El síndrome de esta época, vivir apurados e hiperconectados

Particularidades del siglo XXI. Estudios confirman que los usuarios revisan el celular entre 80 y 110 veces por día. El tiempo que no alcanza.

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“Perdón, pero corrí todo el día”. La disculpa se escucha y lee cada vez con más frecuencia. El tiempo no alcanza. Una idea debe ser reducida a 280 caracteres, una reunión se reemplaza por audios de WhatsApp, los trabajos se solucionan con un archivo colaborativo y los encuentros cara a cara son cada vez más esporádicos. Todo es urgente, y la vorágine diaria lleva a suprimir el contacto personal.

¿Por qué vivimos apurados? “Existe una saturación de comunicación y de exigencia. Con las aplicaciones y las redes sociales hay una sobre estimulación y en 24 horas no se llega a responder a todos los estímulos de trabajo, familiares y sociales -explica la psicóloga Belén Igarzabal, directora de Comunicación y Cultura de Flacso-. Hay dos factores que influyen en este aceleramiento: las tecnologías que van penetrando todas las actividades y la posibilidad de estar hiperconectados”.

El celular está en el centro del ring por el combate de la atención. El teléfono es la solución inmediata para diversas obligaciones, pero también uno de los problemas. Según la consultora TrialPanel, el 80 por ciento de las personas se conecta a Internet desde ese dispositivo y un 90 utiliza las redes sociales. ¿Cuántas veces lo desbloqueás? Distintos estudios marcan que los usuarios revisan entre 80 y 110 veces por día su aparato.

A la saturación por las tareas cotidianas se le suma el bombardeo tecnológico en los ámbitos sociales y profesionales. ¡Ni hablar de los innumerables grupos de WhatsApp! Ante cada mensaje o like que se recibe el cerebro libera dopamina, la sustancia responsable de enviar señales a los centros del placer, y se activa un sistema de recompensa que podría compararse con la sensación que tiene un fumador al encender su primer cigarrillo del día.

“En la actualidad aburrirse es casi un pecado. Hay gran cantidad de estímulos -apunta Martín Gendler, sociólogo, docente y becario doctoral del Conicet-. Sentimos que debemos estar haciendo cosas todo el tiempo. Quizás antes teníamos tareas mucho más establecidas, un itinerario un poco más rígido”.

La variable tiempo fue analizada por decenas de especialistas. Paul Virilio, el pensador francés que desarrolló el concepto del régimen de la velocidad absoluta, considera que la rapidez de las “transmisiones reduce el mundo a proporciones ínfimas”. En tanto, el filósofo alemán Martín Heidegger considera que el “tiempo ya no existe, lo único que existe es la rapidez”.

La híper velocidad de los estímulos y la necesidad de respuesta inmediata modificó la percepción del mundo. Las urgencias cotidianas son para ayer y la escasez de tiempo es un lugar común en el que caen las conversaciones de ascensor. En ese sentido, el Centro de Investigación Pew, con sede en Washington, informó que nueve de cada diez madres trabajadoras de los Estados Unidos se sentían apuradas todo el tiempo.

¿Te suena parecido? Las nuevas tecnologías permitieron la comunicación al instante con cualquier parte del mundo, pero también un cierto aislamiento social. “Es paradójico porque estamos mucho más conectados. Pero, por otra parte, lo que se elimina es el contacto físico y personal. El cuerpo queda en el segundo plano”, dice Luis Diego Fernández, profesor de la Universidad Di Tella.

La conexión total de los usuarios, quienes están disponible las 24 horas, también diluyó la frontera en los ámbitos de la vida cotidiana. “No sólo es el tema de la privacidad, sino de lo laboral y el ocio, por eso es que estamos tan ansiosos, ya que no hay momentos de corte. ¿Está mal? ¿Está bien? Es otra forma de organización. Creo que hay una ruptura y existen nuevas formas de organización -dice Igarzabal-. ¿Existe una solución? Mi hipótesis es que se necesita una autorregulación”.

Ante esta percepción surgieron distintos movimientos que buscan bajar la intensidad de la cotidianidad. “La velocidad es divertida, sexy, una adrenalina. Es como una droga, y somos adictos. Al mismo tiempo, el mundo se ha convertido en un buffet gigante de cosas para hacer, consumir, experimentar, y nos apresuramos a tenerlo todo. El lugar laboral moderno también nos empuja a trabajar más rápido y más tiempo -analiza desde Canadá Carl Honoré, periodista, autor del Elogio de la lentitud y gurú de la filosofía “slow”, una corriente de pensamiento que propone bajar un cambio para vivir al máximo.

Federica Barbaranelli, conductora del ciclo Sencillo y Natural (Canal El Gourmet), es una de las exponentes de Slow Food, un concepto que no sólo busca “saber lo que comemos. Somos lo que ingerimos, es un viaje un poco introspectivo hacia las raíces del ser humano”, profundiza desde España. “No sólo es comer despacio, hacer las compras en el pequeño artesano y/o apoyar al productor local. Es un concepto amplio”.

Barbaranelli considera que la estrategia debe ser “robar tiempo para dárselo a lo que realmente es prioritario -reflexiona la conductora-. En lugar de dar un paseo por la tienda o recibir el bombardeo informativo que ofrece la ciudad, que no te da ni tiempo de respirar, hay que redistribuir el valor de las cosas en su justo parámetro”.

Fuente: Clarin