mayores exponentes del fotoperiodismo del siglo XX, y uno de los fundadores, en 1947, de Magnum Photos, la primera agencia internacional cooperativa de fotoperiodistas- se erigió en medio de los tiros y las bombas: testigo desencantado de parte de los conflictos bélicos más dramáticos de su tiempo –entre ellos, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra mundial-, supo capturar instantáneas -como “Muerte de un miliciano” (1936), considerada la mejor fotografía de guerra jamás tomada- que lo convertirían en una figura casi legendaria.

Sin embargo, por lo menos durante un período temprano, “Robert Capa” no fue una persona sino dos: Endre Friedmann y su mujer (y colega) Gerda Taro. Firmaban las fotos juntos y era difícil saber cuál era de cada uno.

Pero 1937 un tanque mató a Taro en la Guerra Civil Española, mientras hacía su trabajo. Y él terminaría muriendo después de que una mina que pisó Indochina le destrozara una de sus piernas y alcanzara su pecho.

El grueso de las fotos, como el resto de su obra, fueron tomadas en blanco y negro. Pero durante las décadas de los 40’ y 50’, Capa buscó nuevos motivos para fotografiar: fue cuando se vio obligado a reinventarse: era un fotógrafo de guerra sin guerras, pero que necesitaba trabajar.

Como enviado de revistas de actualidad -como Life, Illustrated o Holiday-, encontró en Hollywood y en los escenarios exuberantes que frecuentaba el jet set europeo una buena excusa para sobrevivir: decidió entonces hacer tomas a color. Era una técnica novedosa: Kodak había desarrollado en 1936 Kodachrome, el primer rollo de película en colores.

Durante los quince años que le quedaban de vida, llevaría siempre dos cámaras encima, una para hacer retratos en los infinitos matices del gris, la otra para sus retratos en color.

Robert Capa: el fotógrafo de la guerra, en tiempos de paz

Poco antes de morir. En el camino de Namdinha Thaibinh, Indochina, Vietnam, mayo de 1954. /Foto Robert Capa-Magnum

Esta parte de su trabajo es esencialmente desconocida para el gran público, porque la mayor parte de las retrospectivas póstumas la han excluido. Ahora una muestra porteña reúne sus mejores tomas en colores. En total, son 113 imágenes, seleccionadas por la curadora Cynthia Young, del Internactional Center of Photography de New York, que concreta esta muestra con el apoyo local del Ministerio de Cultura de la Nación.

“La guerra es como una actriz que va envejeciendo; es cada vez menos fotogénica y más peligrosa”, dijo Capa antes de lanzarse a retratar a la fauna de artistas y personalidades que parecían encarnar la felicidad y la opulencia, una aseveración que su lente pone en duda.

Robert Capa: el fotógrafo de la guerra, en tiempos de paz

Capucine, modelo y actriz francesa retratada en un balcón, en Roma. Agosto, 1951. /Foto Robert Capa-Magnum

Son fotos de una belleza impactante. Algunas reflejan la prosperidad que las revistas buscaban representar en la posguerra. Otras revelan su mirada filosa sobre la tragedia de lo humano, en escenarios problemáticos como África, Túnez, Sicilia, Israel, Vietnam o la Unión Soviética, adonde viajó para retratar las vidas de personas comunes, en oposición a la retórica de la Guerra Fría. Todas confirman que el arte de fotografiar reside en la mirada, antes que en la técnica o el motivo retratado y, como decía la ensayista estadounidense Susan Sontag, amplía nuestras nociones de lo que merece la pena mirar. Fotografiar es, también, un intento de interpretar el mundo.

Entre sus fotos más glamorosas, que hizo por encargo o vendió luego a revistas, están las que tomó en la playa de Biarritz, en el País Vasco (1950) y en los grandes centros de esquí de Austria, Suiza y Francia (1949), donde retrató al director Billy Wilder, al escritor Peter Viertel, a jóvenes campeones internacionales de esquí y a parte de la realeza europea.

En Deauville, Normandía, fotografió el hipódromo y el casino, mientras que en París, Londres y Roma (1951); tomó fotos en que estas ciudades refulgen con sus fiestas sin fin, tras haber superado la depresión de postguerra.

En París (donde vivió entre 1933 y 1939) recaló en 1952 para ilustrar una edición especial de Holiday, sobre la capital francesa, junto a otros colegas de Magnum: las fotos de Cartier-Bresson, Chim, Dennis Stock, y las suyas se publicaron acompañadas por textos de Irwin Shaw, Paul Bowles y Colette, entre otros. Fue un éxito rotundo, y el proyecto acabó siendo “un romántico himno a la ciudad.

Entre las tomas expuestas se ve también a un joven Ernest Hemingway, retratado en Idahio, en 1941; y a Orson Welles, Ingrid Bergman, Roberto Rossellini, Humphrey Bogart y Ava Gardner, paseándose por distintos sets de filmación.

Picasso también le sirvió de modelo: el fotógrafo lo retrató en la playa y jugando en el mar con uno de sus hijos: originalmente, el portfolio había sido vendido a Look como una historia acerca de la cerámica del artista, pero como no consiguió buenas fotos, Capa optó por una crónica familiar del pintor, que luego publicaron tanto Look como Illustrated.

Cuando, finalmente, se hartó, de la farándula y el glamour -un mundillo que en el fondo rechazaba- Capa escribió: “Estoy listo para volver al mundo real. Cómo y dónde no lo sé, pero el período del esquí y las películas se ha terminado”. Lo hizo en 1953, en la misma carta en la que expresaba su deseo de ir a “Indochina, o cualquier lugar que me lleve a informar otra vez sobre lo que me interesa.” Poco después, y sorpresivamente, Life le encomendó ese destino.

Allí fotografió, por última vez, a un grupo de soldados avanzando de espaldas, a través de un campo verde. Pero pisó una mina y el fuego, entonces, lo alcanzó: finalmente era él el blanco del dolor. Murió el 25 de mayo de 1954. Un joven fotógrafo neoyorquino, de 17 años, fue el único que registró su funeral, para un periódico local.

Ficha

Cuándo: hasta el 7 de enero, de martes a domingos de 13 a 21.

Dónde: Riobamba 985.

Entrada: Gratis.

Fuente: Clarín