“Esta es mi casa”, de Clorindo Testa, se inauguró en Bellas Artes

Su casa con techo de tinta, un grito representado en aerosol y un andamio dentro de un museo son algunas de las 33 obras del gran arquitecto argentino, que podrán conocerse desde este martes.

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La casa de Clorindo Testa tenía techo de tinta: una cubierta como una cúpula (o un caparazón) apuntalado por cuatro varillas de madera. Al menos así lo indica el nombre de la obra –“Esta es mi casa”, una tinta sobre cartulina del año 1993- que abre la muestra sobre el artista y arquitecto que mañana inaugura el Museo Nacional de Bellas Artes.

A un día de diferencia de su fecha de cumpleaños –hoy Clorindo hubiera cumplido 95- y cinco años de su muerte, la exhibición curada por María José Herrera y Mariana Marchesi reúne 33 obras de Testa, pintor y escultor, que como buen arquitecto también realizó instalaciones, y trabajó junto al CAyC (Centro de Arte y Comunicación) asociado a proyectos de arte de sistemas, una vertiente del arte conceptual.

Pero a pesar de esta pluralidad de medios (y de formas) Clorindo ha sido siempre mejor conocido como referente indiscutido de la arquitectura en Argentina, autor de algunos de los más hermosos edificios, como la Biblioteca Nacional o el ex Banco de Londres. Arquitecto con sensibilidad artística y artista con cabeza de arquitecto, el modo fluido en que la lógica -pero también los elementos visuales y las herramientas- de un arquitecto se trasladan a la pintura y la escultura –y viceversa- es lo que esta muestra en el Bellas Artes busca demostrar.

Biblioteca Nacional. Diseñada por Clorindo Testa Foto: Juan Mambromata/AFP

Biblioteca Nacional. Diseñada por Clorindo Testa Foto: Juan Mambromata/AFP

Por eso, sus curadoras decidieron dejar fuera del recorrido por su obra todas esas pinturas informalistas de los años 50 (las más conocidas) sumidas en los tonos oscuros, donde la pintura se expresa como materialidad pura (sin forma). También sus obras geométricas. “A todo artista geométrico lo podés asociar con la arquitectura –afirma Herrera-. Sería lo más obvio. Nosotras quisimos ir por otra vía que es mucho más simbólica”. Aquí el color (siempre primario, como en sus arquitecturas) estalla en materiales livianos, como el pastel y el acrílico.

Cronológicamente hablando, la muestra arranca en 1968, cuando Testa, convocado a participar de la muestra Nuevos materiales, nuevas técnicas, nuevas expresiones, realiza su “Apuntalamiento para un museo”, y coloca un andamio (idéntico a los que utilizaba para sostener los edificios en construcción) en el interior de un museo nacional y público (y el mismo que hoy exhibe esta muestra). “Tiene una carga fuertemente simbólica el hecho de que en un momento histórico en que el arte y las instituciones estaban siendo fuertemente cuestionados, él decida apuntalar un museo”, explica Marchesi, y como ejemplo basta recordar las Experiencias Di Tella, que en mayo de ese mismo año terminaron con obra quemada y artistas detenidos.

"Apuntalamiento para un museo", de Clorindo Testa.

“Apuntalamiento para un museo”, de Clorindo Testa.

El andamio (que cuenta con una reconstrucción en esta muestra) señala la necesidad de sostener, amorosa pero críticamente, un espacio que se viene abajo (el museo, el arte) al mismo tiempo que la incorporación de un elemento arquitectónico a una obra artística (a través, además, de un gesto vanguardista y conceptual). Pero también otros elementos arquitectónicos son incorporados por Testa a la pintura, a partir del 68: tal como lo dejan ver sus series sobre la peste y la ciudad (dos de los temas que, en tanto urbanista desencantado de la ilusión del funcionalismo, preocupan, y no sin razón, a Clorindo) las típicas representaciones en planta, corte y alzado le sirven a Testa para presentar las escenas más disímiles, a través de varios puntos de vista.

Organizada en cuatro núcleos temáticos no cronológicos, que abarcan desde 1968 hasta 2013, la muestra permite explorar cuáles son esas preocupaciones que ocupan la cabeza de Clorindo, y cómo las artes visuales son, para el arquitecto, un espacio de reflexión irónica y de crítica constructiva. Apenas ingresamos a la sala nos encontramos, entonces, con el núcleo asociado a las producciones del CAyC. Allí puede verse, por ejemplo, “Medición de un grito”, una serie de heliografías en las que el artista aborda de modo analítico y sistemático, una de las expresiones más irracionales del ser humano. No muy lejos, el tema de la peste se despliega a partir de su serie de pasteles “Caperucita y Barbazul” (en la que la peste es presentada a través de cuadros que la relatan como un cuento, sólo en apariencia, infantil); “y “Nuevas ratas, nuevas pestes” suerte de reactualización de la peste como problemática (pos)moderna, asociada al hacinamiento y la proliferación de plagas de las megalópolis contemporáneas.

"Medición de un grito". Aerosol sobre cartón aglomerado. Clorindo testa.

“Medición de un grito”. Aerosol sobre cartón aglomerado. Clorindo testa.

Retículas geométricas que el artista desarma con el gesto de la pincelada, “Buenos Aires, manzana 1”, y “Manzana, números y letras”, son parte del espacio asignado por las curadoras al tema de la ciudad. Allí también se encuentran “Incendio en Buenos Aires” y “Barrio inundado”, acrílicos en los que Testa despliega escenas tanto históricas como actuales, asociadas a su querida Buenos Aires. América es el cuarto de estos núcleos, donde además de su “Serpiente emplumada” (que fusiona la pincelada expresionista con las flechas y las letras, que indican el sentido en que la obra debe montarse) puede verse su instalación “Espejito dorado”, en la que una serie de huellas sobre el suelo de la sala marcan el camino hasta un pequeño espejo. “Instalación antes de la instalación contemporánea”, como definen las curadoras, esta obra de 1990 nos pide que nos desplacemos en el espacio hasta reflejarnos en dicho espejo, para completarla. Se presenta, además, con una serie de dibujos de la instalación, a modo de diseños bidimensionales de su espacio.

Yendo de las dos a las tres dimensiones, de la forma a la imagen y del espacio a la tela, la casa de Clorindo no parece tener límites. Después de todo, y como él mismo dijo, “no se trata de abrir ventanas, sino de perforar muros”.

Fuente: Clarin