Las ‘secretarias del amor’

En la era de la comunicación inmediata, las voluntarias del Club de Julieta, en Verona, reciben miles de cartas manuscritas de enamorados de todo el mundo; son las Elena Francis italianas

“Querida Julieta, me he enamorado de un hombre maravilloso, como lo soñé siempre. Pero es un hombre comprometido, tiene pareja y dos hijos. Él dice que la va a dejar y que quiere casarse conmigo. Yo sólo quiero que él sea feliz, conmigo o con ella, porque se lo merece. Dame un consejo, por favor“.

Dicho texto -manuscrito, en español y firmado por Catalina- es una de las centenares de cartas que esperan respuesta en el Club de Julieta, un acogedor local en la ciudad italiana de Verona, donde William Shakespeare ambientó su Romeo y Julieta. Ahora, sus voluntarias actúan como consejeras de amor.

En la era de las nuevas tecnologías -en la que es posible la comunicación inmediata y Google aparenta tener todas las respuestas- el Club de Julieta recibe cada año ni más ni menos que unas 50.000 cartas de enamorados. Aunque parezca mentira. O mejor dicho, de enamoradas, porque la mayoría de las remitentes son mujeres.

Casi todas las epístolas están escritas a mano y llegan a Verona por correo postal. Algunas con direcciones tan escuetas como: “Julia, Verona, Italia” o “Julieta, Shakespeare, Italia”, según se indica en los sobres. “El cartero ya está acostumbrado y sabe que las cartas son para nosotras”, comenta sonriente Giovanna Tamassia, que lleva las riendas del Club.

Las secretarias de Julieta -así se autodenominan las integrantes de este Club veronés- contestan cada año a unas 10.000 misivas. Religiosamente, todas las respuestas se escriben a mano y de forma personalizada. Así de alucinante. “Y no contestamos a más cartas, porque muchas llegan sin la dirección de la remitente”, se justifica Giovanna. El Club es, sin duda, una especie de Consultorio de Elena Francis -el mítico programa radiofónico en España-, pero de carácter mundial.

Verona ya fue lugar de peregrinaje para enamorados en el siglo XIX. Aristócratas e intelectuales acudían a la tumba de Julieta, y muchos se llevaban mármol del sepulcro para hacerse anillos o pendientes porque, confiaban, les daría suerte.

“El empleado del Ayuntamiento de Verona Ettore Solimani, considerado el custodio de la tumba de Julieta, encontró la primera carta de la que se tiene constancia en 1935”, relata Giovanna. “Y conmovido por el texto, decidió contestarla”. Así se inició la tradición.

Solimani se dedicó a tal menester durante tres décadas y, después, le sustituyó un profesor, Gino Beltramini, que contestó epístolas durante 10 años más. Tras ambos, el Ayuntamiento de la ciudad asignó este encargo a una funcionaria municipal pero, entonces, el consultorio sentimental perdió todo su encanto: la prensa local desveló la identidad de dicha trabajadora y mucha gente dejó de enviar misivas.

“En la década de los 80, nadie respondió a la correspondencia durante años hasta que el Ayuntamiento de Verona solicitó a mi padre que, por favor, se hiciera cargo de ello”, explica Giovanna. Su padre, como no podía ser de otra manera, se llama Giulio -o sea, Julio-, y ya había creado en Verona el denominado Club de Julieta: un colectivo que se dedicaba a realizar actividades culturales, como poesía, música y teatro. A partir de 1990, también se ocupó de responder a las cartas de enamoradas y enamorados. El Ayuntamiento sufraga los costes.

Lo que empezó como algo puntual se convirtió en una bola de nieve. “El diario estadounidense The Wall Street Journal publicó un artículo sobre nuestra iniciativa y, en 2010, se hizo la película Cartas a Julieta“, cuenta Giovanna, en referencia al filme protagonizado por la actriz Amanda Seyfried. Aquello fue el boom. Empezó a llegar a Verona correspondencia de todas partes del mundo.

Esta ciudad del norte de Italia continúa siendo lugar de devoción para quienes se aman o buscan el amor pero, ahora, la mítica tumba de Julieta ya no es el sitio que atrae a más turistas. El actual centro de todas las visitas es la que se considera que fue la casa de Julieta: un palacio de origen medieval, situado en via Cappello, donde se ha reproducido el balcón donde, en teoría, tuvo lugar la escena más famosa de la obra de Shakespeare.

En el patio del palacio se ha colocado también una estatua de bronce de Julieta y la tradición dice que quien toca el seno derecho de la escultura tendrá suerte en el amor. Cada día, centenares de turistas hacen cola para manosear el pecho de Julieta, inmortalizarse de tal manera, escribir mensajes de amor en las paredes y, cómo no, dejar una carta a la amada de Romeo.

“Mira, esta carta viene de Indonesia, esta otra es de Birmania, ésta de Polonia…», enumera Elena Marchi, otra de las voluntarias del Club de Julieta, mientras muestra la correspondencia recibida en los últimos días. “Y yo diría que esto es una lengua nórdica… Sí, viene de Dinamarca. ¡Es que ya tengo un ojo!”, apostilla.

Elena está en el Club cada día, de lunes a viernes, mañana y tarde. Se encarga de contestar cartas o de buscar quién lo haga. Porque aquello es una auténtica Torre de Babel. “Tenemos voluntarias en Nueva Zelanda, Brasil, Dubái, Estados Unidos, Rusia…», declara. “Aquí, en Verona, contamos con una joven polaca que es guía turística y que también nos viene a ayudar, o con muchas estudiantes Erasmus o incluso turistas que se ofrecen a colaborar”, detalla. “¡Pero nos faltan voluntarias españolas!”.

“Querida Julieta, quiero pedirte por favor que me ayudes con la relación con mi novio Estoy de intercambio de estudios en Alemania. Pido que le ilumines y le ayudes a esperarme. Sé que nueve meses es mucho, pero no una eternidad”, dice otra carta escrita en español, que también espera respuesta en el Club.

“Mucha gente escribe porque simplemente necesita que alguien le escuche. Escribir ya es una terapia”, comenta Giovanna, que asegura que ella no se siente psicóloga ni tiene ningún don especial. “Intentas dar una respuesta equilibrada, porque no sabes con quién te estás comunicando”, reconoce. “Por ejemplo, si una mujer casada se enamora de otro y te pide consejo sobre qué hacer, le contestas que haga lo que le diga su corazón“, afirma.

Pero aun así, ¿tienen respuesta para todas las consultas? Giovanna admite que a veces es complicado. “Cuando nos llegan cartas de India, donde existen las castas, es difícil dar un consejo a personas que viven en un mundo tan diverso al nuestro“, aclara. A pesar de ello, el Club de Julieta no cesa de recibir voluntarias dispuestas a ser consejeras de amor.

Elissaveta Marinova, de 26 años, es búlgara, ha estudiado Arquitectura y dice que se enteró de la existencia del Club viendo la película Cartas a Julieta. Tras su primera tarde como voluntaria, se muestra satisfecha. “Me ha gustado. He respondido a las cartas que más me motivaban. No he dado consejos, me he limitado a mostrar comprensión”, dice.

El Club de Julieta conserva todas las cartas que ha recibido en los últimos 25 años, clasificadas por idioma, edad, sexo y contenido. “Una psicóloga estadounidense hará una investigación”, avanza Giovanna. Porque realmente el fenómeno es digno de estudio.

Fuente: El Mundo, España