El origen de los insultos más populares

De holgazana a venderse por dinero. A pesar del grado ofensivo que posee el término «zorra», fue utilizado por todos los autores del Siglo de Oro y llegó pleno de fuerza expresiva al siglo XVIII.

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A primera vista, resulta curioso observar como al calor del mundo animal surgen una gran cantidad de insultos que empleamos de forma más o menos frecuente en nuestra vida diaria. Aunque para no hundir la balanza hacia el lado más soez utilizamos la memoria de elefante o la astucia del felino para resaltar ciertas virtudes, lo cierto es que sin comerlo ni beberlo, los seres humanos hemos estigmatizado al perro, al lobo o al cerdo, agregando a su definición un componente ofensivo cuando los empleamos para señalar a otra persona.

En esta ocasión, vamos a explorar el feroz apelativo de «zorra», que, como señala Pancracio Celdrán en el «El gran libro de los insultos», publicado por la editorial La Esfera, «se documenta con intención insultante en el siglo XIII a través del significado de persona holgazana, de donde por extensión pudo predicarse de la mujer que se entrega por dinero». Este término que no procede del latín y solo se encuentra en portugués y castellano, ya aparecía en el Poema de Alfonso Onzeno, mediado el XIV:

Y fue muerta otra sorra,

reyna era pagana,

fija fue de una chamorra

que salió falsa xristiana

A pesar de que «zorra» resulta muy ofensivo si hace alusión a una mujer, no parece ser un obstáculo para su expansión y larga tradición tal y como Celdrán señala, «aparece en todos los autores del Siglo de Oro y llegó pleno de fuerza expresiva al XVIII». Mediado el XIX Bretón de los Herreros se hace eco de los desórdenes que la vida airada ocasionaba en burdeles y calles:

Si hay de noche camorra

por culpa de una zorra

Sin evitar que haya ciertas voces discordantes, lo más problable es que su etimología proceda de la voz del árabe surriya (concubina). Cuestionado por el componente sexual que desprende el término, Celdrán desmiente que haya una ligazón generalizada, «el masculino ‘zorro’ no es ningún elogio, ya que remite a la persona excesivamente cautelosa y taimada de la que no conviene fiarse, mientras que ‘zorra’ alude asimismo a una condición moral inaceptable».

Ligando con lo anterior, otra de sus particularides atañe al componente exclusivo de género que evidencia presentar. Un hecho que en palabras del autor guarda relación con la moral, «por lo general, la forma femenina del insulto es siempre más hiriente, hace más daño, que el insulto masculino. Eso es así, en general, porque del hombre se puede esperar cualquier cosa grotesca y mala, mientras que de la mujer, no».