Guillermo Martínez: Todas las maneras de leer una misma realidad

Reconocido por su ficción “Los crímenes de Alicia”, el autor explora en sus obras el juego de las versiones.

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Como escritor y ex matemático, Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962) se identifica con una idea de la literatura que no lo detiene en la ficción ni en la ensayística, sino que lo lleva a tender un puente entre sus dos oficios. Por un lado, la imaginación prolífica; por el otro, la precisión del mago que plantea un acertijo al lector, cuyos hilos maneja tras bambalinas, y que culmina, si el truco surte el efecto esperado, en un final que es como el pase del ilusionista o una pirueta maestra: los elementos han estado de algún modo visibles, pero la trama oculta que explica un crimen se revelará recién cuando él lo disponga.

Flamante ganador de la 75 edición del Premio Nadal, dotado con 18 mil euros, el autor cautivó esta vez al jurado con Los crímenes de Alicia, novela que saldrá a la venta el próximo 5 de febrero por ediciones Destino. Desde 1987, cuando se lo llevó Juan José Saer, que no ganaba un autor latinoamericano.

Su nueva obra retoma elementos centrales de Los crímenes de Oxford (2003), su novela más conocida, devenida best seller –fue traducida a 38 idiomas y llevada al cine por el director español Álex de la Iglesia-, y puede considerarse su secuela, aunque se trate de dos ficciones independientes.

La acción vuelve a estar ambientada en 1994 y en Oxford, donde el escritor estudió durante dos años tras doctorarse como matemático, y tiene nuevamente como protagonistas al profesor Arthur Seldom y el joven estudiante argentino becado inspirado en el propio Martínez, que también discurren sobre cuestiones lógicas y filosóficas, en una estrategia que podría recordar, según el propio Martínez, al Jorge Luis Borges de La muerte y la brújula o al Umberto Eco de El nombre de la rosa.

Aunque Los crímenes de Alicia se aparta del universo de las matemáticas, que jugaba en aquel libro un lugar central, para sumergirse en el universo de símbolos de la Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll (1832-1898), que en opinión del escritor argentino está plagada de elementos “siniestros y oscuros”, a pesar de haber sido escrita para un público infantil.

Su nueva novela policial se sumerge en el universo “siniestro” de Lewis Carroll.

Su policial –que indirectamente alude a Pierre Menard, autor de El Quijote, aquella pieza en la que Jorge Luis Borges imaginaba un personaje que se propone escribir El Quijote línea a línea–, retoma la ficción de Carroll para interrogarse sobre las múltiples facetas de la vida del cura anglicano y autor cuyo verdadero nombre era Charles Dodgson y sigue siendo una figura polémica por su conocida afición a fotografiar niñas pequeñas, a las que también les hacía regalos y dedicaba cartas.

¿Qué es lo que hace que Alicia… siga resultando tan inquietante? “En las antiguas fotografías de niños hay algo adusto, avejentado, en el gesto de los chicos y chicas que los vuelve tristes, incluso terroríficos. Alicia… tiene algo amenazante, también por las ilustraciones de Sir John Tenniel”, explica Martínez. “Y mi novela lo que hace es resaltar a través de una serie de crímenes que aluden a la simbología e ironías contenidas en la obra de Dogson ciertos costados siniestros que resuenan en el presente de la ficción.”

El origen del libro fue un prólogo escrito por el escritor para otro título sobre Carroll, Lógica sin pena, por el que tuvo que investigar sobre la vida del autor inglés, y en cuyo marco halló un detalle que lo intrigó: tras la desaparición de cuatro de los cuadernos que contienen los diarios íntimos de Carroll, otros se encontraron con algunas páginas arrancadas por las sobrinas nietas del autor inglés.

Otro detonante real –según Martínez– fue que en 1994, el mismo año en que se ambienta la novela, apareció un papel que aportó cierta información sobre el contenido de esas páginas.

“Así, va enlazándose esta doble intriga: una, policial, orientada a averiguar el origen de los asesinatos y otra, literaria, relacionada con los cuadernos”, detalla el autor. “El contenido esencial de esa página de las sobrinas nietas son las que, se presume, explicarán una serie de crímenes, destinados a ocultar el contenido faltante”.

¿Si el secreto –real y literario– está asociado a la inclinación pedófila de Carroll? “Eso es lo que pensaría un lector contemporáneo, aunque la novela destaca qué distintos pueden leerse ciertos hechos en épocas distantes”, señala Martínez. “El segundo nivel de la historia tiene que ver justamente con esa versatilidad de los hechos para significar de maneras diferentes en distintos contextos. En mis novelas siempre se pone en duda las posibles versiones diferentes de una misma cuestión. No necesariamente el secreto de la trama tiene relación con ese aspecto, pero está incorporado en la novela: las inclinaciones de Carroll se discuten ampliamente, aunque los enigmas son varios y se entrecruzan.” El escritor incluye, entre los autores que le sirvieron como referencia permanente, a Henry James y Witold Gombrowicz.

Fuente: Clarin