“El Angelus” y todas las preguntas que puede despertar un cuadro

Expuesto en el Museo de Orsay, Salvador Dalí se preguntó sobre él. También, el artista argentino Juan Carlos Capurro, en un video estrenado en el Museo de Bellas Artes.

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Una pareja de campesinos mira al piso, las caras dolidas, las manos juntas: algo pasa. En el suelo descansa una canasta con unas papas. Atardece. Rezan.

La imagen es conocida: se trata de El Angelus, un cuadro que Jean Francois Millet pintó entre 1857 y 1859 y que hoy es un punto de peregrinaje en el Museo de Orsay, en París. ¿A qué se debe la tristeza?

La pregunta inquietó a Salvador Dalí, que supo decir que esta era “la obra más turbadora, más enigmática y más densa que jamás haya existido”. El famoso pintor contó que por su insistencia se le hizo un estudio con rayos X en el Museo del Louvre, en 1963 y ese “algo” apareció: era el cajoncito de un niño muerto, un hijo. Dalí hizo su propia versión del cuadro.

Y algo así, pero sin pintura, hizo ahora el artista argentino Juan Carlos Capurro. En un video de media hora, filmado entre París y Buenos Aires -y estrenado en diciembre en el Museo de Bellas Artes- Capurro busca qué pasa entre esos dos campesinos. Y propone una interpretación audaz: entre ellos está el deseo.

Pero primero Capurro va con la cámara al museo, mira a los que miran el cuadro, habla con otra gente. “El misterio está en la relación entre ellos”, le dice una mujer. “No con el más allá ni con lo místico”.

“El cuadro se ubica después de 1850, es la época que prepara la comuna de París”, dice otro. “Es época de crisis económica, entonces el cuadro refleja la adoración por la tierra, por las papas”. ¿No será que en el medio está el deseo? No, le contesta uno y otro, es otra cosa.

La cámara muestra el campo, esa campiña francesa que pintó Millet. Ahora hay velocidad, el campo pasa veloz y el verde tiene el brillo del registro digital.

“El amor, el deseo”, le dice Capurro a otro entrevistado, que entre muchos cuadros le explica cómo trabajaba el pintor. El hombre no puede estar más en desacuerdo: en el Angelus, dice, está la relación entre el cielo y la tierra a través de la oración. “No se trata de la relación entre dos personas, sino entre el cielo y la tierra”. Capurro insiste pero nada: “Las personas no tienen ninguna importancia”.

Jean MIllet y su enigmática pintura, "El Angelus"

Jean MIllet y su enigmática pintura, “El Angelus”

Entonces vienen los cielos, los paisajes, el cuadro filmado como si fuera el campo real y los personajes que, magia de la animación, se abrazan, como quería el autor del video.

Pero hay más cosas que se pueden hacer con un cuadro y Capurro convoca a sus amigos y conocidos a actuar la famosa escena en un estudio en Palermo. Dos personas (a veces, una), algo en el medio. Un par ponen un libro y un Papá Noel. Otros una escultura precolombina. Dos abuelos posan con su nietita en el medio y otra pareja, un muñequito del Che Guevara y otro de Osama Bin Laden. El gesto casi siempre es el mismo: grave, pesado, sigue pasando algo que cada uno trata de explicar. “Es el agujero que los artistas circundan”, se oye una voz, en off. “Los religiosos enchufan a Dios, y Dios da un sentido, un sentido que no existe”, dice alguien. Y un hombre de pelo blanco hace política con un gesto: se para adusto, toma aire y plantea: “Entonces en lugar de bajar… levantamos la cabeza”. Lo aplauden.

Capurro va a ver a una bruja, en busca el sentido, va a ver a un psicoanalista. “Cada época proyectó sobre los objetos artísticos lo que quiere ver”, agrega otro, y nos vamos arrimando a la búsqueda. Porque, ¿cómo entender la emoción ante un paisaje y una gente que directamente no tienen nada que ver con el mundo que nos atraviesa? ¿Cómo ver un cuadro? ¿Para qué ver un cuadro? ¿Para buscar la historia, entender una época? ¿Para mirar a otros y así mirarnos? ¿Para encontrar el deseo?

Echen otra mirada sobre esos campesinos. ¿Por qué nos hablan?

Fuente: Clarín