Los libros humanos, una experiencia para fomentar la charla y la inclusión

Creado por la lectura y el intercambio. Es una particular iniciativa donde la gente se “ofrece” como persona-libro y cuenta su propia historia.

maxresdefault
Esta vez toca “leer una persona”. No a una persona, sino “una persona-libro”. O un libro que es una persona. Las definiciones se complican pero en definitiva se trata de eso, de un sitio en donde algunas personas comparten ciertas historias, donde hay lectores que van a escucharlas-leerlas y hasta hay bibliotecarios a cargo. Esta experiencia se conoce como Biblioteca Humana. Selecciona libros-personas que cuentan historias relacionadas con un prejuicio: orientación de género, discapacidad, adicciones, entre otros.

La iniciativa nació en Dinamarca de la mano de la organización “Stop the violence”. Y pronto comenzó a replicarse por el mundo. A la Argentina llegó gracias a la Asociación Civil Cero a la Derecha, fundada por Marcela Baigros.

Ahora será Baigros, bibliotecaria a cargo, quien nos guíe por esta selección de libros humanos. “La Biblioteca Humana, explica ella, es una metáfora. Aquí los libros son personas. Y las lecturas, conversaciones. La idea es que dos personas se encuentren en una situación de diálogo. Buscamos desafiar los prejuicios y reconocer al otro detrás del estigma. Por eso la biblioteca forma parte del programa Humanizando Etiquetas”.

Ambulante como es, la Biblioteca Humana se pasea por ferias de libros, jornadas y empresas que la solicitan. El modo de interactuar con este material es sencillo. Y, por eso de libro-persona, tiene algo de maravilloso y de peculiar. Veamos: el bibliotecario recibe a cada lector que se acerca y le informa sobre los “libros disponibles” (en algunos casos habrá que reservar el libro con anticipación).

Luego le entrega una hoja en donde se detallan los libros presentes que no son muchos pero sí variados, los títulos de cada uno y, si eso fuera posible, hasta texto de contratapa. Y una vez que el lector elige qué quiere leer, lo acompaña a la mesa en la que espera este libro humano. Cada lector dispone de un máximo de 30 minutos “de lectura” que pueden repetirse si “el libro” no ha sido solicitado. Y así se inicia ese momento íntimo de lectura y conversación. El libro humano contará su historia. El lector podrá hacer preguntas. Y el libro aceptará responder o no. ¿Quién leerá a quién?

El primer libro humano elegido, en el marco de la última feria del libro de Merlo, se titula “Francisco, un indígena urbano”, y la contratapa dice (con un uso extraño de las mayúsculas que hace pensar que no hay editores para estos libros-gente): “Una vinculación propia y particular con nuestra madre Tierra. Moderna y ancestral, trascendental. Propia de nuestra Cosmovisión milenaria, adaptativa y Cósmica. Somos Tierra, somos cosmos aquí también”. La bibliotecaria acompaña a la lectora hasta la mesa en la que se sentará frente al libro humano y éste empezará a contar una historia que va y viene en el tiempo y habla de enfrentamientos y encuentros.

La lectora interrumpe y pregunta. Y el libro humano responde en forma clara y directa. Tiene algo de ensayo y de divulgación este texto, y el tono resulta necesario porque el tema es nuevo y hay que explicarlo. De raíces aymarás y collas, este libro humano –que responde al nombre de Francisco Morales y tiene 37 años– desarrolla el concepto de indígenas urbanos, aquellos descendientes que nacieron o se criaron en las ciudades y trabajan por mantener las tradiciones, la cosmovisión de los suyos. Sin embargo, rechazados por las comunidades originarias y poco aceptados en las ciudades, andan por los bordes de dos mundos luchando por su identidad.

Francisco sabe contar, ¿valdrá decir que es un “libro que se lee solo”?, y los 30 minutos no alcanzan pero hay más lectores esperando y otros textos humanos por conocer.

El siguiente libro humano se titula “Laura, una mujer con discapacidad en situación de calle”. La contratapa dice, textual, verborrágica y única como ella: “Convivo con mi discapacidad y con una sociedad que no está preparada para aceptar que soy parte de ella. (…) Son muchos insultos, malos tratos. No la ven (mi discapacidad) porque no la sienten. Tengo artritis reumatoidea y fibromialgia, dos enfermedades crónicas muy dolorosas”.

Laura Bogado (57) , de ella se trata, es amable y cálida. Inicia una historia que va increscendo como las buenas novelas. La lectora no logra intercalar pregunta pero enseguida eso deja de importar, la historia la atrapa por completo. Comienza con un incendio y una pareja partida. Sigue por la calle, la soledad, el dolor. Hay solidaridad y traiciones. Hijos que es preciso proteger de la verdad. Una muerte y una herencia. Ansiosa, la lectora intenta adelantar el final, ¿volvió a estar junta la pareja?, pero el libro pide paciencia, tiene que contarse con cierto orden. Y entonces sucede el click.

Uno está leyendo, sí. El límite entre persona y libro comienza a confundirse porque, en definitiva, ambos ofrecen historias . Además, como los libros, son absolutamente distintos y exigen diferente atención. Francisco fue un ensayo ameno y lúcido. Laura, en cambio, una novela pura emoción. Leer a Francisco fue esclarecedor e interesante desde la primera línea. Leer a Laura costó al comienzo pero luego se quiere más, la saga completa.

Quedan otros libros humanos: “Patricio, nacer o hacerse gay. Los mitos” está siendo leído por tres adolescentes de 14 años que, al terminar su tiempo, contarán que preguntaron al libro por qué las personas gays son rechazadas y que ahora lo comprenden. “Quintin, mi vida en dos maletas: la historia de un inmigrante” es leído por Gonzalo (47) quien desea saber más sobre la situación en Venezuela y se va con la sensación de haber hallado un buen material. Otros libros presentes son: “Paola, la adversidad no es el fin” y “Leandro y su vida sin brazos”.

Pero luego de leerlos, el lector se dará cuenta de que se trata, en verdad, de una biblioteca sobre la resilencia y la historia. La fuerza y la emoción de esos relatos se harán parte de cada uno, tal como sucede con esos libros que nunca se olvidan. Y con las personas, también.

Fuente: Clarín.