El teatro en el primer peronismo (1943-1955)

"No creo que ahora exista censura, creo que lo más grave es la autocensura", dice Perla Zayas de Lima. Por Carlos Marrero, especial para DiariodeCultura.com.ar.

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La autora (Doctora en Letras e investigadora del Conicet en materia teatral), refleja un período de nuestra historia que por cierto es una réplica de incontables enfrentamientos en el mundo de la política y que obligó al exilio a varias personalidades algunas mencionadas en esta obra que presentan Eudeba y Proteatro.

“Siempre me interesó el teatro argentino, que fue mi especialidad, para ver como desde sus orígenes todos los textos y puestas en escenas registraban, de manera voluntaria, conflictos interpersonales, pero también institucionales y socio políticos que contribuían al diseño de la realidad nacional.

Dramas, comedias, sainetes o grotescos siempre plantearon cuestiones o interrogantes que son pertinentes aun hoy.  Por ejemplo si la memoria armoniza o deforma.  Si con la cultura extranjera eso implica culturación o enriquecimiento o cual es la función y la pertenencia de un discurso ficcional.  Mis trabajos en general se relacionan: discurso  y  discurso ficcional que me sigue interesando.

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En general siempre el teatro es político,  pienso que también la definición de teatro político entraría bastante en esas ambigüedades y es porque de hecho todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene una posición política”, nos comenta.

Y explica que, “si uno toma el teatro político en el sentido de lo que había propuesto quien lo creo, Erwin Piscator (Alemania 1893/1966), y luego lo retrabaja Bertolt Brecht (Alemania 1898-1956) en el sentido de modificar el pensamiento de la audiencia o de géneros de alguna acción concreta.

Creo que el teatro argentino no llega hasta ese extremo salvo en algunas manifestaciones que se hicieron durante la última dictadura militar clandestina.  Pero por ejemplo la década del 70 todo el teatro villero o algo así proponía una acción directa pero más allá de eso siempre dentro del campo de los actores, de los empresarios creo que hay como un guiño hacia el poder político.

Salvo en aquellos teatros que se autodenominan comerciales o la gente interpreta que son teatros comerciales que están asociados al teatro como entretenimiento.

“Experiencias personales, cumplo 77 años”, nos dice Perla, mis padres eran extranjeros yo soy la primera generación nacida acá y mi padre trabajaba en una empresa que era nacional del rubro telefónico cuyo edificio sigue estando en la avenida Corrientes y San Martín (edificio Transradio).

Él curiosamente como inmigrante que fue, muy bien recibido en la Argentina y con muchas posibilidades, era simpatizante de Juan Domingo Perón.  Se negó siempre a que lo obligaran a hacer cosas en las cuales no creía.  Por ejemplo, el peronismo obligaba a llevar el escudito y como se negó lo amenazaron de muerte.  La amenaza la recibí yo, telefónicamente, cuando  tenía 12 años.  No pasó a mayores”, dice Perla.

“El siguió pensando que no era Perón sino quienes estaban en su entorno.  Siempre pensé que en realidad lo que hacían era seguir las directivas y creo que eso me marcó como para investigar.  Me interesa esta contradicción que encerraba pero que no podían aceptar que había fallas.  Siempre me interesó de alguna manera cuando me dediqué al teatro ver de que manera esto funcionaba en los escritores, actores los del teatro y supongo que todo arrancó en ese momento”.

“El libro me llevó cuatro años y deseaba tener una documentación la más completa posible como para tener esas fuentes y no dejarme llevar por los recuerdos.  Un poco el paso de treinta años en el Conicet como investigadora en el camino siempre científico.

Las argumentaciones que planteo que tengan que ver con las hipótesis que sean coherentes y eso me llevó mucho tiempo.  Ahora en forma no de libros sino de investigar ciertos temas  en realidad a partir de la década de 1980 empecé a investigar o la figura de Evita o el tema de los mitos, la relación entre mito y política como los personajes históricos aparecían mitificados y eso si lo había publicado en un libro que editó el Instituto Nacional de Estudios de Teatro que es el Universo mítico de los argentinos en escena.

También, pero desde otro enfoque, tomaba la parte contemporánea como las figuras de Evita, Perón y el Che (Guevara) habían sido mitificadas en el teatro contemporáneo argentino.  Creo que ese tema siempre me cautivó desde cuando empecé a trabajar en el Conicet”.

A modo de deseo expresa que, “me interesa que este libro lo leyera la gente más joven que tal vez ignora qué pasó en ese período 1943-1955  y aquellos que como pongo en el primer capítulo siguen pensando que uno tiene que escribir en favor o en contra  y que entonces uno pueda señalar errores.

En un congreso me dijeron que era gorila porque había hablado de la censura que había funcionado en ese momento.  Entonces intento replantear eso de como cambiar la mirada que uno pueda o no algo sin necesidad de estar catalogada en un casillero específico y como que ese tipo de catalogaciones se siguen repitiendo situaciones.

Trato que en los juicios sean los que se desprendan de los hechos pero un nunca deja de ser subjetiva porque uno elije los datos que uno quiere decir siempre hay subjetividad.  Lo único que puedo asegurar que los datos son ciertos.  Con el tema del peronismo uno cuando se planta frente a un tema no tiene que ser por ni alabar ni por denostar.  Incluyo juicios de valor y aclaro que son míos y eso tiene que quedar claro.

Tal vez uno nunca puede contar como fue realmente o también puede ser contada desde otro punto de vista.  Creo que más que calificar el libro, aquel que no está de acuerdo que escriba un libro con esos mismos datos y de otra posible interpretación.  No creo que nada esté cerrado”.

“La censura, depende las épocas,  un tipo de censura es la que funcionó en la década de 1970.  En la década de 1980 después de la llegada de Raúl Alfonsín hubo una especie de liberación.  No creo que ahora exista una censura creo que lo más grave es la autocensura.

Es decir que el autor o el director montan una obra con el miedo a ver que es lo que puedan decir o como lo puedan catalogar.  Creo que lo que sigue vigente es la tendencia a ponerle un rótulo a una persona a partir de su opinión  y entender, creo que hay muchos que no estudian o no representan determinadas obras por temor a ser excluido de lo que se podría llamar un concepto intelectual.

Lo positivo del libro es que da suficientes datos y elementos y bibliografía para que el lector revise y llegue sobre esa u otra conclusión”, se explaya Zayas de Lima autora de un centenar de artículos y quince libros, entre ellos cultura Judía Teatro Nacional.

“De alguna manera si me atraía poner un cierre a esa etapa de investigación ya que también me interesaba personalmente que yo interpreté que había como punto de partida de esa amenaza de muerte a mi padre,  pero creo que logré desprenderme de ese recuerdo.

No se trata como de olvidar sino dejar que esa memoria, esa cosa personal no fuera la guía del trabajo, es como un incentivo para hacerlo. Espero devolución.  Frente a mismos hechos se puede arribar a otras conclusiones”.

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