La rara experiencia de escribir como muerto

Considerado como uno de los mejores narradores brasileños de su generación, el autor de “Descubrí que estaba muerto” parte de una escalofriante historia personal con la Policía de Río de Janeiro.

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Tras el sumario, por amenazas y arrojo de basura, a los ruidosos empleados de un restaurante de la planta baja del edificio donde vive, el escritor Joao Paulo Cuenca fue informado por la policía que, según documentos, él había muerto tres años atrás. Así comienza “Descubrí que estaba muerto”, que publicó Tusquets, investigación que mezcla thriller con una sociología que radiografía una zona de Río de Janeiro en plena transformación, que pasa de la autoficción a la reflexión metafísica, de las fiestas de los neoyuppies a la represión de ocupas. Cuenca ha sido seleccionado por la revista Granta como una de los mejores escritores brasileños de su generación, y por el Hay Festival Bogotá como uno de los mejores escritores jóvenes latinoamericanos. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cómo se siente como fantasma? Según el epílogo de “Descubrí que estaba muerto” la investigadora María da Gloria Prado informa que usted murió en 2016 como personaje literario, como persona real y como escritor.

Joao Paulo Cuenca: La novela se convierte en una plataforma permeable que me hace ser un fantasma y un personaje. Esa estrategia ficcional atraviesa el libro. Es un libro un poco raro si lo comparo con mis otras novelas. O con las entrevistas que daba antes de estar muerto, antes de convertirme en un personaje y en un personaje fallecido, en un escritor póstumo. Ese hecho es para mí clave en la lectura de mi libro. Un libro que no se cierra en sí mismo porque la experiencia sigue con “A norte de J. P. Cuenca”, la película que hice a partir de la historia, y sigue con un caso policial que queda abierto. ¿Cómo vivo como fantasma? Vivo una vida ficcionalizada. Atravesé una frontera, un portal, que me convirtió quizá para siempre en un personaje de novela.

P.: Usted parte en su historia del momento en que, por una pelea con vecinos, la policía le informa que hace tiempo que está muerto.

J. P. C.: A partir del momento en que empiezo a investigar sobre mi muerte y a escribir sobre la investigación, todo se vuelve una performance rara donde no sé si estoy escribiendo lo que estoy haciendo o estoy haciendo cosas para escribirlas. Hay un punto en que el dispositivo ficcional y lo que estaba viviendo se borra. La película que hice es un poco así también. Es un falso documental, porque tengo una cámara detrás de mí. El que esté escribiendo una novela en la que soy el personaje cambia mis acciones, me convierte en una especie de antropólogo de mi mismo, de detective de mi mismo, y eso cambia mis próximos pasos.

P.: Es un detective que busca esa víctima, ese muerto, que tiene la identidad de él mismo. Y al pasar registra la violencia de la realidad, la literatura como mercancía, la frivolidad del capitalismo tardío, entre otras muchas cosas.

J. P. C.: La experiencia para mí fue de desvíos, de no ir por el camino principal sino por los laterales. No sólo es una autoficción que me explora, puede verse como una novela policial, una novela metafísica, una novela sobre los caminos actuales de la literatura, muy metaliteraria, puede ser un análisis sociológico de Río de Janeiro, sus locuras y sus fiestas. Me parecía más interesante que el narrador y el lector fueran por esos diversos caminos sin saber que se van a encontrar después. Preferí una estructura desestructurada, basada en desvíos, me parecía más divertida para él lector. Y lo que hice fue organizar la expedición.

P.: Después de ser novela y volverse película, con usted como protagonista, de ser traducida y elogiada por escritores como Enrique Vilas-Matas, ¿cómo ve ahora su libro?

J. P. C.: El relato de “Descubrí que estaba muerto” es como una película de Hitchcock o una novela de Ernesto Sábato. A un tipo que tiene una vida normal le pasa algo que lo saca de su rutina y lo lleva al subterráneo, a un lugar donde no conoce las reglas, donde no tiene ningún control. Esa narrativa básica está presente en muchas obras, pero para mí mi libro es sobre eso. Me lleva a un lugar de Río que como muerto ofrezco una mirada a veces graciosa, a veces trágica, a veces caótica sobre la ciudad y sobre mi universo social, las fiestas, el medio literario, el periodismo, la destrucción y construcción urbana, los cambios que suceden en un momento determinado como fue el Río preolímpico de 2011. A veces ocurre algo que nos lleva a un lugar de descontrol. Y si hay critica a la política, a la situación social o a mis colegas también hay autocritica y humor.

P.: ¿Qué viene ahora?

J. P. Cuenca: Con “Descubrí que estaba muerto” cierro un ciclo de cuatro novelas. El fin de esta novela se relaciona con el comienzo de mi primera novela, “Cuerpo presente”, conjunto de historias fragmentadas en el barrio de Copacabana. Ahora que con este libro el autor J. P. Cuenca está muerto, la próxima novela será nuevamente la primera de Cuenca. El ciclo que se cierra es una tentativa, que es la que mueve el arte desde siempre, de tratar de representar lo que es irrepresentable: el amor y la muerte, y hacerlo de una manera contemporánea. Juego con símbolos e imágenes del presente. Pienso que a partir de ahora quizá pueda hacerlo de una manera más confortable. Siempre estoy intentando nuevas formas, todas mis novelas son muy distintas, juego con narradores diversos, son estilos diferentes, con experimentos formales muy radicales. Ahora quiero establecerme en una voz, que acaso sea ésta, la del muerto de ésta novela. Y no quisiera dejar de hacer cine. Siento que es más saludable que escribir novelas, hay diálogo, se trabaja con gente, es la unión grupal en un proyecto. Es una estructura que se debe crear en conjunto. En la escritura me paso cinco años sin ver a nadie. Pero no me interesa hacer un cine convencional, caro, quiero hacer películas experimentales, inesperadas.

Fuente: Ámbito Financiero