De China a Borges: secretos, curiosidades y mitos detrás de la historia de los juegos de cartas, un clásico del verano

De origen milenario, a través de los siglos los naipes fueron cambiando y adoptando nuevos símbolos. En la playa, son varios los que cada año eligen entretenerse con las barajas francesas y españolas

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Mate, mazo de cartas y arena, una clásica postal veraniega de Mar del Plata (Christian Heit)

En un texto que luego quiso hacer desaparecer, Borges definía el espíritu de las cartas. “Cuarenta naipes quieren desplazar la vida. En las manos cruje el mazo nuevo o se traba el viejo: morondangas de cartón que se animarán, un as de espadas que será omnipotente como don Juan Manuel, caballitos panzones de donde copió los suyos Velázquez”, escribía.

Se trata de uno de los ensayos de El idioma de los argentinos, un libro que luego el escritor no quiso que se reeditara ni fuera incluido en sus obras completas. Básicamente, lo que hace en él es explicar el truco, que para Borges es el juego argentino por excelencia.

Marcelo Tinelli, uno de los famosos que elige jugar a las cartas en las playas de Punta del Este (GM Press)

Marcelo Tinelli, uno de los famosos que elige jugar a las cartas en las playas de Punta del Este (GM Press)

Pero mucho antes de que existiera el truco, las cartas -los naipes- ya tenían un largo recorrido alrededor de todo el mundo. ¿Dónde surgieron? ¿Cuál fue el primer mazo? ¿Para qué se usaban? Como en muchos de estos casos, su historia podría ser la historia del mundo. Un mundo reducido a 52 cartas en principio, a 48 luego.

Por supuesto, la historia es imprecisa a la hora de rastrear el nacimiento del primer mazo. Al parecer, todo indica que las primeras cartas surgieron en la China. No eran sin embargo “morondangas de cartón”, como describió Borges, sino placas de marfil. Ya por ese entonces en China se jugaba al ajedrez y al dominó, por lo cual los naipes serían una prolongación de esas costumbres.

En “El idioma de los argentinos” Borges reflexionó sobre el truco, el gran juego nacional

En “El idioma de los argentinos” Borges reflexionó sobre el truco, el gran juego nacional

Ocurrió en algún momento entre el 600 después de Cristo y el 900, tiempo en que estuvo en el poder chino la dinastía Tang, durante la cual habrían surgido los primeros juegos de este tipo. El pase a papel también se remonta a China, pero sería posterior, recién en el siglo XII d.C.

Otras versiones ubican la creación de las cartas en Egipto y otras en la India. ¿Cuán improbable es que a dos o tres civilizaciones se les haya ocurrido la misma idea? Un sistema de símbolos intercambiables por puro divertimento. No parece extraño que hayan surgido en varios lugares de manera independiente, o que un viajero llevara la costumbre de un país a otro.

De hecho, suele atribuirse a la cultura egipcia que cada palo tenga 13 cartas (como 13 son los ciclos lunares, como 52 -13 x 4- son las semanas del año). En la baraja española sin embargo, las cartas son 48. ¿Quiénes faltan? Nada menos que las reinas. En el caso de las españolas no se sabe cuándo fue que se sustrajeron 4 cartas, y cómo fue que quedó cada palo de 12, con tres figuras: la sota -el 10-, el caballo -11- y el rey -12-. Pero de reinas, ni hablar. ¿Habría que redefinir las figuras? ¿Podría, en pos de la igualdad de género, volver la reina al mazo y reemplazar, por ejemplo, al rey?

Ese mazo “español” (pero con 52 cartas) fue el primero que se popularizó. Desde el principio sus cuatro palos fueron el oro (simboliza el comercio), las espadas (la guerra), los palos o bastos (la agricultura) y las copas (la religión). Este mazo habría viajado desde china hasta medio oriente y luego desde ahí llegaría en el siglo XIV hasta Europa, a través de Italia. Entonces sí comenzaría la mutación de la baraja. Por qué entonces se las llama españolas, se preguntarán. Probablemente, porque son quienes las trajeron al continente, y porque habrían sido los españoles quienes redujeron el mazo de 52 a 48.

