La silla, en doce historias curiosas

Una exposición en el Museo de la Ciudad cuenta rarezas y alienta recuerdos de otras épocas.

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Cada objeto está relacionado con una narración.

Es un objeto que, de tan cotidiano, parece que siempre estuvo ahí, aunque en realidad sus diseños, sus usos y su estatus fueron cambiando.

Cada objeto está relacionado con una narración

De madera, metal, plástico o fibras vegetales. Para descansar, comer, estudiar, esperar por la extracción de una muela o estirar el pie mientras un vendedor pruebe un zapato al potencial cliente. La silla es la protagonista de una nueva muestra en el Museo de la Ciudad.

Los cambios en los usos que se han dado a este mueble pueden a veces resultar antojadizos pero caminan a la par de los tiempos. Una silla de estilo neogótico, viejo símbolo de prestigio, puede ser hoy un objeto decorativo vintage sobre el que colgar la ropa. O una vieja estructura metálica de cabezal y brazo móvil donde en un momento se operaba de las amígdalas a los niños podría parecer en la actualidad un artefacto de tortura.

Cómo eran las aulas cuando los pupitres obligaban a los escolares a sentarse sobre un banco anclado al escritorio de quien se encontraba detrás. O quiénes eran los afortunados que podían contar con un asiento de madera provisto de orinal de cerámica en su habitación.

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La exposición “Doce sillas” narra, a través de una docena de diseños de diversos materiales, los usos que adquirieron estos objetos según el estatus, posición y preferencias de quienes los utilizaron a lo largo de las décadas del siglo pasado en Buenos Aires. La muestra es el resultado de un ejercicio final de investigación de los alumnos de la Escuela Nacional de Museología con el que el Museo colabora poniendo a disposición su acervo, compuesto por más de un centenar de sillas datadas desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad. La colección creció en los últimos 50 años gracias a las donaciones particulares.

El director de la Escuela, Eduardo Tenconi, destaca que la silla “recorrió un largo camino hasta llegar a ser un objeto cotidiano y estar al alcance de todos, hasta convertirse en fundamental y cuya presencia incluso muchas veces no notamos”.

La colección creció en los últimos 50 años.

“Me fueron llevando por los pasillos de la casa… Abrieron la puerta de la última habitación y él se encontraba frente a la ventana, en penumbras… Al verme, su expresión cambió. Llegó al fin, dijo… Lo levantaron y lo confiaron en mi asiento. Rodamos sin descanso varias horas”. Esta narración remite a una silla de ruedas datada de 1900-1920. “La procedencia de la silla de ruedas es incierta, aunque se han encontrado imágenes que datan de hace cinco siglos. Se cree que la primera fue creada para el rey Felipe II de España en 1595”, explica Guadalupe Nogueiras, alumna de la Escuela y quien asumió el rol de coordinadora de la exposición.

“Me proclamo testigo de amores y desamores, de discusiones futbolísticas y de grandes obras literarias. Me pueden encontrar en bares notables, históricos y exclusivos y he recibido a una amplia fauna de compadritos, bohemios y músicos, sin embargo, ¿qué poeta me ha cantado”, dice el relato que otorga la primera persona a un modelo Thonet expuesto en la sala. Michael Thonet fue el conocido diseñador que impulsó la producción industrial en serie de este mobiliario.

Conocida como la “silla del café vienés”, su propuesta fue revolucionaria por la división del trabajo que proponía su realización y la técnica del curvado de la madera. Una Thonet de 1950 adaptada como asiento inodoro también se exhibe en el Museo. Otra de las propuestas es un sillón de boutique o de zapatero, mobiliario que formaba parte de una costumbre de las tiendas de replicar estilos europeos inspirándose en la estética de la silla Savonarola o Barcelona y que servía para que el cliente se probara con comodidad el calzado.

“Una silla para la extracción de amígdalas (Eugenio Casado & Cia-1930) es de los objetos más llamativos de la sala. Su estructura metálica fue diseñada por la casa especializada en mobiliario médico y, según cuenta el Museo, varios visitantes recuerdan la experiencia de sentarse sobre estos fríos asientos para ser operados. En un banco escolar de los años 40 se aprecia la esencia del pupitre, mueble creado por un ingeniero francés “que midió a miles de chicos antes de diseñarlo”.

El director del Museo, Ricardo Pinal, aclara que habitualmente estas sillas no están expuestas. “La colección completa es muy importante: las hay de hospitales, con vasinilla, las de caña que se cree que son de Mar del Plata pero que eran de bares y que se enviaron a la costa cuando la municipalidad empezó a cobrar por su uso en las veredas o las sillitas de comer para niños, en las que hoy nadie pondría a una criatura aunque muchos comimos en ellas”, explica.

“La tarde en que a Elo le ganó el sueño tras horas de llanto, su papá exhausto no pudo resistir la tentación de sentarse, bebé en brazos, en la vieja mecedora de la abuela Eloísa para disfrutar del silencio. ¡Al fin!, pensó, y comprendió las palabras de la abuela: Llévate la silla, la vas a necesitar…”, escribió un alumno inspirado en una mecedora “rocking chair” estilo Windsor de 1950.

PARA AGENDAR

Doce sillas. Puede visitarse todos los días de en la Sala 1°Piso Altos de “La Estrella” (Alsina 412), de 11 a 18

Fuente: Por Cecilia Martinez – La Nación