Una cierta mirada al cine nacional

El poder del rictus. Crítica de “Maracaibo”, de Miguel Ángel Rocca por Osvaldo Béker para Diario de Cultura

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La cámara escruta los rostros de manera continua, intimísima, rayana en la morbosidad, pero confiada en la pericia, en el profesionalismo, en la vasta trayectoria de titanes de la actuación, legítimo orgullo de nuestro arte y de nuestro espectáculo en tiempos en que se enfatizan otros ¿talentos? La película, cuyo título se erige como un elemento distractor hasta que su intriga se eclipsa hacia el desenlace de la historia, propone interrogantes de respuestas tan complejas como dolorosas: ¿cómo se elabora un duelo ante la pérdida de un ser entrañable?, ¿qué pasiones se despiertan (y cómo son, en consecuencia, procesadas) cuando un padre se entera del comportamiento sexual de su propio hijo?, ¿en qué medida el sentimiento de culpa desencadena actitudes metonímicas de rencor, de deseo de venganza o de ira en un individuo absolutamente cualquiera?, ¿cómo opera el sistema de la (in)justicia en un país latinoamericano? Duplico lo aseverado anteriormente: no existen respuestas conclusivas y tranquilizadoras para estos inquietantes interrogantes. No. Lo que, en todo caso, se manifiesta está constituido por un laberíntico comportamiento de los personajes aquí encarnados por Jorge Marrale y Mercedes Morán. Ambos llevan adelante un trabajo no fácil: hay, de modo contundente en este relato, una hipermostración del rictus, del mínimo gesto. La cámara ejecuta innumerables primerísimos primeros planos que representan infinitos segundos y minutos de foco sobre las caras de los integrantes de este matrimonio de médicos de clase media, despreocupados al principio, pero que en dos “insoportables instantes precisos” (más inflexible, a todas luces, el segundo que el primero) ven experimentar un vuelco definitivo en sus vidas. Lo que prima en este excelente film, algo que se recomienda apreciar, es lo que en la Narratología se ha denominado “la focalización interna”: el modo en que el director ha decidido dar a conocer los acontecimientos, aquí filtrados por la conciencia de estos dos personajes. Marrale y Morán no precisan hablar: sus rostros lo dicen todo. Y más. Se trata, pues, aquí, del consabido cinéma pur.

Por: Osvaldo Béker para Diario de Cultura.