El chico que relataba partidos de fútbol

La primera novela de Pablo Di Pietro en la que están presentes las Malvinas, el fútbol, las peleas familiares por ideologías, la dictadura militar y otros temas que reflejan episodios muy traumáticos en pocos años - Por Carlos Marrero, especial para DiariodeCultura.com.ar

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Como preámbulo del mundial de fútbol en Rusia, Pablo Di Pietro (Marcos Juárez, Córdoba 1970), nos traslada a la historia de Nacho y Sosita: “Me interesaba abordar el tema Malvinas, no desde una fantasía futbolera ni por una especie de redención de recuperación de las islas frente a un partido, como a veces se hace en medio de lugares comunes, cuando se aborda este tema, sino que intento repasar lo que efectivamente ocurrió en esos días de la guerra de 1982.

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Ese tiempo lo viví intensamente y lo recuerdo como un momento muy atravesado por el fútbol y ese clima de euforia que tenía mucha referencia con el mundial 78 que era como la relación inmediata anterior que había en esos días. Después, se fue volviendo muy patético porque quedaba expuesto el estilo futbolero atravesado por lo sensible del conflicto bélico que se iba imponiendo. Pasaban los días a partir del 2 de Abril y se iba poniendo más pesado el clima porque Inglaterra se venía. Ya no era solamente plantar bandera y declararlas argentinas otra vez. Había que poner el cuerpo. Había muchos pibes, gente conocida, familiares y ahí el clima se enrareció. Sin embargo ese ambiente futbolero inicial siguió con el correr de los días. Me pareció que era una buena excusa para revisar ciertas costumbres vinculadas al fútbol que frivolizar cuestiones más graves”.

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Para esta publicación de Ediciones Deldragón, “traté de ser lo más riguroso posible en cuanto al trabajo periodístico con la historia y la progresión del conflicto y por otro lado dejar volar la cuestión dramática con la relación que va entablando el chico relator (Nacho), con el ídolo deportivo de su pueblo que va a combatir al archipiélago (Sosita). Ese pibe había puesto toda su fantasía de que Sosa llegara a ser eso que imaginaba que era un crack de fútbol. Cuando va a la guerra se le mezclan los papeles que no sabe si Sosita está yendo a consagrarse y no ve que en realidad está haciendo otra cosa. Fue jugar un poco con esa (confusión) que vive el protagonista, un nene de 11 o 12 años a quien no se le puede reprochar nada por su inocencia. Creo que un poco o por lo menos la intención fue encarnar esa visión infantil que a veces tiene la sociedad argentina ante determinados conflictos. En esos días había una euforia desmedida” recuerda el escritor y colega deportivo.

“Hay una subtrama entre el chico con sus primeras fantasías con su prima y Sosita, una especie de flirteo, un romance de verano con ella y que desea que sea de la familia para estar cerca de su ídolo. Eso en principio, también, desde la inocencia. Por ese digo que esta es una novela de aprendizaje de iniciación del género ese que me parece bastante implorado que son los primeros pasos cuando pasas de la infancia a la adolescencia y descubrís el mundo tal cual es. Además se le mezclan los sentimientos que Nacho siente hacia su prima que cree que Sosita se la roba en algún punto. Eso estalla cuando sobreviene la guerra y estalla todo”, dice con énfasis.

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Explica Di Pietro que, “es una mezcla de cómo abordar a veces el fanatismo del fútbol, recrear la infancia y el papel fundamental que tiene el fútbol que es muy importante porque es un juego maravilloso que fue crucial en mi formación más allá de que uno sea hincha de un cuadro y que sigo los partidos. Después, revisar Malvinas desde el continente, que con justicia siempre se habla de los excombatientes para decir bueno es una mirada no tanto desde el combate en si. Sino también hay un reflejo de como Sosita vivió ahí su padecimiento si no también ver esto de que la guerra ocurrió lejísimo y desde acá lo vivimos como una situación como esquizofrénica. Donde seguía la vida normal, se veía por televisión, los partidos se seguían jugando. Se vino el mundial 82 era todo muy loco y además fue loco también el fútbol en la dictadura”.

Repasemos un momento que recrea el libro, “el mismo día 24 de Marzo de 1976 cuando comenzaba el gobierno de facto que encabezó Jorge Rafael Videla, el seleccionado argentino y lo vimos por televisión, le ganó 2 a 1 a su similar de Polonia que se jugó en la ciudad de Chorzow en una gira europea antes del mundial 78. Fue lo único que interrumpió la Cadena Nacional. Toda esa secuencia futbolera, con la dictadura con la previa del golpe y todos esos líos permanentes, ahora que pasó tanto tiempo, se puede ver un poco con cierta distancia. Eso fue el punto de partida para esta publicación”.

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“También homenajear a la generación Malvinas”, expresa con emoción y se justifica, “conocí a algunos de Marcos Juárez que fueron a combatir y lo que pasó después con los excombatientes que transitaron una situación límite. Para ellos fue algo extremo de estar ahí, pasan los años y por más resarcimiento que haya cargaron con un peso muy grande como lo fue la indiferencia de la sociedad. Los excombatientes que leyeron el libro se vieron reflejados en muchas situaciones. Vivimos muchos episodios muy traumáticos en pocos años, Ezeiza a los tiros (la vuelta de Juan Domingo Perón), dictadura, mundial 78, Malvinas es como muy potente. En esa locura general que hubo apoyamos una guerra que se planeó a los ponchazos. Después las frases “estamos ganando / seguimos ganando”, eso me marcó y la canción “No bombardeen Buenos Aires” donde Charly García le pide piedad a los ingleses. Paralelamente con el fútbol cuando llega un mundial el clima se repite como que este deporte es la gran redención que estamos esperando. Seguimos pensando que Dios es argentino, el uno a uno, el viajecito.

En general la novela tiene muchos elementos autorreferenciales. Hay mucho de mi infancia, de mi familia como punto de partida para la acción dramática que es lo que empuja la novela. Mi infancia transcurrió entre esas discusiones de peronistas y antiperonistas”, finaliza Pablo Di Pietro.

pablodipietro@gmail.com

@camarrero1

Ilustraciones y diseño de tapa: Sandra Cabrera.