El precio récord de Leonardo calienta el mercado del arte

Acaban de pagar US$ 450 millones por un cuadro atribuido al genio del Renacimiento. Los expertos prevén otras subas.

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“La sencillez es la máxima sofisticación”. Esta expresión, atribuida a Leonardo Da Vinci, era la favorita de Steve Jobs, un hombre que -salvando tiempos, distancias y especialidades- fue comparado con el genio del Renacimiento. Pero ni el factótum de Apple, ni -mucho menos-Leonardo podrían imaginar que un cuadro de 65 centímetros x 45, pintado hace más de cinco siglos y que tuvo un curioso y enigmático derrotero, iba a convertirse en nuestros días en el más caro de la historia: por “Salvatore Mundi”, atribuido a Leonardo, acaban de pagar más de US$ 450 millones en la subasta de Christie’s, en Nueva York.

Christie’s promocionó bastante esta oferta girando el cuadro por las principales capitales durante las semanas previas, pero nadie previó semejante disparada. En menos de veinte minutos, había ofertas por US$ 200 millones. Y a partir de allí, se entabló una batalla entre dos anónimos, vía telefónica, que subían de a 2 millones. “Es un momento histórico”, exclamó el subastador, Jussi Pylkkänen, cuando llegaron a los US$ 300 millones. Hasta que el martillo finalmente cayó en aquella cifra, que pulverizó el récord anterior pagado por una obra de arte: los US$ 300 millones que se entregaron por “Nafea faa Ipoipo”, de Gauguin, y una cifra similar -y un récord para el arte contemporáneo-que el magnate estadounidense pagó por el “Interchange” (Willem de Kooning).

El récord registrado por el Leonardo les sugiere a los expertos que el mercado del arte podría recalentarse, una vez más, como sucedió hace pocos años con el ingreso de poderosos jugadores: jeques árabes y nuevos ricos de China y Rusia. En la previa a la subasta del Da Vinci, se pagaron US$ 81 millones por “Arando un campo”, de Van Gogh, y otras cifras impactantes por artistas más cercanos como Leger, Chagall o Magritte. Y colocaron en lista de espera a una de las obras más esperadas como “Sity Last Suppers”, de Andy Warhol (1986) que –paradójicamente- homenajea a “La Ultima Cena” de Da Vinci.

Para el hombre común, y aun para analistas de negocios, estos números pueden resultar insólitos. Pero, evidentemente, el mercado del arte se mueve por otros andariveles, lo mismo que sucede con el espectáculo o lo que propone el mercado del fútbol, con los 222 millones que un equipo francés pagó por Neymar. Como escribió Jorge Marirrodriga en el diario El País: “Estos 382 millones de euros son 130 millones más que lo que Lufthansa ofrece por comprar toda la flota de aviones de Alitalia y hacerse cargo de la mitad de su personal”. Marirrodriga ironiza con que el personal original del cuadro “fue vendido hace 2.000 años por apenas 30 monedas de plata”.

Uno de los problemas es que no hay unanimidad de los estudiosos sobre la autenticidad de “Salvatore Mundi”, el retrato de Jesucristo que Leonardo Da Vinci habría pintado hacia el 1500. Carmen Bambach, curadora del Met neoyorquino, es una de las que duda. También en Nueva York, el crítico Jerry Saltz escribió que “la pintura está absoluta muerta. Su superficie es inerte, lívida y repintada tantas veces que parece al mismo tiempo vieja y nueva”. Pero Loic Gouzer, uno de los directores de la casa de subastas, replicó: “Salvatore Mundi es una pintura de la figura más icónica del mundo, creada por el artista más importante de todos los tiempos. Y pese a que la creó hace más de 500 años, su trabajo sigue siendo tan influyente en nuestros días”. Y otro experto en Leonardo, como Robert Simon, opina que Salvator Mundi “es la más rara y más importante pintura que apareció en el mercado del arte en el último siglo y si es un Leonardo, desde luego vale 400 millones”.

La pintura estaba, desde hacía cuatro años, en poder de uno de estos excéntricos megamillonarios rusos, Dmitri Rybolovlev –dueño del Mónaco, en la liga francesa de fútbol- quien le pagó US$ 127 millones de dólares al merchante suizo Yeves Bouver, con quien después entró en una interminable disputa en tribunales.

Si la historia es tal como la describen ahora, “Salvatore Mundi” pasó por territorio francés, hasta que llegó al dominio de la corona británica y fue exhibida especialmente en los tiempos de Carlos I, a principios del siglo XVII. La cuidaron y descuidaron por varios siglos, hasta que reapareció en 2005. Sometida a análisis y restauración, finalmente, consideraron que es un auténtico Leonardo. Allí cambió todo y Rybolovlev no dudó en pagar aquella fortuna en 2013. Enriquecido con las minas de potasio a la caída del comunismo, es uno de los nuevos ricos de la ex URSS y Forbes le calcula una fortuna de US$ 7.400 millones.

Se cree que invirtió dos mil de esos millones en obras de arte (Picasso, Gaugin, Rodin) aunque ahora empezó a desprenderse, en medio de la batalla con el merchante. También, se desprendió de 600 millones para pagar el divorcio de su mujer Elena. Y no se sabe cuánto pagó por quedarse con la isla de Skorpios, sí, la misma de Onassis, que le obsequió a su hija Katerina para su 24° cumpleaños.

La técnica del sfumato

Las opciones de contemplar un auténtico Leonardo son escasas. Solamente se conservan 20 cuadros atribuidos al genio renacentista. Seis de ellos se encuentran en el Louvre, incluyendo la famosísima obra “La Gioconda”. Envuelto, también, en las leyendas, se considera que es el auténtico retrato de Lisa Gherardini, la esposa de un comerciante de telas fiorentino. Y “La Gioconda”, o La Mona Lisa, representa la síntesis de la técnica de Da Vinci, el sfumato.

Fuente: Clarín