Crucigrama: La Manzana

Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.

Jorge Luis Borges escribió en su “Fundación Mítica (en algún momento llamada “Mitológica”) de Buenos Aires”, sobre esa manzana “entera” y en “su barrio”.

Propongo que salgamos a buscarla con la certeza de no encontrarla. Nadie se la llevó, lo que sucede es que unos “entusiastas” concejales porteños encabezados por Jorge Castells, allá por 1997, decidieron cambiar la denominación de la calle Serrano y “homenajear” al gigantesco narrador, poeta y periodista con el suyo.

En el día que hubiese sido el nonagésimo séptimo cumpleaños hubo un acto y festejos en el barrio en el que estuvieron quien promulgó el reemplazo, el entonces jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Fernando de la Rúa, su secretaria de Cultura, María Sáenz Quesada y dirigentes barriales que lo elogiaron y celebraron tener una cantidad de cuadras con su nombre.

Pero, en realidad, con la pretensión de enaltecer la figura y el recuerdo de un gran creador provocaron, de alguna manera, pese que en entre ellos había quienes se suponía que estaban vinculados con la cultura, un “desprecio” por ella, por la memoria de la ciudad, por la historia en general y por la exquisita letra de una obra poética. Destruyeron el sueño borgiano que aseguraba que el nacimiento del pueblo destinado a gran metrópoli era allí, y no dónde lo situaban los “embelecos fraguados en La Boca”.

A lo largo del tiempo, charlé muchas veces con narradores, poetas, críticos sobre “hacer algo” para poner las cosas en el lugar del que nunca debieron “escaparse”, pero la urgencia de cada día siempre pospuso la acción.

¿Puede encontrarse otra vez la “manzana” de Borges: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga? Que exista tal como fue escrita y de la que asegura: “persiste en mi barrio”…

La respuesta obvia es Sí. Existen muchas soluciones. La más simple, devolverle a Serrano su nomenclatura y encontrar otro lugar para el bautismo, o al menos hacerlo en esa manzana, entre otras tantas posibilidades.

Con total seguridad, como también lo dicen sus versos, para que esa Buenos Aires que juzgó “tan eterna como el agua y el aire” se acerque a su nostalgia y lo una más al amor que al espanto.

Solo hace falta pensar en que hubiera querido Borges y para eso solo basta leerlo. El resto corre por la voluntad de “desmontar” el error.

Norberto Tallón
@betotallon