El valor de la palabra: La misericordia

“El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza”. Bula Misericordiae Vultus, número 10. Por Sandra Auteri, especial para diariodecultura.com.ar.

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La misericordia es la capacidad de sentir compasión por los que sufren y brindarles apoyo. Este vocablo proviene del latín: misere, que significa “miseria, necesidad”; cor, cordis, que se refiere al “corazón”, y el sufijo -ia, que señala “hacia los demás”.

Se vincula a una virtud del ánimo, que lleva a los seres humanos a compadecerse de las miserias, de las necesidades ajenas.

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La misericordia puede manifestarse de diversas formas, ya sea por medios materiales, como por ejemplo dar albergue, ofrecer alimento y bebida, vestir al que no tiene ropa, o a través de medios espirituales, como por ejemplo enseñar, dar buenos consejos, consolar a quien está triste, rogar a Dios por el bienestar de los seres humanos.

Las distintas religiones rescatan a la misericordia como sinónimo de compasión, piedad o bondad.

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El primer término hebreo que se emplea para referir la misericordia en el Antiguo Testamento es ra’hamim, que expresa el apego instintivo de un ser a otro. Según los semitas, este sentimiento tiene su asiento en el seno materno (rehem: 1Re 3,26), en las entrañas (rahamim) —nosotros diríamos: el corazón— de un padre (Jer 31,20 Sal 103,13), o de un hermano (Gen 43,30); es el cariño o la ternura. Inmediatamente se traduce por actos: en compasión por una situación trágica (Sal 106,45), o en el perdón de las ofensas (Dan 9,9).

El segundo término de referencia en hebreo es hesed, traducido ordinariamente en griego por una palabra que también significa misericordia (eleos), designa la piedad, relación que une a dos seres e implica fidelidad. Con ello recibe la misericordia una base sólida: no es ya únicamente el eco de un instinto de bondad, que puede equivocarse acerca de su objeto o su naturaleza, sino una bondad consciente, voluntaria; es incluso respuesta a un deber interior, fidelidad con uno mismo.

En el Nuevo Testamento, se encuentra la parábola del “Buen Samaritano”, conocida como una de las tres “parábolas de la misericordia”, narradas en el Evangelio de Lucas (capítulo 10, versículos del 25 al 37). Esa parábola enseña a los fieles que la caridad y la misericordia son las virtudes que encaminarán a los hombres hacia la piedad y la santidad.

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Esta devoción cristiana podemos apreciarla a través de las experiencias de la polaca Santa Faustina Kowalska, quien las plasmó en su diario íntimo. Son narraciones sobre sus encuentros con Jesús, en las que detalla temas muy profundos y reveladores. Sus páginas fueron rescatadas y propagadas a través de los numerosos exilios que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial.

Reconozcamos en nosotros mismos ese don con el que nuestra alma vino a habitar este mundo en este tiempo y honremos ese sentimiento empezando por nuestros seres queridos. Seamos misericordiosos con quienes no saben vivir; con quienes eligieron caminos no conectados con aquello que es realmente importante en la vida; con quienes tuvieron experiencias muy traumáticas y no pudieron capitalizarlas para enseñarles a los demás.

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Seamos misericordiosos, mirémonos con benevolencia. Entendamos que quienes nos rodean tuvieron vidas con otras experiencias, con aciertos y dificultades propias de su tiempo y, por ende, a lo mejor, no supieron darnos lo que necesitábamos, ya sea porque no lo aprendieron, porque no pudieron encontrar la forma o, simplemente porque, como para ellos no fue importante, lo desecharon de su legado.

Lo que sí es importante es recordar que nadie construye sin herramientas, y que, aunque las consideremos rústicas, ellas nos han convertido en las personas que hoy somos, y que nos permiten, con nuestras experiencias más pulidas, forjar el futuro y pasar nuestro legado a esas almas de las que hoy nos ponen a cargo.

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Sandra Auteri – Locutora Nacional MN 10.523
Difundir valores a través de palabras cotidianas es un desafío que les propongo transitar.
La consigna es que en cada encuentro, teniendo como guía la palabra elegida, podamos celebrar nuestras fortalezas y superar nuestras limitaciones.
www.sandraauteri.com.ar