“Nuestras relaciones son permanentemente analizadas, queda todo registrado“

"Esto se debe a que están digitalizadas y mediadas por redes sociales", explica el especialista en comunicación y tecnología, Esteban Magnani - Por Lara López Calvo, especial para Diariodecultura.com.ar

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Esteban Magnani es licenciado en Comunicación Social, docente de Corrientes del Pensamiento Contemporáneo en la UBA, director de Medios Audiovisuales y Digitales de la Universidad Nacional de Rafaela y escritor de libros sobre ciencia, comunicación y tecnología.

En 2014 publicó “Tensión en la red. Libertad y control en la era digital”, un libro con el eje de las disputas de poder que se dan en la tecnología con licencia Creative Commons. Magnani fue una de las únicas personas que adelantó la campaña que realizó Cambridge Analytica en la campaña electoral del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Desde octubre de 2012 hasta diciembre de 2015 condujo una columna de tecnología en el noticiero de la TV Pública. Sabe tanto del tema que a veces habla rápido, pero aún así presta mucha atención a que su relato sea claro e interesante.

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– Las redes sociales se han vuelto un nuevo espacio de socialización, uno más como podría ser la escuela, el trabajo; son un espacio más en donde uno construye un vínculo con los demás.

-Tienen muchas particularidades. Una es que uno puede controlar mucho mejor cuál es la imagen que proyecta, porque edita aquello que va a trasmitir: se elige la foto que salió bien, mientras que puede llegar borracho a su casa, chocándose con las paredes y aunque los vecinos lo vean, en la vida material uno no puede editar eso y, en cambio, en una red social sí se puede decidir qué foto subir y cuál no. Esto genera nuevos códigos de diálogo. En los adolescentes poder editar la imagen propia, en momentos de fragilidad, genera que vea que los demás lo están pasando maravillosamente bien y él, seguramente, al tener alguna angustia, que tiene que ver con esa etapa de la vida, eso no lo favorece. Hay estudios que indican que las redes sociales generan una profundización en depresiones adolescentes por esta inseguridad que les provoca. Y otra de las grandes particularidades, creo que la más determinante, es que nuestras relaciones al estar digitalizadas y mediadas por redes sociales son permanentemente analizadas, queda todo registrado: interacciones, intereses o cuando nos levantamos e interactuamos por primera vez con el celular y así saben a qué hora nos despertamos y, de alguna manera, así se va formando un perfil nuestro que permite saber muchas cosas de nuestra personalidad.

-¿Qué pueden llegar a hacer las redes sociales para lograr sus objetivos?

-En primer lugar, manipular nuestro comportamiento, por ejemplo, tratando de mantenernos enganchados todo el tiempo para que no podamos dejar de estar conectados. Lo que van aprendiendo, a partir de la prueba y error, es cómo mantenernos enganchados y empiezan a ocurrir fenómenos que tiene que ver con las adicciones. Su peor enemigo es el sueño, hay un tiempo finito de vigilia del ser humano, en el mejor de los casos de 16 horas por día y hay cada vez más empresas compitiendo por ese tiempo e interrumpiéndonos para llamar nuestra atención. Por eso, por ejemplo Netflix termina muchos capítulos con escenas que generan mucha adrenalina, para quitarte el sueño y que quieras ver el próximo.

-Tristan Harris, un ex trabajador de Google, dice en su última charla TED que las redes sociales intentan permanentemente secuestrar nuestras mentes con distintas formas de interrumpirnos en la vida cotidiana y generar pequeños estímulos que lleven nuestra atención hacia esa red social.

-Bueno, un ejemplo concreto de eso es Snapchat que en la medida que vos mantenés un dialogo e intercambias fotos todos los días con un amigo, se te van acumulando ‘fueguitos’. Estos, demuestran que tuviste ese contacto con esa persona y como el adolescente tiende a no querer perder lo que ya tiene se siente obligado y empieza a sentir que tiene que enviarle una foto a ese amigo para no perder todos los ‘fueguitos’ que tiene por interrumpir esa cadena de conexiones. Este es sólo uno de los mecanismos. Instagram retiene los likes, no los manda todos juntos, para que sigas volviendo a la red y cuando entrás de nuevo ves la foto de otra persona y así seguís interactuando con la aplicación.

¿Esto genera que tengamos relaciones más cercanas?

Al interactuar con una cantidad mayor de gente de la que estamos capacitados biológicamente, se generan otro tipo de relaciones que son cualitativamente distintas. Muchos dirían más superficiales, por ejemplo, en las que no hay un intercambio real y profundo, aunque muchas veces no lo hay en el mundo material. Se favorecen tipos de interacciones mucho más superficiales, más vacías y menos profundas, porque la plataforma no da para otra cosa y porque son más fáciles de administrar. Hoy en día, que vos no pongas ‘like’ a algo que puso un compañero de trabajo se transforma en una falta social. Entonces, uno tiene que estar permanentemente respondiendo a miles de estímulos de todos sus compañeros de trabajo, gente con las cuales, por ahí, no cruzás palabras pero tenés la obligación por la presión social que genera estar adentro de una red. Hay un instinto muy básico del humano que tiene que ver con pertenecer. Sentirse marginado es algo feo, algo que no está en nuestra naturaleza e irse de esa red es una forma de marginarse.

Algunas redes sociales como Twitter nos llevan a vincularnos cada vez más con personas que piensan como nosotros ¿Eso nos hace ser cada vez menos tolerantes?

-En general la gente tiende a no cambiar de opinión,  nos produce mucho más placer y nos resulta más fácil estar con gente que no desafía aquello que nosotros pensamos. Está estudiado a nivel neurocientífico, entonces, tendemos a relacionarnos con personas que piensan lo mismo que nosotros, esto ya ocurría en la vida real. Se facilita la intolerancia.

Hay un punto central en tu libro ‘Tensión en la red’ que tiene que ver con que cada usuario es un producto ¿de qué se trata? ¿Creés que eso puede modificar a cómo nos relacionamos con los otros?

El producto sos vos y tu información, eso es lo que Facebook le vende a las empresas. La red social genera la plata vendiendo espacio publicitario a distintos avisadores. Por ejemplo, el fabricante de autos que busca jóvenes que se hayan ido de su casa y que estén pensando en comprar su primer auto y como el auto tiene dos puertas, que no tengan hijos. Entonces, Facebook segmenta toda esa información y le muestra la publicidad a esa persona. No sé si eso puede afectar en cómo nos relacionamos, seguramente Facebook, por su algoritmo, como Twitter, te muestre gente con características similares a las tuyas y, en ese sentido se genera una burbuja más grande, donde hablamos sólo con personas como nosotros.

Para finalizar, ¿terminan nuestras relaciones en algún momento? ¿Cuándo se termina un chat?

-Los chats a veces quedan ahí porque te sentís culpable por cortar la charla. Hay toda una redefinición de cómo se producen las interacciones, que está en construcción y de a poco se van construyendo criterios pero lo que hay que tener en cuenta es que a las redes sociales o, por eso, su mayor enemigo es el sueño, a WhatsApp le conviene que no terminen nuestras relaciones y que sigamos hablando todo el tiempo.