Inteligencia Artificial: las máquinas conocen nuestros hábitos y… ¿nos manejan la vida?

Los teléfonos, computadoras y televisores de hoy saben qué nos gusta, dónde vamos y cómo pensamos. Riesgos de un crecimiento sin límites.

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Tres millones de vidas se perdieron el 29 de agosto de 1997. Quienes sobrevivieron al fuego nuclear, llamaron a la guerra ‘El día del juicio’. Sólo vivieron para enfrentar una nueva pesadilla: la guerra contra las máquinas. La computadora que las controlaba; Skynet…” Así comienza Terminator 2, el día del juicio, la película de James Cameron que imagina un futuro apocalíptico donde las computadoras adquieren autonomía gracias a un recurso tecnológico que hoy está en auge: la Inteligencia Artificial.

Hace años que el cine y la literatura imaginan un porvenir con máquinas que toman conciencia de sí y desatan una competencia intelectual y bélica con los humanos, lo que proyecta un futuro sombrío. Pero aunque los expertos son escépticos al respecto (o al menos dicen que no pasará en el corto plazo), reconocen que la Inteligencia Artificial está bien asentada entre nosotros. Se expande y los efectos parecen irreversibles.

“Potencialmente podría haber una revolución de las máquinas, pero no estamos cerca de este punto”, aseguró Javier Minhondo, vicepresidente del área de Tecnología de Globant, donde hace seis años trabajan en desarrollos de data science, “un rubro en el corazón de la inteligencia artificial”.

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Junto a un pequeño robot, una de las competidoras de la Robo Cup Iran Open 2012, una de las mayores competencias de Inteligencia Artificial (AFP).

Ahora bien, ¿qué es exactamente la Inteligencia Artificial o IA? En realidad interactuamos con ella todo el tiempo: en las computadoras, los televisores y, sobre todo, en los celulares. Esta tecnología representa el germen de un proceso de automatización y autonomía de las máquinas.

Su crecimiento aún no vislumbra un techo. Está presente cuando buscamos algo en Internet, intentamos dar con nuestra serie favorita o compramos algo online. La IA siempre está detrás.

Claro que nada ocurrió de un día para el otro. También desde Globant, Juan José López Murphy explicó que el trabajo que venían haciendo en materia de big data y lenguaje natural (o machine learning: aprendizaje automático de las computadoras) se masificó y provocó una ola de apertura y difusión de estos temas, que terminó unificando todo bajo el concepto mucho más genérico de la IA.

Para sugerir música o una serie de TV, más allá de saber qué te gusta, los algoritmos podrían considerar dónde estás, qué hora del día es y qué estás haciendo.

Javier Minhondo (Globant)

Hay dos efectos de esta “oleada” que es clave entender, detalla López Murphy. Un área donde impactó notablemente esta tecnología es en la percepción de la información. Es decir, la posibilidad de que un programa de computadora sea capaz de “procesar y entender qué hay adentro de una foto, un audio o texto. Antes se necesitaba un ser humano para saber qué contenido tenían”.

El segundo aspecto son los procesos de toma de decisión. “Si expongo un algoritmo a tomar cierta decisión, esa acción va a determinar patrones que luego puedo automatizar”, explicó López Murphy. Y eso mismo “se puede replicar en situaciones de muchísima complejidad”, enfatizó.

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Que un robot logre romper un huevo y cocinarlo prácticamente define que ya está listo para los quehaceres domésticos (Julio Juárez).

Lo interesante es que en una lógica de mercado como la nuestra, la conjugación de estos procesos está permitiendo una personalización extrema en la oferta de productos. “El ideal sería que si voy a recomendar una serie o canción, no quiero tener en cuenta solamente qué te gusta sino dónde estás, qué hora del día es y qué estás haciendo”, explicó.

La carga de datos dentro de una computadora para que pueda tomar sus propias decisiones y, a su vez, aprender del contexto de interacción, tuvo su cima con AlphaGo Zero, un programa de computadora de inteligencia artificial que aprendió por sí solo las reglas del legendario juego chino Go.

