Él tenía 76 y ella 30: lo que Berni creó para su último amor

La historia del vínculo podrá rastrearse en imágenes y textos. Se entrará a verlos de a uno y sólo por 20 minutos.

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Esta es una historia de amor distinta: la de un hombre de 76 años con una chica de 30. Una historia de amor de esas que llaman “platónico”: él, tremendamente apasionado por la chica durante los últimos meses de su vida, antes de morir atragantado (algunos dicen que debido a un huesito de pollo; otros, que por un trozo de lomo). Ella era entonces una mujer joven que lo consideraba solamente un amigo y salía, mientras tanto, con otro (“otros”, sostenía él) hombres más jóvenes.

Puede ser una historia como la de cualquiera. Pero en este caso existe una diferencia esencial: quedaron obras de arte como testimonio del amor. Porque el pretendiente era ni más ni menos que Antonio Berni y la chica, una de sus modelos (la última que tuvo). Él la bautizó “Graciela Amor” y se puso “Antón Perulero”. Ahora, se expondrá por primera vez la carpeta de dibujos en los que Berni fue registrando e imaginando a esta chica joven en distintas poses, incluyendo desnudos seductores y escenas eróticas “que casi rozan lo porno”, como comentan las poquísimas personas que tuvieron acceso al material. También se mostrarán más de 30 cartas que Berni le escribió a su admirada.

Todo se verá en la galería Jacques Martínez a partir del 31 de julio. ¡Pero, ojo! Que podrá entrar a ver el material solamente una persona a la vez, por veinte minutos, con selección y con cita previa: la muestra no será pública ni abierta. Ni el material –por su tono- ni Graciela Amor –dueña de los documentos y de las obras- lo permiten. Tampoco se podrán tomar fotografías ni documentar lo expuesto en forma alguna. Y un detalle más: a pesar de que la muestra se hará en una galería de arte, nada de lo que se exponga (ni la carpeta de dibujos ni las cartas ni una obra de gran tamaño basada en esta joven y enigmática mujer) estará a la venta. Curioso.

¿Pero quién es “Graciela Amor”, personaje misterioso empeñado en mantener el anonimato a toda costa, que supo enamorar durante los últimos meses de vida, allá por 1981, al gran artista argentino? ¿Quién es esta dama que, dueña de las cartas y de las obras, decide darlas a conocer 36 años después? Aunque en la galería no quieren decir mucho, algo se sabe: “Graciela Amor” es una mendocina de unos 66 años, que conoció al pintor en París a principios de los años 80. Cuando hablaron él –ya un artista consagrado y enamoradizo como se rumorea que era- le pidió a ella si podía ir a posar a su taller como modelo. Ella accedió.

Del encuentro surgieron algunos grandes trabajos, como esa famosa (y enigmática) pintura inconclusa que estaba creando el artista cuando falleció: Sin título, de 1981. Un paisaje de playa durante la noche, con una mujer verdosa y desnuda tirada sobre la costa, como muerta. “Esta soy yo”, le confesó Graciela Amor a Fernando García, el periodista que escribió una biografía de Berni titulada Los ojos.

“Berni habla de Graciela Amor y de esta pintura, en una de las 30 cartas inéditas que pronto se mostrarán”, comenta a Clarín una fuente que prefirió no darse a conocer. “Cuenta Berni en la carta que le escribió a la joven que, mientras pintaba la obra, tuvo una premonición. El le dijo entonces: “Creo que no voy a poder terminar la pintura”. Ella lo notó angustiado y por eso fue a visitarlo a su taller. Lo encontró con las manos heladas. Cuando Graciela observó la pintura, se sorprendió: estaba totalmente cambiada. Lo que había sido ella misma tirada en una playa soleada unos días antes, se había convertido ahora en una escena nocturna sombría, con un cuerpo pálido sobre la arena oscura”. Pocos días después Berni fallecía. La pintura quedó inconclusa.

Pero el pintor también le escribía poesías a su anhelada, que podrán verse en la exposición. “Nuestra carne sensible/ no siempre obedece a la razón/ el instinto y el espíritu se animan/ y los nervios mueven los sexos en celo”.

Pronto, el costado secreto de una relación tabú y con un imaginario de alto voltaje ayudará, quizás, a cerrar un capítulo pendiente en la historia de una relación íntima de uno de los artistas argentinos más importantes: antiguos caprichos presentados como deseos postergados. O acaso sea el cierre de una deuda personal, profunda.

Fuente: Clarín