Juan Rulfo, cien años de un escritor que no para de crecer

Ganó su prestigio con sólo dos libros. Mostró las contradicciones de su país con una lengua única y climas de ensueño.

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Nacido en un la ciudad de Sayula en el estado de Jalisco, cuna del tequila y del mariachi, se cumplen 100 años del nacimiento del escritor Juan Rulfo, uno de los mayores autores de la lengua española y sin lugar a dudas el más universal de los escritores mexicanos.

Autor de dos obras maestras reconocidas en el mundo entero, su primer libro, publicado en 1953, es una compilación de cuentos titulada El llano en llamas, que cuenta las penas y miserias de los habitantes del campo de mexicano, tan parecidas a las miserias de los pobres y los desheredados de todos lados. Rulfo relata historias donde la injusticia y el hambre son moneda corriente así como los abusos de un gobierno criminal enemigo de los gobernados. Arrieros, campesinos, asaltantes de caminos, mujeres abandonadas, caciques despiadados y toda la violencia ocasionada por vivir en un territorio sin otra ley que la de la pistola, le dan su carácter único a la obra que retrata a los olvidados de la historia mexicana a través de la recreación de un lenguaje en el que se escucha, para fascinación del lector, la edad misma del tiempo: los personajes de Rulfo hablan una lengua inventada tan antigua y luminosa que parece verdadera.

Su segundo libro, una novela extraordinaria de 1955 que ha sido considerada de corte fantástico, responde al título de Pedro Páramo y se trata de una obra en la que todos los personajes, lo sepan o no, ya están muertos; por eso las voces que leemos, y que dan la sensación de que nos encontráramos en una especie de ensueño, salen desde las tumbas donde las almas recuerdan las desventuras, amores, tristezas y dolores de cuando estuvieron vivos, por lo que el lugar en el que alguna vez vivieron, Comala, aparece como sucursal del Infierno: allí no hay descanso para nadie porque en el otro lado, como en éste, también iremos a sufrir.

Llegado al mundo en los años finales de la Revolución Mexicana, la niñez de Juan Rulfo estuvo marcada por la muerte de su padre, madre, tíos y otros parientes de manera violenta, por lo que conservaría toda la vida un carácter taciturno y reservado.

Juan Rulfo, cien años de un escritor que no para de crecer

Muestra de Juan Rulfo. Algunos de los libros que se exhiben en la Biblioteca Nacional.

Huérfano y en el medio de un país desangrado, cursó sus estudios en un orfanato de la ciudad de Guadalajara, de donde salió en 1934 hacia la ciudad de México en la que viviría hasta su muerte, en 1986.

Antes de abocarse a la escritura, Rulfo desempeñó varios oficios; entre otros fue agente de ventas para la compañía de neumáticos Goodrich-Euzkadi, lo que le permitió conocer palmo a palmo la contradictoria, asimétrica y barroca república mexicana; y fue precisamente en esos viajes donde cultivó su afición por la fotografía, legándonos imágenes únicas de mundos que ya no existen y que recién ahora empiezan a ser valoradas por su calidad artística y la originalidad de su mirada: las imágenes de Rulfo, llenas de paisajes despoblados, desérticos o en ruinas son las imágenes de lugares habitados por fantasmas.

Si bien su prestigio internacional como escritor se afianzó desde la publicación de su novela, Rulfo realizó diversos trabajos para ganarse la vida; algunos como guionista de cine –existe una película experimental titulada La formula secreta o Coca cola en la sangre donde el sello de su estilo es evidente– y otros los realizó con su paisano Juan José Arreola, otro escritor de Jalisco con quien desarrolló el guión de la película El despojo. Posteriormente, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez adaptarían la segunda novela de Rulfo titulada El gallo de oro para la película del mismo nombre dirigida por Roberto Gavaldón en 1964.

Una de las causas por las que el caso de Rulfo es tan paradigmático es porque luego del éxito arrollador de sus libros dejó de publicar, aunque no de escribir (se sabe que escribió una tercera novela llamada La cordillera que destruyó con su secretaria). Su silencio configurado, que aún hoy inquieta a la crítica y despierta las envidias de los escritores, fue uno de los motivos recurrentes de asedio y murmuración. Rulfo, quien era reservado pero no falto de inventiva, daba siempre distintas respuestas a la misma pregunta: “no escribo más porque se murió el tío que me contaba la historias”; “yo ya no escribo porque tengo que trabajar”; “sigo publicando pero reportes sobre los indios de México”; “yo ya no escribo más porque estoy cansado”.

La realidad es que, como en pocos casos conocidos, a Rulfo esos dos libros le valieron para hablarse de tú a tú con la inmortalidad, hecho que atormenta a incontables autores que publican como dementes y que a Rulfo seguramente lo tenía sin cuidado.

Festejos

Para celebrarlo, y en sintonía con los festejos alrededor del mundo, en Buenos aires se lleva a cabo la #SemanaRulfo, que contempla la proyección de una película basada en sus cuentos el día mañana en el Auditorio Borges de la Biblioteca Nacional a las 19 horas, donde también puede visitarse la muestra Juan Rulfo. En la tierra de las voces compuesta por algunos de sus libros y retratos del autor tomados por Sara Facio. El viernes, para cerrar los festejos, se llevará a cabo la mesa “Rulfo desde el presente de la literatura latinoamericana” con la presencia de escritores de Bolivia, México y Argentina en la librería Eterna Cadencia a las 19 horas.

En México se estrenó ayer la miniserie Cien años de Juan Rulfo dirigida por su hijo Juan Carlos Rulfo que consta de 7 episodios de 50 minutos cada uno.

En Argentina puede conseguirse su Obra reunida publicada en un tomo por la editorial Eterna Cadencia.

Fuente: Clarín