En sólo tres días, la computadora venció a la versión predecesora del programa, que a su vez había destronado al campeón mundial en esa disciplina. “Estamos ante una inteligencia artificial que aprendió a ganarle a otra. ¡Uno pensaría que se nos viene Terminator!”, bromeó Minhondo.

No es la idea poner un algoritmo a jugar con armas nucleares, a ver qué pasa. Estamos hablando de usar algoritmos cuya inteligencia podamos entender y evaluar.

Daniel Rabinovich (Mercado Libre)

Por eso López Murphy trae a la mesa las previsoras palabras de Elon Musk, fundador de PayPal, Telsa Motors y SpaceX, entre otras empresas innovadoras en tecnología. Musk había advertido de los riesgos de mezclar Inteligencia Artificial con armas. Con una sencillez que asusta, expresó que “podría volverse muy complicado”.

Pero no se trata del “miedo a que tomen conciencia y se vuelvan contra los humanos, sino que pueden surgir consecuencias como el desarrollo de un sistema que se adapte demasiado rápido y contra el que tal vez no podamos reaccionar a tiempo”.

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El smartphone es prácticamente una computadora y una de las expresiones cotidianas más claras de la Inteligencia Artificial (Bloomberg).

No es ficción. Algo así sucedió a mediados del año pasado con el prototipo de un programa de IA de Facebook, creado para que sus agentes informáticos, los bots Alice y Bob, hicieran negocios con humanos. En la etapa experimental los pusieron a negociar entre ellos. Pero todo se salió de control: como buenos algoritmos, desarrollaron un lenguaje más acotado y eficaz para encarar los negocios. Y de tan efectivo y acotado se volvió inentendible e irrefrenable, como un loop. Tuvieron que apagarlo.

Más de 2.1 billones de personas en el mundo se conectan cada mes por Facebook. Sus desarrollos en materia de IA están “orientados a crear una comunidad segura, dentro y fuera de la plataforma”, dijeron a Clarín representantes de la compañía.

Uno de nuestros focos es el desarrollo de una aplicación para chicos hipoacúsicos, que interpreta el lenguaje de las señas y actúa subtitulando el movimiento de las manos.

Laura Lanzarini (UNLP)

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La “realidad aumentada”, otro de los grandes avances tecnológicos del momento (Bloomberg).

Aunque recientemente presentaron en Argentina un sistema basado en IA para detectar, en tiempo real, comportamientos o pensamientos suicidas de los usuarios, aseguraron que están construyendo “nuevas experiencias visuales, como una cámara con esta tecnología, y que funciona a través de FacebookInstagram y Messenger, con el fin de reducir el tiempo dedetección de contenidos inapropiados”. La cámara es un ojo que analiza el contenido que los usuarios publican, y va consolidando distintos patrones.

Daniel Rabinovich, gerente del área de Tecnología de Mercado Libre, advirtió, en diálogo con Clarín, que estas herramientas deben ser usadas con cuidado: “No es la idea poner un algoritmo a jugar con armas nucleares, a ver qué pasa. Estamos hablando de usar algoritmos cuya inteligencia podamos entender y evaluar… siempre son los humanos los que hacen cosas malas. Nunca las máquinas”.

En la compañía de comercio electrónico líder de América Latina trabajan desde hace quince años en el campo del machine learning.

“El buscador de Mercado Libre aprende continuamente en base a lo que está escribiendo y cliqueando la gente”, aseguró. Además, están avanzando en materia de computer vision, un algoritmo que extrae atributos de las imágenes subidas por los usuarios, de modo que esos detalles aparezcan luego en la descripción de los productos. También los sistemas de recomendación y de seguridad de la empresa funcionan en base a IA.

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En 2015, una muestra de las 500 que participaron del encuentro “Inteligencia artificial. Arte en nuevos medios”, en el centro cultural Borges de Buenos Aires (EFE/ David Fernández).

Se prevé un futuro de cambio profundo en la sociedad. Para Rabinovich, “que las máquinas piensen va a hacer que nuestra casa, nuestra educación y salud cambien”. “Que confiemos más en lo que dice una máquina que en lo que dice un humano, es una cuestión de tiempo”, aseguró.

