El Museo de Arte Moderno en un viaje imaginario con artistas argentinos

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Autorretrato de Flavia de Rin (2005) Crédito: Gentileza Moderno
A pocas cuadras de la Avenida 9 de Julio, donde los autos avanzan a paso de hombre en otra tarde difícil en el microcentro porteño, el mozo dibuja un corazón con espuma sobre el café. La incertidumbre cotidiana de este año electoral parece estar muy alejada del bar del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, inaugurado hace pocos meses, donde suena música de jazz y lo único que se ve del exterior son las copas de los añosos árboles de San Telmo.

“Es un año desafiante para nuestra sociedad. Estamos en una situación compleja, con desafíos económicos clave -dice Victoria Noorthoorn, directora desde 2013 del Moderno, uno de los principales museos de la región-. En este contexto, nos preguntamos: ¿qué necesita nuestro público? Una invitación a la fantasía, al viaje imaginario hacia otras historias, nuevos relatos. Entrar en un espacio donde pueda refugiarse, donde la imaginación se despliegue, donde pueda estar orgulloso de la Argentina. En un oasis en el cual la crítica no esté ausente, porque los grandes artistas proponen alternativas a la realidad pero a la vez la miran de forma muy aguda.”

Las obras de Ad Minoliti se activarán con performances
Las obras de Ad Minoliti se activarán con performances Crédito: Gentileza Moderno
 Pese a su contagioso optimismo Noorthoorn luce cansada, y no es para menos. Meses atrás inauguró la esperada ampliación del edificio que ocupa 11.000 m2 sobre la esquina de la Avenida San Juan y la calle Defensa. Y cuando aún faltan varios días para que cierren tres imperdibles muestras de artistas argentinos inauguradas el año pasado -las de Delia CancelaMercedes Azpilicueta y Nicolás Mastracchio-, se dispone a presentar esta semana la programación de 2019, consagrada por entero a la producción local.
 “Poner en valor lo propio” es la intención con la que impulsará nueve exposiciones. Además de individuales dedicadas a Max Gómez CanleFlavia Da RinAd Minoliti,Andrés Aizicovich y Clara Esborraz, habrá homenajes a Alfredo Londaibere-fallecido en 2017- y Sergio De Loof, y una colectiva que reunirá unas 120 obras realizadas desde el siglo XIX con importantes aportes de varios museos de las provincias. También continúa la muestra permanente de la colección del museo, con trescientas piezas realizadas por más de un centenar de artistas.

Como si esto fuera poco se publicarán once libros, se lanzará una colección para niños y un programa de actividades públicas curado por Lucrecia Palacios, y se concretará la mudanza de la biblioteca que tiene sede provisoria en Alsina 963.

Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en el flamante bar del museo
Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en el flamante bar del museoCrédito: Silvana Colombo

“El mayor logro es sentir que el museo está por fin a la escala que debe estar en cuanto a profesionalismo, recursos financieros y estabilidad administrativa”, dice satisfecha Noorthoorn mientras hojea un cuaderno de 107 páginas que compila todos los logros de su gestión, durante la cual trabajó con contratos anuales sujetos a renovación y cuatro ministros de Cultura.

Además de la ampliación del edificio, ese contundente balance incluye 61 muestras -tres de ellas, realizadas en colaboración con importantes instituciones internacionales- y 37 libros, publicados con la idea de que lleguen a bibliotecas públicas de las provincias y de otros países. También el lanzamiento de una página web propia y la capacitación a miles de docentes y directores de escuelas públicas para incorporar el arte en la práctica pedagógica, y contribuir así al “desarrollo del pensamiento creativo en cualquier disciplina”. El logro más reciente fue la autonomía ganada en diciembre, cuando el Moderno dejó de depender de la Dirección General de Museos y asumió la responsabilidad de gestionar su propio presupuesto.

