Claudia Piñeiro presenta “Las maldiciones”

En su nueva novela, la escritora se mete en el mundo de un candidato, ficcional, un líder de la nueva política. "Le sacaron la ideología a la política. Eso añoramos", enfatiza. La escritora siempre vivió en Provincia de Buenos Aires y allí transcurre su novela.

claudia piñeiro

Claudia Piñeiro va a escuchar muchas veces esta pregunta en los próximos meses, cuando presente Las Maldiciones, su última novela, la que los camiones están dejando en las librerías ahora mismo.

¿Es Macri el protagonista?

Dirá que no. Dirá que es ficción. Dirá que Fernando Rovira -su intendente del conurbano que quiere ser gobernador- en todo caso viene después de Macri. Pero lo presenta así, léanlo, en las primeras páginas:

“Fernando Rovira, un emprendedor inmobiliario de la zona norte del Gran Buenos Aires que luego de un crecimiento vertiginoso gracias a loteos, barrios cerrados y algunos negocios financieros armó un partido vecinal “cansado de la vieja política que pone palos en la rueda a los que queremos trabajar por este país”.

¿Es Macri? Claudia Piñeiro dice que, en todo caso, el personaje le recuerda más a algún otro. Y que añora -esa palabra usa- épocas en que la política era más ideología que marketing. Tal vez por eso esta novela.

Desde 2005, cuando ganó el Premio Clarín con Las viudas de los jueves, cada libro de Claudia Piñeiro se subió a los rankings de ventas. En ese, su primer éxito, contaba detalles tremendos de la vida en los countries. Una postal descarnada de los 80, con un condimento picantito: ella vivía -sigue viviendo- en un country. Siguieron otros libros que fueron muy leídos: Betibú, Un comunista en calzoncillos, Una suerte pequeña. Las viudas y Betibú se convirtieron en películas. Otra novela, Las grietas de Jara, se estrena en junio. La mirada de esta mujer nacida en Burzaco en 1960 llegaba a la sensibilidad de muchos.

Y ahora se mete con la política.

No es un dato menor, en este caso, la vida privada. Desde hace algunos años Claudia Piñeiro es la mujer de Ricardo Gil Lavedra, quien es parte la historia argentina: fue el juez más joven del Juicio a la Juntas. Fue secretario del Interior con Alfonsín. Fue Ministro de Justicia con De la Rúa. Es, digamos, un hombre de la política. Un radical. Esa es la cotidianeidad de la escritora.as maldiciones, entonces, cuenta la historia de Fernando Rovira, líder del partido Pragma -el nombre habla, que quiere dividir la provincia de Buenos Aires en dos y gobernar una parte. Más que militantes tiene un equipo profesional y dirige sus pasos un asesor que es un gurú del marketing. Rovira ha contratado a un chico, Román, no se entiende por qué. Hasta que le pide ALGO (no se puede decir) que va más allá de los límites. La nueva política.

En la novela, sorpresa, hablan un tal Ricardo Alfonsín y un tal Eduardo Duhalde: la autora los entrevistó en la realidad y le donó esa entrevista a otro personaje: la China Sureda, periodista. Ellos le hablan de una historia que da nombre a la novela: una maldición que hizo una bruja, “la Tolosana”, para impedir que los gobernadores de Buenos Aires lleguen a ser presidentes.

-¿Me preguntás de dónde salió la novela? Un poco de acá: una de las pocas veces que vi a mi pareja llorar fue viendo un discurso de Alfonsín. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Entonces yo la sensación que tuve una añoranza… de una forma de hacer política. Hay algo que se perdió de la política y hay mucha gente, yo incluida, que lo añoramos.

La novela le tiene cariño a Raúl Alfonsín y un montón de gente que le tiene cariño a Raúl Alfonsín. Va camino a ser un prócer.

-¿Cuánto tuvo que ver tu vida con Ricardo con el diseño del mundo de la novela?

-Yo todo el tiempo estoy escuchando cosas relacionadas con la política. Y no porque me la vengan a contar sino porque estás en un lugar donde conversan dos personas, o hay un llamado de teléfono, es como que te empezás a enterar de muchas cosas que están por detrás y que tienen más que ver con la composición de los personajes al estilo literario. Pero la novela es ficción y lo que pasa en la novela es ficción.

