Llegó a Buenos Aires la magia de William Turner, el gran maestro inglés de los paisajes

Considerado el mayor artista británico, está en el Museo Nacional de Bellas Artes. Sus mayores pinturas se vendieron en cerca de u$s 35 millones.

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Se inauguró una de las grandes exposiciones del año, quizás la más importante: 85 acuarelas de la colección de la Tate Gallery de Londres realizadas por Joseph Mallord Turner (1775-1851). Considerado el mayor artista británico de la historia y uno de los mayores acuarelistas del mundo junto a John Singer Sargent, Anders Zorn y Paul Cézanne, quienes sin duda admiraron su arte y técnica. Fue un artista precoz que estudió y expuso en la Royal Academy of Art cuando contaba sólo 15 años, y ya a los 29 era miembro de número de la misma.

Su éxito fue extraordinario: con 27 años tenía su propia galería donde comercializaba sus trabajos. Fue uno de los que puso al paisaje como tema fundamental en el arte en tiempos donde lo único que se respetaba era la figura. Realizó cerca de 30.000 obras sobre papel, tanto dibujos como acuarelas, y más de 300 óleos, también dejó de legado a la Tate unos 280 cuadernos de apuntes realizados del natural. Generalmente, durante los seis meses más cálidos, trabajaba del natural y era un artista nómade por Gales e Inglaterra. Viajó tres veces a Italia, donde realizó maravillas en Venecia y Roma y pintó, además, en Francia, Suiza y los Países Bajos, representando a la naturaleza como un paraíso. En invierno y otoño trabajaba en su taller en óleos y también en sus acuarelas más grandes.

Muchos lo consideran un precursor de los impresionistas y cuando se mostraron sus obras inacabadas en Londres en 1906, en la exposición titulada “Esbozos de color”, con justa razón muchos ven al precursor de la abstracción donde fue Kandinsky el primero en abarcarla. Su gran rival fue Constable que era el otro gran paisajista británico. Hace unos años se realizó una encuesta en Inglaterra buscando la obra más representativa y la favorita de la gente y fue “El Temerario, camino al desguace”, la pintura que está en la National Gallery.

En sus primeros años realizó obras relacionadas con el realismo y temas históricos y mitológicos pero, a partir de 1835, su obra pasa a ser muy original y revolucionaria, lo cual le hizo fama de “loco o enajenado”. No le importaba el detalle y cuando se le criticó que en sus barcos no se veían los ojos de buey, respondió: “Me dedico a pintar lo que veo, no lo que sé”, principio que desarrollaron los impresionistas.

Dejó una gran colección que está distribuida en varios museos británicos, pero en la Clore Gallery, edificio anexo a la Tate sobre el Támesis, se pueden ver centenares de sus obras, aunque estimo que si colgaran la mitad podríamos disfrutarlas más. Pocos son sus óleos que aparecen en el mercado, a un promedio de uno por año, una de sus mejores obras la compró Amalia Lacroze de Fortabat y podemos disfrutarla gracias a su generosidad en la Colección Fortabat de Puerto Madero.

En el mercado aparecen unas 15 acuarelas por año promedio y el pasado julio, Sothebys Londres vendió ocho acuarelas entre u$s 26,000 y u$s 2,7 millones, lo cual demuestra la variedad de precios y calidades de sus obras. Las mayores pinturas se vendieron en cerca de u$s 35 millones y la acuarela más valiosa se vendió en u$s 11 millones, una vista del Lago Lausanne de 30×45 cm, que triplicó su base cuando se vendió hace una década. Felicitamos al director del Museo, Andrés Duprat quien ha negociado durante dos años para traer esta muestra y nos regaló el maravilloso guión de “Una obra maestra”, deliciosa película que podemos disfrutar en los cines.

Muy buena es la postura de cobrar $100 en la entrada de esta exposición y en el futuro en las muestras temporarias. Al menos una parte de los enormes costos de traerla pueden amortizarse.

Una lección de arte, del manejo de la luz y la magia que tienen las acuarelas nos deslumbran en esta exposición.

Fuente: Ignacio Gutiérrez Zalfívar, El Cronista.