Gisela, la cordobesa “maestra ilustre” del año

El Ministerio de Educación de la Nación distingue a una docente que enseña en una escuela técnica de Estación General Paz. Estimula a sus alumnos a investigar. Sus compañeros destacan su trabajo en equipo.

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Gisela Gómez fue elegida por el Ministerio de Educación de la Nación como la “maestra ilustre 2018” por su labor en el Instituto Provincial de Educación Técnica (Ipet) 85 República de Italia, el secundario técnico que tiene Estación General Paz, pueblo vecino a la ciudad de Córdoba.

Esta semana viajó a Buenos Aires para recibir la distinción de manos del ministro de Educación, Cultura y Ciencia, Alejandro Finocchiaro, y para participar de una serie de actividades protocolares en coincidencia con el Día del Maestro.

Pero todo eso tiene a esta joven docente de 32 años sin cuidado. Está lejos de considerarse merecedora de tal distinción y cree que todo lo que logró fue por un gran trabajo de equipo (no duda en mencionar a cada colega en el Ipet). Y se le llenan los ojos de brillo cuando habla de “su colegio”, del cual tiene la camiseta puesta.

De hecho, Gisela no sabía que aquel pedido de su director, Juan Moyano, para que le acercara un currículum, algún tiempo atrás, tenía que ver con una postulación al premio. Y es el propio Moyano el que enumera las razones por las que la consideró una candidata a esta distinción nacional.

“Esta vez han puesto la mirada en la escuela media y técnica. Gisela es una ‘profe’ que trabaja junto con otros, en equipo, y me basé en las pruebas, las evidencias de su trabajo: medallas, charlas, ferias de ciencias que pusieron al colegio bien en lo alto y en las que ella trabajó con mucha dedicación. Todo eso estaba medido, no fue un capricho de un director que quiso homenajear a una docente”, destaca Moyano.

Premios en la feria

Gómez ejerce la docencia desde hace siete años y siempre en el mismo lugar. En General Paz, su primer cargo fue como maestra de Enseñanza Práctica en Alimentación, además de otras horas cátedra. En ese tiempo, logró meter ocho proyectos de ferias de ciencias, un ámbito donde la escuela se destaca, en especial por un trabajo de 2015 realizado sobre el agua potable de la localidad y sobre enfermedades asociadas a la falta de higiene en los tanques domiciliarios. Por ese proyecto, recibieron la medalla de oro en la Feria Nacional de Ciencias.

“Desde que me inicié en la docencia, venimos trabajando en proyectos de investigación, siempre en nexo con la comunidad. Detectar una problemática y ver qué solución le podemos dar. Que no quede sólo en el ámbito escolar, sino dentro de un entorno más amplio. Nuestro objetivo es que los chicos puedan involucrarse en su entorno, ser activos”, resumió Gómez sobre el trabajo que mereció el reconocimiento.

La joven profesional dice que su trabajo le permite la doble satisfacción de lograr impartir conocimientos y de que estos sirvan para la vida cotidiana: “Yo puedo explicar en el pizarrón qué y cómo pasa algo, pero para ellos es mejor cuando ponen el cuerpo en ese aprendizaje, cuando ponen el corazón. La motivación que ellos tienen es enorme porque logran apropiarse de cada uno de los proyectos”.

Premiados. Los trabajos de su aula obtienen premios en ferias de ciencia.

Premiados. Los trabajos de su aula obtienen premios en ferias de ciencia.

Incentivar la creatividad

Para no quedar condicionados por la vara que marcó la medalla de oro de 2015, la docente y su pareja pedagógica decidieron ir por un proyecto distinto.

“Nos incentiva más junto a los alumnos poner en práctica la creatividad, pensar, observar primero, determinar cuál es la problemática y pensar, desde lo que conozco, cuál podría ser la solución con los recursos que tengo. Sabemos que somos una escuela pequeña, pública y del interior. Desde esa base partimos para que les sirva a los chicos en su formación, porque estamos preparando técnicos, para que el día de mañana tengan las herramientas para poder intervenir”, señaló la docente.

Entre muchos otros, con el colegio trabajaron en proyectos sobre celiaquía con la creación de sopas deshidratadas.

Gisela viaja a diario a “su escuela” desde Córdoba. Le insume tres horas entre colectivos urbanos e interurbanos. Pero segura de que no cambia el Ipet 85, aunque tenga puntaje docente y cantidad de años como para pedir un traslado.

“Ni loca. Porque uno se encariña y el sentido de pertenencia es muy grande. Pensarme en otro lado es muy difícil. Mi momento es acá y no me iría”, remarca.

Fuente: La Voz del Interior.