-¿Los políticos reales también parecen construidos como ficción?

-La relación entre la política y la literatura es absoluta. En la época kirchnerista se hablaba del “relato”. Parece que es una palabra sólo aplicada al kirchnerismo pero cada partido tiene su propio relato, su forma de contarse. Y a los políticos hoy alguien les construye el personaje también, ¿no? Pero se los construye desde el marketing. Así que pienso que la verdad está en la ficción, en la literatura.

-¿Cómo?

-Vos entrás a leer una novela sabiendo que es ficción. Yo te digo: “yo te voy a contar una mentira”, entonces yo no te miento, porque lo que leés es mentira. En el discurso político vos crees que te están hablando de verdad y muchas veces te están mintiendo. Entonces me parece que el refugio de la verdad está en la literatura, no en la política.

-Sí, pero entrevistaste políticos de verdad.

-Yo tenía ganas de entrevistarlos para que fueran parte de la ficción, pero ellos me respondieron de verdad a esas preguntas. O sea, yo les pregunté que opinaban de la división de Buenos Aires y ellos contestan sobre eso.

-¿Dónde viste a cada uno?

-A Duhalde en sus oficinas. Y Alfonsín estaba cerca y vino a mi casa de Capital. Cuando mi hijo abrió la puerta y entraba Alfonsín, se quedó como… impresionado… Porque son instituciones, ¿no?

-¿Qué decía Raúl Alfonsín el día que hizo llorar a Gil Lavedra?

-Era el discurso de cuando cierra la campaña del 83. Es un discurso sumamente emotivo, está la 9 de julio llena de gente Y termina con el preámbulo, que te pone un poco la piel de gallina…

-¿Alguien habrá inventado ese recurso?

-No creo, no me imagino a alguien diciéndole No es que alguien le iba a decir, “che, decí el preámbulo, porque la gente se va a conmover…

Claudia Piñeiro presenta “Las maldiciones” el lunes 1° a las 18 en la sala Victoria Ocampo. Luego hablará de ella y de otros temas el sábado 5 a las 17, en el stand de Clarín.

-Rovira, en tu novela, no toma una decisión sin consultar a un focus group. Incluso alguna muy íntima.

-Hubo un corte en la política. Alguien vino y dijo: “Hay que hacer esto”. Y para ganar las elecciones evidentemente sirve. Porque después ganan las elecciones. Lo que no sirve es para el bien común. Hay discursos en los que notás que es: “conviene esto porque va a producir un efecto en esta cosa inmediata”. Sacaron la ideología. Eso añoramos.

-No sabés la ideología de Rovira..

-No tiene. Por eso el partido se llama Pragma. Lo que le sirve, es.

-¿Lo que le sirve para qué?

-Para que lo voten, porque en definitiva él quiere ser presidente.

– Pero se supone que alguien quiere ser presidente para hacer algo-

-Ah, noooo… Él quiere ser presidente. Fijate los candidatos que han ganado en el mundo, todos apostando al marketing.

-Es como una grieta de la democracia. Ganaron democráticamente.

-La democracia tendría que tener un resorte que ayude a que no pasen determinadas cosas, ¿no?

-Hay un personaje entrañable, un radical, que dice cosas como “si sos radical podés tener manceba, amante, dos familias (…) pero divorciarte nunca. Se nota la cercanía con los radicales. Y a través de ese personaje, el cariño a Raúl Alfonsín.

-La novela le tiene cariño a Alfonsín, y hay un montón de gente que le tiene cariño a Alfonsín. Creo que Alfonsín va camino a constituirse un prócer. Comparado con todo lo que ha venido después de él, fue un lujo, ¿no?

-Esta novela parece la de alguien que está decepcionado con lo que es la política en este momento.

-Exacto. Decepcionado de la política, y después cada uno leerá el final, no vamos a hablar del final de la novela.

Márketing, manipulación, miedo. Pero tranquilos: Las maldiciones apuesta al futuro. A que hay futuro.

Fuente: Patricia Kolesnicov, Clarín.