Tendencia extrema: los jóvenes que transforman sus cuerpos en obras de arte

La performance está de moda en el arte. Natacha Voliakovsky, Lux Valladolid, Básica TV y Saddy hacen de su aspecto la materia de su persona y sus personajes. Lux Valladolid. Durante febrero exhibirá vídeos en el Centro Cultural Recoleta. En junio, expondrá en la Universidad Torcuato Di Tella

Hace siglos que el cuerpo humano es una de las mayores inspiraciones para los artistas. Ahí están, sólo como muestra, el David que Miguel Ángel esculpió hacia el año 1.500 o la Venus de Milo, creada entre el 100 y el 130 antes de Cristo. Pero en los últimos años el arte parece haberse desplazado desde la representación a la exposición. Ya no se intenta dibujar o modelar el cuerpo humano: son los propios artistas quienes se exhiben como piezas de un museo vivo.

La tendencia tiene un nombre y es performance. Aunque irrumpió con fuerza en las vanguardias del siglo XX –con el Dadaísmo y el Accionismo (ver recuadro)– se popularizó en los últimos tiempos. En la Argentina, existen dos grandes eventos dedicados al género de la acción o el “arte vivo”: la Bienal Internacional de Performance (este año se realiza en Buenos Aires en mayo) y Perfuch, un festival más underground, que tiene lugar en la galería UV Estudios cada diciembre.

Hoy, en plena era de las redes, Natacha Voliakovsky, Lux Valladolid, los Básica TV y Saddy son parte de una camada de jóvenes creadores que, desde el extremo sur del continente, hacen de su cuerpo una obra de arte.

La piel que habito. Natacha Voliakovsky tenía cinco años cuando su papá la encerraba en la cámara frigorífica de la peletería familiar. Era una manera de sacársela de encima mientras él trabajaba. La puerta sólo podía abrirse desde afuera. El frío helaba la sangre y las pieles se sostenían con ganchos. Algunas ya eran tapados, otras mantenían forma de zorros, carpinchos o armiños. Un lugar espeluznante que Natacha convirtió en su patio de juegos. La piel fue, desde entonces, uno de los temas predilectos para esta descendiente de rusos y ucranianos, que nació en Buenos Aires en 1988.

Natacha Voliakovsky. Desarrolla la primera plataforma de investigación teórica sobre performance latina. En las manos, la máscara réplica de su rostro, confeccionada con grasa de su cuerpo. Está en natachavoliakovsky.ru /Rubén Digilio.

Natacha Voliakovsky. Desarrolla la primera plataforma de investigación teórica sobre performance latina. En las manos, la máscara réplica de su rostro, confeccionada con grasa de su cuerpo. Está en natachavoliakovsky.ru /Rubén Digilio.

El cuerpo humano, las cirugías, la exploración de los límites del dolor. Siempre quiso ser artista. Empezó dibujando cuerpos mutilados: “Mi mamá me pedía que dibujara otra cosa, le daba impresión lo que yo hacía. Teníamos un cuadro mío colgado en casa; a veces no aguantaba más y lo tapaba con una sábana”.

Natacha habla claro; los ojos grandes, celestes, atentos. En las paredes de su estudio exhibe sus últimos trabajos: fotos de alguna de las cirugías a las que se sometió para darle forma a su arte. La cara magullada. El antes y el después de una liposucción facial.

Durante un ciclo en la casa de Victoria Ocampo, comió pedazos de su propio cuero cabelludo: “La performance comenzó el día anterior, cuando me sometí a una intervención quirúrgica para extraerme la carne. Al otro día, todavía bajo los efectos de los analgésicos, con la cabeza vendada y en pleno post-operatorio, me presenté ante el público, distribuí mi carne en un plato, le agregué salsa de soja y me la comí”. De la performance, surgió un filme, El cuerpo del escándalo, dirigido por Yamila Pérez Pinard.

