Arte por celular: el smartphone va al museo y acerca las obras a más público

MIRÁ LA GALERÍA DE IMÁGENES. Alguna vez silenciado, hoy el móvil es un aliado en las salas; apps, robots, transmisiones live y más desarrollos abonan la convergencia

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Con la condición de que los visitantes se ajusten a reglas de buena conducta y no agiten el palo para tomar selfies cual florete, los museos son cada vez más flexibles ante la presencia de los smartphones en las salas. Ahora que hay más líneas móviles que habitantes en el mundo (7800 millones versus 7600 millones), la integración resulta inevitable.

Así lo prueba la iniciativa de los grandes museos del mundo (el MoMA en primerísimo lugar), que ahora buscan expandir en Buenos Aires entidades como el Malba, el Bellas Artes y Proa, donde apps y robots son aliados de la nueva experiencia del visitante.

La amistad museo-smartphone exhibe algunas bases sólidas, por ejemplo, cuando se examina la integración en espacios emblemáticos como el Museum of Modern Art, que ofrece una app (MoMA Audio) que, aseguran, alienta las visitas en familia con audioguías para adultos y otras para chicos. En este clima, ¿cuál es la propuesta de los refugios del arte en Buenos Aires?

La aplicación del museo de Bellas Artes
La aplicación del museo de Bellas Artes

“Los museos son instituciones sociales que reflejan su tiempo, y negar el uso de los smartphones, que son casi un anexo del cuerpo, sería ir contra parte de nuestra vida cotidiana. El gran desafío es incorporar la tecnología en parte de la visita, pero siempre devolviendo la mirada a las obras y a la contemplación”, expresa Guadalupe Requena, responsable de las movidas que marcan la huella innovadora en el Malba. Fue hace una década cuando este museo palermitano comenzó a permitir la captura de fotografías de las obras que exhibe. Ahora ofrece audioguías para móviles y, por mencionar una de las acciones que estiran la confluencia, organiza visitas para instagramers, que tienen el privilegio de ingresar a las salas a puertas cerradas. La próxima será en agosto o septiembre.

Marina von der Heyde, del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba), asegura que fusionar soluciones digitales con el arte es un desafío vertiginoso, pues “siempre surge algo nuevo para explorar e investigar”. Un mojón insoslayable en el Mamba fue unchatbot que enriqueció la muestra “Bio Cosmos”, de Emilio Renart, en el marco de lo que se dio en llamar “Diálogo con la obra”. ¿Un robot conversador en el museo? Sí: aquel es un sistema de inteligencia artificial capaz de responder preguntas de los visitantes en la pantalla de sus smartphones desde Facebook Messenger. La innovación, eventual reemplazo para las clásicas audioguías, promete regresar en las próximas muestras.

Alguna vez silenciado, hoy el móvil es un aliado en las salas; apps, robots, transmisiones live y más desarrollos abonan la convergencia
Alguna vez silenciado, hoy el móvil es un aliado en las salas; apps, robots, transmisiones live y más desarrollos abonan la convergencia.

Quien franquea las cuatro columnas del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) deberá seguir las normas usuales: se sugiere que los dispositivos estén silenciados y recomiendan no hablar por teléfono en las salas. Con algunas excepciones, se permite tomar fotografías, aunque nada de flashes ni palos para selfies. Consultado respecto de la confluencia, comenta Andrés Duprat, director del MNBA: “Hemos desarrollado una app para ampliar la experiencia de visita a través de la cual el público puede obtener textos críticos, audioguías, datos históricos y fichas técnicas. En determinadas obras y exhibiciones utilizamos códigos QR con ese mismo propósito. En nuestro caso tuvimos una gran repercusión, sobre todo entre los más jóvenes”. Duprat anticipa que trabajan en nuevas funciones, como la generación de recorridos de diferente duración de acuerdo con el tiempo de que dispone el visitante.

Alguna vez silenciado, este objeto omnipresente debería percibirse ahora como un ingrediente más a la hora de pararse frente al arte. Requena, del Malba, inserta un asterisco: “El principal objetivo es que el teléfono sea una herramienta para aprender a socializar los contenidos del museo, pero que nunca reemplace la experiencia del contacto directo con las obras. Ni que sea la única mediación”. En la misma línea, Duprat asevera que “los miedos acerca del uso de dispositivos en el museo han sido largamente superados y desterrados” y que nada suplanta la experiencia sensible, única e irreemplazable de pararse a contemplar una obra original.

Instagram Live con el director del Malba, este mes, que siguieron 1781 personas
Instagram Live con el director del Malba, este mes, que siguieron 1781 personas

El caso de los centros culturales

El menor grado de solemnidad de los centros culturales en relación con los museos haría suponer que favorece una integración de tecnologías más profunda. Sin embargo, en general, los centros culturales porteños eluden las apps. Luis Pablo Giniger, del Centro Cultural de la Cooperación, cuenta que lo que ofrecen en el edificio de avenida Corrientes es wifi libre, invitando a los visitantes a acceder a su sitio web, desarrollado para mostrarse también en las pantallas pequeñas. Esta parece ser la tendencia: no a las apps y sí a los sitios responsive. En el Centro Cultural Borges tampoco hay una app, pero incentivan el uso de Google My Business, donde comparten opiniones de los concurrentes.

Luciana Blasco, subsecretaria de Políticas Culturales y Nuevas Audiencias del gobierno de la ciudad, de quien depende el Centro Cultural Recoleta, asegura que promueven el uso del smartphone y que el dispositivo amplifica la visita. “El desafío es perfeccionar la funcionalidad de las herramientas con las que contamos para profundizar ese intercambio, recoger de manera exhaustiva la experiencia de los visitantes y poder tomar eso para optimizar la experiencia de ellos con el centro”. El CCR no muestra un enlace para descargar una app; en su web hay accesos directos a sus perfiles en redes, con Instagram en espacio destacado.

Entonces, ¿es necesario descargar una app cuando un sitio web bien diseñado puede cumplir el propósito de la mediación? Dice al respecto Adriana Rosenberg, al frente de la Fundación PROA: “Hemos optado por una nueva página web que se adapta muy bien a los celulares, que funciona como una app y que contiene información muy completa. Esto nos da mayor capacidad de respuesta, y para el público es una herramienta más rica. Las apps ocupan lugar en la memoria del teléfono, muchas veces se bajan oportunamente y luego se eliminan de los dispositivos”.

 

Fuente: La Nación.