Perros, chicos, abuelos: todo se puede seguir por GPS

La tecnología satelital se popularizó tanto que ya se rastrean personas, mascotas, la billetera y hasta las llaves.

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A mediados de los años 60 los departamentos de Defensa y Transporte de Estados Unidos y la NASA concibieron un sistema para determinar la ubicación de un objeto o persona a través de una red de satélites que orbitan la Tierra. Luego de la esfera militar, la señal pasó a la aviación comercial y desde hace 17 años se habilitó sin costo para uso civil en vehículos. Con el auge de la telefonía celular, el GPS se propagó notablemente hasta alcanzar su nueva evolución social: un rastreador de personas, mascotas y otros elementos.

Los rastreadores son dispositivos que utilizan el sistema de posicionamiento global para realizar el seguimiento de posibles objetivos. A diferencia de los celulares, no necesitan tener mapas instalados ya que comunican su posición a través de mensajes. Sus dos funciones más extendidas son para determinar la ubicación en tiempo real o como una alarma que se dispara en emergencias.

Mediante un chip de telefonía estos aparatos envían a un móvil configurado previamente, un SMS con las coordenadas y un enlace para poder ver la ubicación en el mapa. Hay modelos diminutos para esconder en bolsillos o mochilas, otros para perros, mientras que para ancianos o niños adoptan la forma de un reloj inteligente.

Siete de cada diez argentinos tiene al menos una mascota. Según un estudio reciente de Kantar TNS, los perros llevan la delantera con un 61% de los adultos que tienen al menos uno, mientras que los gatos son los compañeros de 3 de cada 10. A su vez, el 91% considera que es “un integrante más de la familia” y que tenerlo es una gran responsabilidad que asume con placer. En vista de este sondeo, no es absurdo considerar un rastreador como una forma de resguardo, en caso de robo o extravío. Además de saber en todo momento donde está parado, una de las medidas preventivas que ofrece es el cerco perimetral. Así, cuando el animal traspasa el contorno geográfico delimitado como seguro, se dispare una alerta que notifica a sus dueños de este peligro.

Para personas mayores que viven solas o, si la preocupación es el menor que regresa a pie de la escuela, existen soluciones en forma de smartwatch que brindan seguimiento constante. Así, mediante una app propia de los rastreadores, uno puede monitorear en el lugar en donde se encuentra y en caso de una eventualidad, con sólo pulsar una tecla, dispara un mensaje pidiendo ayuda.

El costado favorable del GPS es que su precisión cuenta con un margen de error de apenas 5 metros, es gratuito y se puede combinar con múltiples dispositivos en cualquier parte del planeta. Su mayor desventaja es que no siempre funcionan en el interior de edificios y viviendas.

Para no correr riesgos, casi todos los equipos cuentan, además de GPS, con los llamados servicios basados en la ubicación (LBS), que son más precisos. Por lo general, son utilizados en telemetría, navegación automotor y emergencias. Mediante el pago de un abono mensual, el propietario accede a una localización personalizada. Lo que garantiza su paradero en forma permanente. Incluso mucho de los fabricantes de los rastreadores, brindan este servicio en forma complementaria.

En el camino de los rastreadores hay una dirección alternativa que convierte a estos módulos en botones de pánico. Disimulados en anillos o colgantes, se esconde un botón que, en caso de un apuro, envía una señal de emergencia a los servicios de seguridad y a los parientes de la persona en peligro, junto con las coordenadas del GPS. Algunos modelos como el JVSURF Mini GPS realizan un llamado al celular y activan el altavoz del teléfono.

Para los despistados que no saben adónde colgaron las llaves, olvidan el bolso o pierden su billetera, hay una línea de diminutos rastreadores que, mediante Bluetooth revelan la posición de las pertenencias mediante una alarma sonora, dentro de un radio de 30 metros. Si la distancia es superior, habrá que recurrir a la app del móvil para conocer la última posición en la que se hallaba el objeto.

Un dron hogareño ronda los 3 mil pesos. Y se puede extraviar fácilmente. Para aumentar las chances de recuperarlo, existen rastreadores que no generan sobrecarga en el vuelo y ayudan a saber en qué lugar quedó varado el vehículo no tripulado.

Fuente: Clarín