Natacha busca correr los límites de lo moral, explorar el propio cuerpo, sacar al espectador de un lugar de comodidad. “Hoy el arte no tiene nada por descubrir. Ya todo fue hecho”, asegura. “Ante esa falta de descubrimiento, lo único que tenemos es el concepto.Transformar lo mismo que ya se hizo o se dijo con lo que nos pasa hoy.” Otra de sus obras más resonantes es la que hizo a partir de grasa que extrajo, tras otro paso por el quirófano, de sus piernas. Con esa grasa, moldeada y esterilizada, fabricó una réplica de su cara con la cual se presentó en el Centro Cultural San Martín. Las experimentaciones de Natacha recuerdan a las de sus mayores influencias, como la guatemalteca Regina Galindo o la mexicana Teresa Margolles. La primera ganó el León de Oro en la Bienal de Venecia de 2005 con su obra Himenoplastia, un video que registraba cómo había reconstruido su himen. La obra de Margolles, mientras tanto, investiga los cadáveres en las morgues.

Aunque Natacha no se arrepiente de ninguna de sus obras, algunas les dejaron marcas. Se enfermó después de hacer una performance, casi desnuda, en medio del hielo de la Antártida. Arrastra un dolor crónico en la espalda por haberse colgado de un arnés. Y conserva la máscara hecha con su propia grasa con la que posa para la revista Viva. La apuesta de Natacha llamó la atención de galerías de países tan disímiles como los Estados Unidos, Ucrania, República Checa o Colombia. También de la Bienal de Venecia: en 2018 fue seleccionada para participar de un workshop intensivo de performance. Además, inventó un método propio de “poner el cuerpo en escena”, que comparte en YouTube.

Sexo, hemorroides y video. Si se trata de hablar de poner el cuerpo, ahí están Lulo, Emilio y Guzmán, los chicos que integran el grupo de artistas Básica TV, formado en 2012 en Montevideo. La necesidad de expandir los límites de su creación los hizo cruzar el charco. Fue en 2015, cuando llegaron a Buenos Aires para participar de la residencia que ofrecía el entonces flamante UV Estudios, un espacio que funciona como taller y vivienda de una buena parte de los artistas jóvenes de la escena local. Recostados sobre el universo queery el muestrario infinito de imágenes que ofrece YouTube, este trío trabaja con la idea de construir una obra que no se parezca en nada a lo que el común de la gente cree que es el arte.

Basica TV. Guzmán Paz, Emilio Bianchic y Lulo (Luciano Demarco) acaban de exponer en Miami (Nada Art Fair). Están en basicatv.com. /Rubén Digilio.

Basica TV. Guzmán Paz, Emilio Bianchic y Lulo (Luciano Demarco) acaban de exponer en Miami (Nada Art Fair). Están en basicatv.com. /Rubén Digilio.

Su último trabajo se llama Hemorroides, y es un largometraje sobre una patología que, dicen, nos iguala a todos. “Nos preguntamos qué pasa con el cuerpo, por qué hay partes del cuerpo de las que no se habla, por qué hay temas que todavía hoy son tabú”, cuentan. “La vida se divide entre lo público y lo privado, y cuando llevamos lo privado, lo sucio o lo que se considera impuro, al ámbito público, estamos impactando sobre el control que ejerce la sociedad sobre nosotros.”

Los Básica TV son más artistas visuales que performers, pero son los protagonistas de sus producciones de fotos y videos. Embanderados en el subte, travestidos como brujas de peluca rubia, en forma de “turras” entrelazadas por una serpiente. En sus últimas obras hasta se animan a mostrar las partes más íntimas de su cuerpo, incluido el ano. El asco es parte de la propuesta, igual que el humor y lo absurdo. Quizás por eso, apenas llegaron a la Argentina, supieron que se iban a quedar. “Acá no tuvimos que explicar nada –dicen–. Vinimos, hicimos nuestro arte y enseguida lo entendieron. Era terreno fértil para que lo que nosotros hacíamos fuera comprendido.”

Saddy. La mayoría de sus revolucionarios looks y outfits se encuentran en Instagram, en su cuenta “Saddy the destroyer”: @3iny3l. /Rubén Digilio.

Saddy. La mayoría de sus revolucionarios looks y outfits se encuentran en Instagram, en su cuenta “Saddy the destroyer”: @3iny3l. /Rubén Digilio.

Los Básica TV pasan horas mirando y compartiendo videos, poniéndoles “me gusta” a las fotos ajenas, saltando de un dispositivo a otro. Su arte se origina con los mismos elementos en las pantallas de millones de usuarios alrededor del mundo. La diferencia está en el trabajo. Horas de maquillaje, iluminación, cámaras, ideas, edición, Photoshop. Un trabajo que puede durar semanas para una pieza que colgarán en algún museo o exposición. Por ejemplo, en ArteBA, la mayor feria del arte contemporáneo argentino, en la que recibieron el premio Obra Barrio Joven de 2016. O el Museo Nacional de Bellas Artes, que los recibió durante el ciclo Bellos Jueves de 2015.

