Libros bellos, para ganarles a las pantallas

Quienes editan para chicos se esfuerzan en hacer más atractivo el objeto. Hay diseños cuidados, calados, plegados. Creció el lugar de los ilustradores.

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Así es la época: las pantallas dominan. Sin embargo, la industria editorial infantil y juvenil aceptó el reto de encontrar nuevas formas para atraer a los millennials hacia los libros impresos, pasando por encima de la variedad ilimitada de distractivos tecnológicos -entretenimientos, juegos y aplicaciones- que, a través de celulares, PCs y tablets y capturan la atención de los chicos y los adolescentes.

Así, la necesidad de volver más atractivos los materiales impresos, para garantizar la persistencia del libro, se manifestó en una tendencia: ediciones de factura exquisita, que instalan al lenguaje mixto de palabras e imágenes como unidad inseparable de la historia.

Los editores de literatura infantil y juvenil (LIJ) ya no dudan en incorporar nuevos formatos de diseño y apuestan a la calidad de las ilustraciones como un recurso estético que algunos hasta consideran una forma de arte: el ilustrador es considerado coautor del libro. ¿Pero será suficiente, para lograr que los pequeños lectores abandonen, por un rato, las pantallas? ¿O el libro impreso corre el riesgo de volverse un objeto obsoleto, en el futuro?

Libros bellos, para ganarles a las pantallas

Una exquisitez. “Pequeño teatro Rebecca”, ilustrado por Rebecca Dautremer. Cada página tiene un calado distinto que va contando la historia. /Juano Tesone

“No somos apocalípticos. Creemos que los formatos digitales y aplicaciones no empatan del todo la experiencia de lectura, aunque pueden resultar complementarias. Todavía el libro ilustrado mantiene intacta su potencia expresiva y comunicativa”, opina Manuel Rud, director de Limonero, uno de los sellos independientes “dedicado, decidido y hasta empecinado en publicar y difundir el libro ilustrado”, como se presenta en su sitio web. Otras editoriales del rubro son Calibroscopio, Libros del Zorro Rojo, Pequeño Editor, Edelvives, Del Eclipse, Kalandraka y Pípala.

Los dispositivos electrónicos atrapan a los chicos, les quita tiempo de ocio reflexivo. Pero eso pasó siempre: antes le echaban la culpa a la televisión

María Fernanda Maquieira

María Fernanda Maquieira, gerente editorial de Loqueleo (Santillana), que también apuesta a una decidida renovación, opina que, aunque en estos tiempos se manifiesta de manera más evidente, la necesidad de reinvención del sector de la LIJ es una constante histórica. “Los dispositivos electrónicos atrapan a los chicos, los distraen y en este sentido es cierto que les quita tiempo de ocio reflexivo. Pero eso pasó siempre: antes le echaban la culpa a la televisión.”

La tentación de producir contenido y de tener una voz propia precisa a la vez de la lectura solitaria y formativa, a la hora de tener algo interesante para decir.

Laura Leibiker

Por su parte, Laura Leibiker, Directora editorial de literatura infantil y juvenil en Norma/Kapelusz, piensa que “aunque ‘la amenaza digital’ cambia de forma –desde los juegos de consola hasta las redes sociales hubo un largo camino-, la experiencia indica que los libros de papel siguen resultando atractivos”. Lo que también ocurre, opina, es que “la tentación de producir contenido y de tener una voz propia –algo a lo que invitan las redes sociales y que ha dado lugar a la movida de los BBBs, bloggers, bookstagrammers y booktubers- precisa a la vez de la lectura solitaria y formativa, a la hora de tener algo interesante para decir.” En este sentido, coinciden los editores, la lectura sigue siendo irreemplazable. No sólo diversas investigaciones demuestran que los chicos que tienen el hábito de leer están en mejores condiciones de alcanzar procesos de pensamiento elaborado, adquieren el manejo de estructuras lingüísticas más complejas y se expresan mejor, sino que, además, hay un placer implícito en el acto de leer y hasta en la manipulación del papel.

“Los contenidos digitales no pueden reemplazar del todo la experiencia de lectura del libro como objeto –añade Rud, sobre este punto-. En este contexto, lo más novedoso y vanguardista parece ser, paradójicamente, sostenerse en la tradición del libro analógico”, sostiene Rud. Maquieira confirma: “Hay libros muy bellos desde el punto de vista estético, son verdaderos objetos de culto”.

Los entretenimientos digitales y la lectura placentera, utilizan el mismo recurso: el tiempo libre

Ana María Cabanellas

Ana María Cabanellas, directora en editorial Unaluna, se muestra más cauta, pero coincide en que la batalla no está perdida: “Ambos mundos –el de las lectura y el de las pantallas- se complementan, sin embargo esto ha sido en detrimento de la cultura de papel. Los entretenimientos digitales y la lectura placentera, utilizan el mismo recurso: el tiempo libre. De ahí la importancia de que lo que se ofrece en papel sea atractivo en todo sentido, si queremos que el libro impreso siga existiendo”. UnaLuna ofrece libros clásicos en formato de acordeón, otros calados. “Y están los que reproducen una imagen en movimiento o diseñados por cineastas, incluso, con secuencias cinematográficas –explica ella-. Buscamos sorprender y lograr una interacción con los chicos.”

En Norma también apuestan “a una materialidad más atractiva”. “Tenemos, por ejemplo, un libro que se despliega como una caja y otro de sobrecubierta de vinilo rosa, que cambia de color”, precisa Leibiker. Mientras que Calibroscopio, especializada en libros álbum, también reconoce que presta especial cuidado a la edición de sus títulos. “Creemos que contenido y forma deben complementarse, construyendo una historia”, define Judith Wilhelm. “Privilegiamos un criterio estético que recupera los detalles, el calado, las lacas sectorizadas, los juegos de las solapas y estuches; siempre al servicio de lo que pide la narración”.

Jorge Luis Borges pensaba que de los diversos instrumentos que creó o domina el hombre, el libro es el más asombroso: “Mientras los demás son extensiones de su cuerpo, el libro es la extensión de la memoria y de la imaginación”, escribió. Le atribuía, así, una función irremplazable. Los editores consideran que en este sentido también les cabe una responsabilidad: “Hay muchos chicos que no leen porque no han tenido la oportunidad de descubrir y desarrollar el gusto por la lectura y, para lograrlo, los mediadores tenemos que contribuir en esa dirección”, piensa Maquieira. “Nos esforzamos en hacer los mejores libros, porque todos los niños y adolescentes tienen el mismo derecho a las palabras bellas, las buenas historias, y a alimentar su imaginación, con libros que contribuyan a una vida más luminosa”.

Fuente: Clarín