El arte de conjugar arquitectura y naturaleza

La búsqueda de una mejor conexión con la naturaleza cobra cada vez mayor protagonismo.

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 “La cultura y la naturaleza son grandes conceptos que atraviesan la historia del paisajismo desde Egipto”, dice Ignacio Fleurquin, uno de los socios del estudio Bulla, que trabaja en esta dirección.

El trabajo en entornos con vegetación es desafiante, pero también genera obras únicas, en sintonía con el contexto que las rodea
El trabajo en entornos con vegetación es desafiante, pero también genera obras únicas, en sintonía con el contexto que las rodea

Entre sus obras hay varias líneas de trabajo: desde urbanizaciones en espacios naturales hasta proyectos de escala doméstica, pasando por grandes edificios urbanos. Bulla cuenta con una amplia cartera de proyectos: entre ellos se encuentra, por ejemplo, el Parque y Centro de Exposiciones y Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires donde el estudio buscó integrar el Parque Thays, el Parque de la Flor y la Facultad de Derecho en un nuevo gran espacio público para la ciudad. El foco allí fue unir las identidades particulares de cada uno, conectándolos a través de la vegetación y de un sistema de senderos continuos y vinculantes. Fleurquin explica que, en este caso, el estudio de la vegetación original fue fundamental para crear una pradera de especies nativas que se conviertan en una especie de parche ecológico dentro del paisaje urbano.

Fleurquin apuesta a repensar una arquitectura del paisaje que integre los cambios culturales, pero también la ecología. “Es fundamental entender el sitio, hacer un relevamiento específico de la naturaleza de cada lugar. Antes, los proyectos de urbanización muchas veces eran, por ejemplo, convertir un humedal en suelo seco. Hoy se trata de incorporar la naturaleza como premisa, ver de qué manera hacer una intervención teniendo en cuenta cómo se originó ese paisaje, entendiéndolo y ligando esa información con una nueva arquitectura”, sostiene.

Una casa en las rocas

En el sur de Chile, por ejemplo, el estudio Schwember García-Huidobro Arquitectos diseñó y construyó una casa sobre las rocas en medio de un bosque. El arquitecto Fernando García-Huidobro, socio del estudio, cuenta que se trata de un terreno con un claro hacia el Este. “No queríamos usar el claro para instalar la casa, pues es el único lugar abierto que funciona como jardín y te da vistas lejanas. Al ubicar la casa sobre esas rocas nos despegábamos de la humedad del bosque, teníamos vistas al bosque y al claro, y recibíamos el sol, tan necesario”, explica sobre la elección del lugar donde se emplazará la vivienda.

“Creo que una de las cuestiones más difíciles, y que lo aprendes en el camino según sea tu sensibilidad hacia los lugares, es saber cómo implantar una edificación en un lugar específico” dice el arquitecto Álvaro Schwember, socio de García- Huidobro en el estudio chileno. Cita la casa en la cascada, diseñada por el arquitecto Frank Lloyd Wright a mediados de la década del treinta en la Reserva Natural de Bear Run, Pensilvania -que se volvió un ícono de la relación entre arquitectura y naturaleza- como una obra maestra muy lograda, precisamente por la manera en que se conecta con el bosque, la cascada y el entorno.

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El secreto, parece, está en el conocimiento profundo y vivencial de los espacios. En este sentido, Fernando García-Huidobro cuenta que una forma es vivir el lugar: habitarlo en la madrugada, en la mañana, en la tarde, en el crepúsculo, en la noche y en distintas estaciones.

Las nuevas generaciones de arquitectos trabajan en sintonía con el entorno natural. Agustín Moscato y Lucía Hollman, del estudio AToT, apuntan en esta línea, y tienen muy en cuenta el contexto a la hora de diseñar. Para Agustín Moscato, siempre se pueden encontrar nuevos modos de conectar con el paisaje, desde una manzana en la ciudad, hasta una casa a la orilla del río. El estudio tiene varios trabajos en el Delta, donde plantea la existencia de diferentes paisajes que abren el juego a posibilidades diversas: desde el paisaje típico del canal o el humedal, hasta el bosque, con su juego de luces y sombras.

“En general, en el Delta, todo el mundo suele mirar el río que tiene por delante. Las casas están enfrentadas mirándose entre sí y esto termina siendo una lógica muy urbana, frente a los fondos que es donde está el matorral. Las casas no suelen abrir la mirada al centro de isla, que también es muy valioso. Nosotros intentamos descubrirlo, por ejemplo, poniendo un piso mirador en uno de nuestros proyectos”, dice, tomando como ejemplo Cabaña Delta, uno de sus emprendimientos en la zona. Allí, dice, trabajaron con esta intención de abrir la mirada también hacia el interior.

Fuente: La Nación