Mi vestido preferido (2015), obra de Fernanda Laguna que integrará la muestra Metafísica pampeana
Mi vestido preferido (2015), obra de Fernanda Laguna que integrará la muestra Metafísica pampeana Crédito: Gentileza Moderno

No es poco en un país que parece condenado a no poder levantar la mirada del corto plazo. Ante las limitaciones, Noorthoorn propone potenciar la imaginación para hacer “más con menos” y buscar inspiración en artistas como De Loof, uno de los homenajeados este año. Diseñador de moda, videasta, fotógrafo, estilista, escenógrafo, pintor y creador de espacios como Bolivia, Morocco y El Dorado, es según ella “un ejemplo de cómo es posible hacer mucho con elementos tan banales como el cotillón, bolsas de basura o cuentas de plástico. Con sus diseños logró generar nuevas condiciones para estar en el mundo”.

En sintonía con ese espíritu abierto, popular y cercano a los jóvenes, Noorthoorn dará este año por finalizadas las inauguraciones VIP en el Moderno para concentrar la energía en las que son abiertas a todo público. Demostrará también empatía con el movimiento feminista, a través de las muestras de Da Rin y Minoliti. Mientras que la primera pone en valor con sus autorretratos “la importancia del rol de la mujer en la historia del arte”, Minoliti transforma en imágenes abstractas investigaciones que incluyen su interés por el feminismo queer.

La diversidad también será un concepto central en la muestra Metafísica pampeana: una historia de la imaginación en la Argentina”, que se inaugurará en abril en el marco de la Semana del Arte impulsada por el gobierno porteño. Más de un centenar de obras aportadas por más de una docena de museos de varias provincias, seleccionadas por el curador Javier Villa, demostrarán según Noorthoorn “cómo nuestros artistas en distintos puntos del país -sobre todo en el noroeste argentino, el litoral y la Pampa- han creado la imagen identitaria de su territorio según su punto de vista y su geografía.”

Como preámbulo de esa exposición se inaugurará el 7 de marzo próximo la primera retrospectiva de Gómez Canle, uno de los principales referentes de la pintura contemporánea argentina. Sus escenas fantásticas inspiradas en paisajes clásicos de la historia del arte -muchos de los cuales parecen citas de obras flamencas pero son paisajes autóctonos de la Argentina- integran también referencias del arte concreto y geométrico local, e incluso imágenes de origen digital.

Sin título (2001), témpera sobre litografía de Alfredo Londaibere
Sin título (2001), témpera sobre litografía de Alfredo Londaibere Crédito: Gentileza Moderno

¿Es una invitación a imaginar un futuro mejor? “Siempre -responde Noorthoorn-. Eso está en la base de nuestra convicción sobre por qué nos dedicamos al arte. En este caso, pensamos que sería muy bello para nuestro público entrar en el museo para conectarse con la riqueza imaginaria que tiene la Argentina. Una revalorización de lo propio, de las distintas miradas, de nuestras diferencias culturales dentro de un país inmenso, y de la fuerza que podemos tomar del arte para abordar la realidad.”

Más información:

Abierto de miércoles a lunes. Entrada: $50. Gratis los miércoles para todo público. El resto de los días, gratis para estudiantes universitarios, menores de doce años y jubilados. Horarios: 11 a 19 los días de semana y 11 a 20 los fines de semana

El reflejo del amanecer, pintura de Max Gómez Canle (2013)
El reflejo del amanecer, pintura de Max Gómez Canle (2013) Crédito: Gentileza Moderno

Para agendar:

  • Max Gómez Canle

Curador: Carla Barbero

7 de marzo al 11 de agosto

  • Metafísica pampeana

Curador: Javier Villa

6 de abril al 27 de octubre

  • Clara Esborraz

Curador: Marcos Krämer

6 de abril al 17 de junio

  • Flavia Da Rin

Curadora: Laura Hakel

11 de mayo al 6 de octubre

  • Andrés Aizicovich

Curadora: Laura Hakel

Desde el 19 de septiembre

  • Alfredo Londaibere

Curadora: Jimena Ferreiro

Septiembre

  • Ad Minoliti

Curador: Marcos Krämer

Noviembre

  • Sergio De Loof

Curadores: Lucrecia Palacios y Wustavo Quiroga

Noviembre

  • Una llamarada pertinaz: la intrépida marcha de la colección del Moderno

Muestra permanente

Fuente: Por Celina Chatruc – La Nación