Goro, el cordobés que ‘pintó’ el Guernica con hilos

MIRÁ EL VIDEO. Preso en Madrid, dirigió a otros cien detenidos que trabajaron 1,2 millones de horas. Sigue con su arte en Villa General Belgrano.

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Seis bastidores para cubrir 3,49 metros de alto por 7,77 metros de largo; 450 kilos; siete mil euros en hilos; 11 colores; 1,2 millones de horas de trabajo de cien presos que sumaban 3500 años de condena. Son los números del Guernica de la cárcel de Madrid IV (Navalcarnero); la versión de los detenidos de la obra que Picasso pintó en 1937. Los dirigió un cordobés, Claudio “Goro” Gorosito, quien cumplía una condena por tráfico de drogas.

El Picasso “de los presos” se terminó en 2005, fue premiada y recibió muy buenas críticas de especialistas. Gorosito tiene 48 años y regresó a su Villa General Belgrano natal, donde inauguró un centro cultural hace pocas semanas. A los 29 fue detenido en Madrid, en el aeropuerto de Barajas, a donde llegó con tres kilos de cocaína.

“Era consumidor desde los 14, pero laburaba. Un día me ofrecieron dólares y un viaje; dije que sí. Estuve preso seis años, tres meses, 20 días y siete horas”, cuenta a LA NACION.

El resto de la condena -nueve años- la cumplió en libertad condicional como profesor en la cárcel donde estuvo; en talleres para reinserción con mujeres en la prisión de Alcalá y trabajando con jóvenes en riesgo en la Comunidad de Madrid.

Hay siete maestros de “tendido en hilo” en el mundo, él es el único argentino. Los otros son dos colombianos y cuatro españoles. Homologó su “artesanía” en La Haya, que creó el rubro por su pedido.

El trabajo consiste en rellenar con hilos un dibujo previamente cubierto con una cinta adhesiva de doble cara y, después, barnizar. Aprendió en Navalcarnero -“Navacaltraz” le dicen los españoles porque nunca escapó ningún preso- mientras sobrevivía al lupus que se le activó después de una golpiza, apenas detenido, que le afectó los riñones.

En el hospital madrileño Gregorio Marañón le ofrecieron, frente a un diagnóstico terminal, integrar el protocolo de una investigación experimental. Aceptó y aunque por etapas perdió el pelo, bajó de peso, se le cayeron los dientes y no pudo caminar, sobrevivió. Fue uno de los 37 que lo lograron; el tratamiento lo hicieron 140.

En el 2003 un funcionario llevó un libro editado por el Museo del Prado con fotografía del Guerninca fragmentado. Gorosito pensó que, con hilos, tenían que replicarlo. Le presentó el proyecto a don Carmelo -no recuerda el apellido-, el director de la cárcel. “Es enorme, si mañana lo apuñalan no se termina más”, fue la primera respuesta. Pero lo convenció.

Antes habían hecho obras de arte decorativo, de Botero y de Dali. “Picasso fue mi musa -dice-. El Guernica es mi primer hijo, el del sacrificio, el del dolor. Cuando trabajo siento mucha nostalgia, porque aprendí en un lugar donde uno entra solo y se va solo; los hilos me ayudaron mentalmente y me dieron orgullo porque somos pocos los que lo hacemos. Fue terapia de escape en la cárcel, laboral, cultural, artística y de desarrollo”.

Mas allá de la cárcel

En libertad condicional pudo recorrer museos y ver “parado al frente” las obras de los artistas que había conocido por libros. “Con los hilos reinterpreto, modifico colores, visualizo más luz o sombra, siempre hago modificaciones”, señala sobre su trabajo y admite que hay quienes lo cuestionaron por tener como base a otros: “A veces no somos tolerantes de la capacidad de otro; como no saben eligen esos argumentos. Todos nos relacionamos con todos”.

 

Su vida inspiró el largometraje documental, “Goro: el que mueve los hilos”, una coproducción argentina-española que ganó el Festival Internacional de Tenerife y se estrenó hace unos meses en Villa General Belgrano. Cuando regresó a la Argentina siguió con sus hilos pero, para vivir, vendía remeras en recitales.

“Goro, el que mueve los hilos” from Menendex films on Vimeo.

“Entre uno y otro trabajaba, avanzaba con los cuadros. Algunos llevan 30 días y otros, como Las Meninas, ocho meses. Ahora un empresario me cedió el espacio para el centro cultural, donde está el atelier y trabajamos con jóvenes y adultos”. También prepara seis paisajes de Calamuchita para una exposición.

“Hoy soy artista plástico, hasta hace un tiempo me daba vergüenza definirme así. Pero varios me dijeron que hago con hilos lo que otros con acuarelas y óleos -sigue-. Pero quiero trabajar con jóvenes, advertirles de los errores en base a los míos; me hubiera gustado que alguien me hubiera dicho ‘por ahí no'”.

Los orígenes del tendido con hilos se remonta a los aztecas; llega a Europa con la Iglesia pero siempre estuvo relegado “a los marginados, a lugares precarios”. En la cárcel Gorosito lo aprendió sobre “dibujos tumberos” y él decidió aplicarlo al arte.

La tabla de colores de los hijos incluye 154: “Se puede jugar, hay varias modalidades de trabajo. El hilo sirve para todo el mundo, pero no todos sirven para el hilo”.

Terminado el Guernica, Gorosito pensó qué hubiera hecho Picasso: “Me hubiera agarrado de los cachetes y hubiera dicho que yo también era artista, pero que cuidara las obras”.

Fuente:La Nación