“Lo que hacemos es vincularnos con la realidad desde el arte. Nos emocionan las cosas de todos los días, por más estúpidas que sean, por más que se trate de videítos que llegan al ‘chat de mamis’ de WhatsApp. Creemos que se pueden hacer cosas muy serias desde el humor. No queremos ser solemnes, pero sí profundos”, dicen.

Un fantasma de las redes. Una figura tan sexy como inquietante atraviesa el pasillo colmado de espectadores. Camina sinuosa, se inclina hacia la pantalla de su celular, abre los ojos, frunce los labios. Sonrisa falsa a cámara, se entrega al auto-goce de la selfie. Mitad humana, mitad androide, se trata de un personaje creado por la performer y artista visual Lux Valladolid, que representa el modo en que nos obsesionamos por alimentar –y exhibir– nuestro ego en la era digital.

accionistas austriacos El cuerpo humano es “la tela donde pintar”: tal fue idea central para los accionistas vieneses en los ‘60. Artistas como Günter Brus, Otto Muehl y Hermann Nitsch llevaron el “body art” hasta sus últimas consecuencias: Rudolf Schwarzkogler llegó a castrarse y suicidarse. “Mi cuerpo es la intención. Mi cuerpo es el suceso. Mi cuerpo es el resultado”, explicaba Brus. (foto).

accionistas austriacos El cuerpo humano es “la tela donde pintar”: tal fue idea central para los accionistas vieneses en los ‘60. Artistas como Günter Brus, Otto Muehl y Hermann Nitsch llevaron el “body art” hasta sus últimas consecuencias: Rudolf Schwarzkogler llegó a castrarse y suicidarse. “Mi cuerpo es la intención. Mi cuerpo es el suceso. Mi cuerpo es el resultado”, explicaba Brus. (foto).

La búsqueda obsesiva por construir una individualidad es una marca generacional que termina reproduciendo identidades de modo serializado”, dice Valladolid, cuya obra encuentra anclaje teórico en los escritos sobre arte y cultura digital del filósofo surcoreano Byung Chul Han (autor de La sociedad del cansancio), la alemana Hito Steyerl y el francés Eric Sadin, entre otros.

Marplatense de nacimiento, millennial y de look tan retro como futurista, se interesó desde muy temprano por el rol que nuestra sociedad le otorga a la imagen. Trabajó como modelo publicitaria, fue actriz y estudió periodismo, pero fue en la performance donde logró darle sentido a la información que circulaba a su alrededor. Su personaje Lola empezó con una serie de videos en los que repite mensajes-cliché posteados en redes sociales: hacer muecas frente al celular, agradecer los saludos de cumpleaños, anunciar –como todos alguna vez– que abandona Facebook, que le robaron el teléfono, que está a favor o en contra del tema de turno.

Amalia Ulman. Esta veinteañera, que hoy vive en Los Angeles, hizo de la selfie una obra de arte: hace unos años, creó tres personajes en Instagram que ella interpretaba como si fueran reales. Luego lo exhibió en la Tate Modern (Londres).

Amalia Ulman. Esta veinteañera, que hoy vive en Los Angeles, hizo de la selfie una obra de arte: hace unos años, creó tres personajes en Instagram que ella interpretaba como si fueran reales. Luego lo exhibió en la Tate Modern (Londres).

Y luego se convirtió en su propia carne. “A algunas personas les incomoda y otras se ven reflejadas. Una vez recibí un mensaje en Instagram preguntando si Lola era real o si se trataba de un ente de carácter sobrenatural. Hay algo siniestro en lo que hago y tiene que ver con no querer reconocernos en lo que somos, con no querer aceptar nuestra poca originalidad en la búsqueda constante de aprobación. Es siniestro porque es paradójico: suponemos que mostrando nuestra individualidad vamos a ser únicos, pero estamos haciendo lo mismo que hacen todos”, cuenta.

