Una biblioteca de literatura argentina para celebrar el Día del Maestro

2766677w1033

Aunque los demás países americanos reemplazaron esa fecha en honor a sus propios referentes educativos, en la Argentina ese día se festeja el 11 de septiembre.

No es para menos. Luego de estudiar los sistemas educativos europeos, el autor de Recuerdos de provincia impulsó la creación de las primeras escuelas normales, fundó colegios nacionales en varias provincias, subvencionó la primera escuela para sordomudos y, además, estipuló que se establecieran rentas especiales de los presupuestos destinadas a la educación. “Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización”, declaró en 1875, cuando fue nombrado director general de Escuelas de la provincia de Buenos Aires. Durante su presidencia, entre 1868 y 1874 se fundaron cerca de 800 escuelas primarias y la población escolar se triplicó. Durante la presidencia de Julio A. Roca, ejerció el cargo de superintendente general de Escuelas del Consejo Nacional de Educación y logró la sanción de la ley 1420, que establece la enseñanza primaria, gratuita, obligatoria, gradual y laica. Estadista interesado en la educación del pueblo, creó la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) y fundó la Biblioteca Nacional de Maestros.

En la literatura argentina la figura del maestro aparece como un viajero al principio desconcertado, un etnógrafo sin manual o un mediador que, sobre todo, tendrá que desaprender comportamientos, maneras de hablar y de percibir, costumbres y creencias. En las distintas acepciones de la palabra “maestro” (espiritual, jerárquica, educativa, social) se juegan los roles de esos personajes de ficción. Memorias, novelas y crónicas no responden de manera categórica qué es un maestro, sino qué hace, qué huellas deja en los otros y, también, qué significa para los demás cuando el tiempo de la enseñanza quedó atrás.

Elegimos seis libros protagonizados por maestras y maestros.

La maestra normal, de Manuel Gálvez (1914)

Leída como una crítica a la expansión de las escuelas normales en las provincias y a un presunto efecto pernicioso en la moral de los alumnos, la novela cuenta la vida de Raselda, una joven maestra normal de La Rioja que se enamora de otro maestro, Julio Solís, que llega a esa provincia luego de unos años de bohemia y de haber contraído tuberculosis. Aburrido de la vida provinciana, se interesa en la muchacha que, ingenuamente, advierte en él la oportunidad de establecerse y formar una familia. Solís deja que ella alimente esas ilusiones, tienen relaciones sexuales, ella queda embarazada y luego él la abandona. Con ayuda de una empleada doméstica, Raselda se practica un aborto. Un médico la salva de la muerte, pero a partir de entonces será despreciada por la comunidad donde vive. Para muchos críticos, la novela de Gálvez reflejaba el punto de vista de un intelectual nacionalista católico que había trabajado por años para el sistema educativo argentino como inspector de escuelas. Gálvez fue a inicios del siglo XX muy influyente en la cultura local y, como otros de su generación, padecía cierta ansiedad ante el aumento de la población trabajadora femenina. Su novela, que es un clásico para los pedagogos, tuvo que cambiar de título. El original (“Una maestrita”) mostraba demasiado la hilacha y fue reemplazado.

Shunko, de Jorge W. Ábalos (1949)

Clásico de la literatura argentina (y de la literatura argentina obligatoria en las escuelas durante décadas), esta primera novela del escritor, maestro y científico platense Jorge Washington Ábalos cuenta la llegada de un maestro de ciudad a un pueblo perdido en la provincia de Santiago del Estero. En un entorno montaraz, conoce de primera mano la discriminación y marginación que padecen los indígenas en la Argentina, a la vez que representa con sencillez las costumbres, creencias y el lenguaje de las familias de los chicos. ” Shunko” significa en quichua “el más chiquito”, y el personaje con ese nombre es el que tiene mayor relevancia en la historia , narrada desde el punto de vista del maestro. Ábalos fue maestro y consideró esa tarea la más importante de su vida. En 1959, con guión de Augusto Roa Bastos, el actor y director chileno Lautaro Murúa llevó al cine esta historia que aún tiene mucho para dar a los lectores. En el proyecto de Ábalos, Shunko integra una trilogía con Shalacos (1975) y Coshmi, una novela que quedó inconclusa. En el prólogo de la versión definitiva de la novela, Ábalos le habla al lector: “Quiero honestamente advertirte que no debes suponer que ese maestro que verás andar en las páginas del libro soy yo. Ése es el maestro que yo hubiera querido, o mejor, que yo hubiera debido ser”.