El pintor francés Paul Cézanne hizo una serie de cinco cuadros titulada “Los jugadores de cartas”

El pintor francés Paul Cézanne hizo una serie de cinco cuadros titulada “Los jugadores de cartas”

Sin embargo, en el resto del mundo, lo primero en lo que se piensa cuando se habla de cartas suele ser el mazo de poker. Es la famosa baraja francesa. (Luego, años más tarde, la tomaría Reino Unido y cambiaría las letras, de modo que hoy la baraja francesa está en inglés: la K es de King, la Q de Queen y la J de Jack; y cambiaría también el 1 por el As).

En este mazo los franceses reemplazaron el oro por los diamantes, las espadas por la pica, el basto por el trébol y las copas por los corazones. ¿Entonces a quiénes representan los reyes?: versiones infinitas se aceptan; Julio César, David, Alejandro Magno, Carlomagno, entre otros. ¿Y qué pasa con el rey suicida? Si se fijan, el rey de corazones es el único que no tiene bigote y que, por otro lado, se está clavando su espada en la cabeza.

En Mar del Plata, los turistas eligieron jugar en una carpa (Christian Heit)

En Mar del Plata, los turistas eligieron jugar en una carpa (Christian Heit)

Por supuesto, al ser la baraja un instrumento compuesto por números, la cantidad de significados ocultos que se pueden encontrar es infinito (“desde el principio, el central misterio del juego se ve adornado con un otro misterio, el de que haya números”, decía Borges en aquel ensayo).

Ya dijimos que la baraja original contenía 52 cartas, 13 por palo (un palo por cada estación del año). Dijimos también que 52 son las semanas del año. Pero no dijimos que si sumamos una por una todas las cartas de un mazo, el resultado es 364 (1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 + 8 + 9 + 10 + 11 + 12 + 13 = 91 x 4 = 364). Uno menos que los días del año, dos menos en los años bisiestos. Ahí entra en acción el Jocker o comodín, que se unió a la baraja mucho después, a mediados del siglo XIX en Estados Unidos. Son dos por mazo, lo cual completarían el 365 o 366 en cada caso.

La baraja española es la más popular entre los argentinos

La baraja española es la más popular entre los argentinos

Otro número emblemático es el 808. Es el número que acompaña a la marca de cartas de póker más famosa del mundo: la Bicycle. Muy utilizada por magos, el 808 es un número potente pero menos misterioso: cuando empezaron a fabricar, la creadores de Bicycle llamaron 101 a su primera tirada. Así, fueron lanzando productos al mercado hasta llegar a su mazo más acabado, el 808. Desde entonces, a muchos les confunde pero no es más, de alguna forma, que un número de serie.

¿Cuándo llegó a la Argentina? De la mano de los españoles. Algunos juegos como la escoba del 15 o el chinchón vinieron por añadidura y luego sufrieron modificaciones. Otro juego también español es ese del que tanto hablaba Borges. Efectivamente, el truco no es un juego nacional sino heredado. Es decir, es tan argentino como argentino es el vermú o el fernet.

Bicycle es una de las marcas de cartas de poker más famosas del mundo

Bicycle es una de las marcas de cartas de poker más famosas del mundo

¿Pero dónde más que en Argentina se juega con esta devoción? Cada verano se abre la temporada de cartas en la playa. Rastrear al primer argentino en llevar un mazo a la arena sería prácticamente imposible, como imposible sería rastrear al último. Pero la costumbre, lejos de perder fuerza, la gana.

En Mar del Plata, una familia eligió la baraja francesa para entretenerse en la playa (Christian Heit)

En Mar del Plata, una familia eligió la baraja francesa para entretenerse en la playa (Christian Heit)

Este año, por caso, incluso se vende en la costa un tablero imantado (con un juego de cartas también con imanes), que resuelve el problema del viento. Así, cada cual puede jugar puede sin que se le vuelen las cartas. Cuántas habrá habido que, en una ráfaga, dieron a parar al Atlántico para luego, quién sabe, volver un día a su lugar de origen, a esa primera costa donde, como dijo el poeta, se inventó un juego para desplazar la vida.