Una historieta para el puente de Brooklyn

El escritor de cómics Peter J. Tomasi transformó a la emblemática estructura en el tema de una novela gráfica. El escritor exhibe el fervor de un evangelista cuando habla de los obreros e ingenieros responsables del puente de Brooklyn.

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 “Es importante mostrar a las personas de carne y hueso que construyeron estas cosas, personas que sufrieron y tuvieron éxito e hicieron lo imposible”, dijo. “Hicieron algo de nada”.

 Peter J. Tomasi escribió una novela gráfica sobre el Puente de Brooklyn (James Estrin/The New York Times).

Peter J. Tomasi escribió una novela gráfica sobre el Puente de Brooklyn (James Estrin/The New York Times).

La novela ilustrada de Tomasi, “The bridge: how the Roeblings connected Brooklyn to New York” (El puente: cómo los Roebling conectaron a Brooklyn con Nueva York) coloca un reflector sobre la familia que hizo posible el puente: el ingeniero germano-estadounidense John A. Roebling, su hijo Washington A. Roebling, y la esposa de éste último, Emily Warren Roebling.

The Brooklyn Bridge fue una creación de la familia en el libro de Peter J. Tomasi (Abrams ComicArts).

The Brooklyn Bridge fue una creación de la familia en el libro de Peter J. Tomasi (Abrams ComicArts).

El libro, ilustrado por Sara DuVall, se inicia en 1852 con hielo que obstaculiza al ferry en el que los Roebling están viajando a Nueva York. Unen fuerzas para construir un rompehielos. Es una de las pocas interacciones relajadas entre padre e hijo.

La lucha de Washington Roebling por forjar su propio camino fue parte de la historia que lo atrajo, dijo Tomasi.

Los Roebling y Brooklyn, para siempre conectados.

Roebling hijo se había distinguido en el Instituto Politécnico Rensselaer y en el Ejército. “Participó en todas las batallas principales de la Guerra Civil”, dijo Tomasi. “El hecho de que haya sobrevivido es alucinante. Pasó de eso a las presiones de vivir a la sombra de su padre”.

“The Bridge” rápidamente pasa a 1869, cuando se inició la construcción: las dudas de los fideicomisarios, el costo disparado, la corrupción política, los contratistas y proveedores de dudosa reputación y los peligros para los trabajadores. Cerca del arranque, el pie de Roebling padre queda atrapado entre el casco de un ferry y el muelle. En menos de un mes había muerto.

“The Bridge” retrata la enormidad del proyecto, desde las intrigas en las salas de juntas hasta la obra en ocasiones peligrosa.

Una escena en que los fideicomisarios consideran nombrar ingeniero titular a Roebling hijo (su pregunta: “Nunca ha supervisado nada de esta escala y magnitud, ¿verdad, Sr. Roebling?” Su respuesta: “Nadie lo ha hecho”.) es seguida unas páginas después por una presentación sobre los pozos de cimentación —cámaras cerradas hechas de madera y acero y llenas de aire comprimido que permiten a los trabajadores excavar el lecho del río.

Cuando se tapa una cámara de agua de un pozo de cimentación, Roebling se zambulle para destaparla. Su esposa le pregunta, “¿Quieres terminar muerto?” Él le dice: “Necesito poner el ejemplo. Conoces los peligros que aguardan mejor que nadie. Ellos necesitan ser valientes por 2 dólares diarios”.

Muchos trabajadores y Roebling sufrirían de síndrome de descompresión o “mal de pozo de cimentación”. Roebling “sufrió de dolor intenso con el que lidiaría desde los treintaitantos años hasta su muerte”, dijo Tomasi.

Cuando Roebling desarrolla la enfermedad (que le causa parálisis y ceguera intermitentes), como a la mitad del libro, su esposa se convierte en sus ojos y oídos. La reacción de los fideicomisarios y trabajadores al papel de ella evoluciona de escándalo a desconcierto y luego a aceptación.

Pero el libro termina con un momento tranquilo de licencia artística. Semanas tras la inauguración oficial, Roebling cruza el puente con su esposa. “Lo hiciste, Wash”, le dice ella. “Lo hicimos, Em. Juntos”, le contesta.

Fuente: Clarín