Hebe Uhart,Señorita

Hebe Uhart,Señorita

Señorita, de Hebe Uhart (1999)

En esta novela corta de la gran narradora y cronista argentina se declinan diferentes usos de la palabra que da título al volumen. “¿Qué es una señorita?”, parece preguntarse la narradora, que no es otra que una Hebe Uhart que visita su propio pasado. Desde la infancia hasta la juventud en una familia de extramuros, la protagonista cuenta su formación como alumna aplicada; hija, prima y sobrina rodeada de figuras femeninas, trabajadora precoz que le hace reproches al mismo Baudelaire (a quien no le gustaba ganarse el dinero pero sí pedirlo) y, finalmente, maestra de escuela. “Yo había aprendido la Historia de la Didáctica y los métodos deductivo e inductivo. Ahí no podía usar ninguno. Todo oscilaba entre gritos, tumultos, caricias -siempre pedían caricias- y una mirada vigilante que no podía descansar un momento; siempre pasaba algo: o rompían algún cuaderno, o salían todos afuera si oían volar un avión de modo potente”, escribe. De este hermoso libro proviene una de las frases célebres de la escritora nacida en Paso del Rey: “Entendí que una chica es alguien que ensaya para señorita y una señorita ensaya para señora”. Señorita integra con otros cinco títulos el volumen Novelas reunidas, recientemente publicado por Adriana Hidalgo.

La maestra de la laguna, de Gloria V. Casañas (2010)

Elizabeth O’Connor es una de las maestras norteamericanas que vinieron a trabajar a la Argentina por decisión de Sarmiento y la protagonista de la segunda novela de Casañas. Valiente y culta, la maestra no sospecha las dificultades que encontrará en la Gran Aldea que es Buenos Aires, todavía amenazada por malones y guerras internas. La joven deberá aprender nuevas lecciones, en una sociedad donde las normas se imponen de manera violenta. El primer destino de O’Connor, indicado por el mismo Sarmiento, es una escuela rural en La Laguna. Apenas llega a ese paraje, un hombre la salva del intento de violación de un ebrio. Días después, ese mismo hombre ahuyenta a la maestra y a sus alumnos, indios y blancos, de un campo de su propiedad. Con Santos, Elizabeth conocerá códigos amorosos diferentes de los de su Boston natal. Al personaje de la maestra en tierras indómitas, Casañas le imprime la condición de extranjera. La nueva novela de la autora, La mirada del puma, está ambientada en la Patagonia.

Un maestro: una historia de lucha, una lección de vida, de Guillermo Saccomanno (2011)

El origen de esta crónica tuvo lugar cuando el autor se enteró de que un antiguo compañero del servicio militar no había sido una víctima fatal del terrorismo de Estado iniciado en 1976, sino que había sobrevivido al secuestro y la tortura y que vivía en Neuquén. Orlando Balbo, “Nano”, discípulo del pedagogo brasileño Paulo Freire, fue capturado el 24 de marzo de 1976 y (luego de ser torturado) fue excarcelado de la prisión en Rawson. Gracias a las gestiones de monseñor Jaime de Nevares, luego de salir de la cárcel Balbo se exilió en El Vaticano. De regreso al país en 1985, el mismo De Nevares le sugirió que se fuera a vivir a Huncal, un pueblo situado en la precordillera patagónica. Ahí se dedicó a la alfabetización de una comunidad mapuche y, años después, participó en las luchas docentes de Neuquén, donde se produjo el asesinato del maestro Carlos Fuentealba a manos de la policía provincial. “Yo cuento y vos escribís”, le dijo Balbo a Saccomanno durante el reencuentro. Un maestro enseña que una de las tareas fundamentales de los docentes es crear un espacio para que los estudiantes puedan hacer nuevas y mejores preguntas.

La maestra rural, de Luciano Lamberti (2016)

“Angélica daba miedo. Sobre todo a los chicos. Uno tenía la impresión de que detrás de esas gruesas gafas, de esos ojitos grises y helados de Europa del Este, había grandes paisajes, un país, un planeta al que nunca podríamos acceder. No siempre, pero en algunos momentos, cuando la encontrábamos por la calle o en algunos de los negocios del pueblo, pagando un impuesto en la municipalidad, cruzando la plaza cívica, uno sentía que ese mundo estaba colapsando, y que ella debía estar sufriendo ahí dentro, sola, en medio del terremoto y el derrumbe”. Así describe uno de los narradores de esta suerte de biografía coral a la maestra y poeta que protagoniza la primera novela del escritor cordobés, que comparte título con un poema de Gabriela Mistral y muestra influencias de Stephen King y Roberto Bolaño. Como en gran parte de la obra narrativa del autor de El loro que podía adivinar el futuro, la historia asume al principio visos realistas para luego avanzar hacia una trama de locura y horror, en la que lectura adquiere poderes sobrenaturales.

Fuente: La Nación, Daniel Gigena