“Las personas, por mejor voluntad que tengan, no saben. Hoy, si yo tuviera que atenderte como usuario de Mercado Libre tendría que aprender un montón de cosas antes de poder contestarte. Son cosas que una máquina ya sabe”, sentenció Rabinovich.

Un riesgo de la Inteligencia Artificial es el desarrollo de sistemas que se adapten demasiado rápido y contra los que tal vez los humanos no podamos reaccionar a tiempo.

Cuando se busca generar proyectos que sean útiles socialmente, la educación parece ser el terreno ideal para desarrollar aplicaciones con Inteligencia Artificial.

Gonzalo Zabala es especialista en robótica, investigador de la Universidad Abierta Interamericana, socio fundador de Playbots SA y autor de Robots o el sueño eterno de las máquinas inteligentes. En diálogo con Clarín desestimó la posibilidad de que se pueda crear un software autocontrolado y autoabastecido. Aunque el mundo esté cada vez más automatizado, opinó, “la tecnología no tiene carácter moral”.

Es una cuestión de tiempo que empecemos a confiar más en una máquina que en un humano. El hecho de que las máquinas piensen va a producir cambios profundos en nuestras casas, en la educación y la salud.

Daniel Rabinovich (Mercado Libre)

Pero como opina que “la Inteligencia Artificial debe aparecer en las aulas”, está trabajando en la confección de un taller escolar para que los chicos tomen contacto con esta tecnología.

Además compartió una idea suya basada en IA, que llama “Aprendizaje adaptativo”: su objetivo es crear un software que “aprenda en qué falla un alumno y se vaya adaptando, de modo de ofrecerle al chico ejercicios que apunten a solucionar los problemas de ese alumno en particular”.

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Un robot humanoide exhibido en febrero de este año, en el Mobile World Congress (MWC) de Barcelona, España (Bloomberg).

“La IA no es mágica. Las personas no van a desaparecer y Skynet no va a tomar el control de nada”, aseguró a Clarín Laura Lanzarini, del Instituto de Investigación en Informática de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Para ella, todo eso es un mito:“Muchas cosas se pueden automatizar pero estamos lejos de que las máquinas tengan tantas libertades”.

Es cierto que las máquinas “pueden hacer muchísimo más rápido tareas repetitivas en las que los humanos somos muy malos”, comentó la experta, y agregó que esa capacidad, sumada a “su gran velocidad de procesamiento, les da una gran ventaja en tareas a gran escala”. En este sentido, detalló que el volumen de información con el que suelen trabajar los programas de IA “es tan grande que para los humanos sería imposible de procesar… y es cierto: parece magia”.

Lanzarini lidera un grupo de investigadores que lleva adelante desarrollos de sistemas inteligentes. Ahora están trabajando en un ambicioso proyecto de resúmenes automáticos de documentos.

El objetivo –contó- es obtener los extractos más importantes de una colección de documentos sobre un tema específico. Por ejemplo, se podría obtener el “estado del arte” sobre una materia en particular de una manera más acelerada que si se hiciera a mano.

En cuanto a la rama educativa, en la Facultad de Ingeniería de la UNLPtambién avanzan en una aplicación interesante. Es un programa para chicos hipoacúsicos, que interpreta el lenguaje de señas.

“Sería como subtitular el movimiento de las manos”, explicó Lanzarini. Funciona “con una cámara conectada a la computadora. El sistema corrige el movimiento de las manos y enseña el lenguaje de señas”. Se podría incorporar a Skype, por ejemplo: “Una persona te hablaría con las manos y tendrías la traducción a texto”.

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Tecnología de punta exhibida en febrero pasado en Mobile World Congress (MWC) de Barcelona, España (Bloomberg).

Aunque Lanzarini cree que “falta para decir que las computadoras se van a comportar como personas”, coincide en que la revolución de las máquinas ya llegó, en especial a nuestros bolsillos: “El celular es casi una computadora… su funcionamiento está estandarizado y uno lo da por hecho, pero hay millones de cálculos ahí detrás. Si uno entendiera un poco cuáles son, sería maravilloso”.

Fuente: Clarín