Lux levanta su teléfono, responde un mensaje, el pulgar se desliza con fluidez por la pantalla. Forma parte del programa de artistas de la Universidad Torcuato Di Tella, participó del Festival Presente Perfecto de México y es una de las figuras destacadas del circuito Gallery, exposición itinerante que atraviesa distintas galerías de arte de Buenos Aires.

Lola no es su único personaje. Hace poco nació otro: la copa de champagne, el billete de cien dólares alrededor del cuerpo desnudo; un ojo blanco, vacío, muerto. La imagen es tan atractiva como tenebrosa. “Me gusta trabajar con esas dos ideas: lo bello y lo siniestro. Nuestra imagen externa que pretende vender perfección y la cruda realidad que escondemos dentro de nosotros”. Especialista en redes sociales (trabaja en comunicación digital de distintos espacios), dice que lo primero que les enseña a los alumnos de sus talleres es que definan sus objetivos y construyan su propia ficción. De eso se trata, también, su obra.

Verse extraño. Saddy nació en 1997 en la localidad de Glew. Aunque es hijo de los tiempos que corren, sabe lo que es cargar con la mirada reprobatoria de una sociedad que no está acostumbrada a convivir con los diferentes. Tiene veintiún años y desde chico se sintió distinto; quizás por eso tuvo la necesidad de exponerse y expresarse. El simple hecho de existir, dice, es su obra. Y su obra consiste en intervenir el cuerpo con maquillaje y vestuario, presentarse ante el público, romper con los moldes de lo aceptado. “La gente no está acostumbrada a ver a alguien como yo. Les parece extraño, les da asco, les repugna, les encanta… Los hace pensar en algo. Me gusta generar impacto, no importa cuál sea. Quiero que, si alguien me ve en la calle, cuando termine el día se quede pensando en mí.”

Saddy. La mayoría de sus revolucionarios looks y outfits se encuentran en Instagram, en su cuenta “Saddy the destroyer”: @3iny3l. /Rubén Digilio.

Saddy. La mayoría de sus revolucionarios looks y outfits se encuentran en Instagram, en su cuenta “Saddy the destroyer”: @3iny3l. /Rubén Digilio.

De chico, Saddy elegía disfraces para festejar sus cumpleaños. Se probaba la ropa de los demás, inventaba arreglos extravagantes sobre su cuerpo y su cabeza, usaba los maquillajes de su mamá. No tenía ninguna intención artística, “simplemente –dice–, estaba existiendo, sin prejuicios”. Aunque fue a una escuela de artes visuales, su recorrido empezó en fiestas alternativas y dentro del universo drag (hombres que se visten como divas, llenas de colores, brillos, que hacen de su look una contracultura). Pero aun cuando las fiestas lo convoquen, su personalidad tranquila, su timidez y sus intenciones estéticas y políticas lo fueron llevando de a poco al mundo del arte.

Para él, maquillarse es pintar un cuadro en su cara. Puede pasar horas preparándose para una presentación. Aunque reconoce como referentes a artistas internacionales como la neoyorkina That girl Sussi y la galesa Salvia, son su “familia drag” quienes más lo inspiran.

Saddy, monstruo angelical. /Rubén Digilio.

Saddy, monstruo angelical. /Rubén Digilio.

Su idea es que el espectador entienda que la ropa y el maquillaje no reconocen de géneros, que la disidencia existe y que todos tienen el mismo derecho a habitar los espacios. Entre otros, los lugares por donde transita esta obra de arte en movimiento fue el Palais de Glace y las performances de Osías Yanov en la galería Nora Fisch y el MAMBA, ambos en Buenos Aires. A veces monstruoso, a veces angelical; mezcla del payaso de IT y el cantante alemán Klaus Nomi, Saddy perturba y emociona según quién lo mire, con qué anteojos, con cuántos prejuicios o con cuánta libertad.

Provocadores, reflexivos, alquimistas que exhiben la superficie para hablarnos de aquello que escondemos en lo más profundo, Natacha Voliakovsky, Lux Valladolid, los Básica TV y Saddy son representantes de un arte que está dispuesto a poner el cuerpo ante el avance de la virtualidad, la falta de compromiso y los discursos vacíos del nuevo siglo. Quizás, en la complejidad y diversidad de sus obras, se escondan las respuestas para hacerle frente a un mundo cada vez más chato.

Fuente: Clarín