Paula Rivero inauguró “Niké”, entre el amor, el dolor y lo bestial

MIRÁ LA GALERÍA DE IMÁGENES. La muestra se realiza en la Galería Liliana Rodríguez (Billinghurst 750, CABA). La artista vuelve a exhibir su obra pero con una impronta renovada.

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Acostumbrada a trabajar en grandes formatos y con una fuerte presencia del color, la nueva serie de la artista surge desde un espacio desconocido, incluso, para ella misma, el cual va reconociendo a medida que avanza, y en el que cada imagen responde a una pulsión, a un estímulo íntimo.

El nombre de Niké es una serie que refiere a un proceso de trabajo en el que Paula Rivero, porteña, nacida en 1973 y poseedora de una trayectoria reconocida y valorada, invita a asumir que no hay espacios seguros ni garantizados para hacer pie.

Así cobran protagonismo los colores abetunados y añejos producto del paso del tiempo, soportes íntimos y pequeños como son los papeles encontrados que reciben la impronta de las biromes, la pincelada o la acuarela.

Niké representa a una diosa griega que encarna la victoria. Pequeña, acompañando a los grandes dioses, posada sobre la palma de sus manos, ella demuestra que no es su tamaño lo que importa sino cómo utiliza el espacio y el poder que tiene. Y es en este sentido que Paula Rivero le da existencia a algunas figuras, que aun siendo mínimas, tanto como perdiéndose en la pequeñez del papel, parecieran querer romper los límites de los márgenes. Imágenes algunas elegantes y delicadas y otras violentas, irracionales, espontáneas.

“No hay grandes obras que capten la mirada en un primer impacto sino que hay que acercarse y establecer una conexión en primerísimo primer plano con cada trabajo para encontrar las alas, la carne, las amarras, los quiebres, la libertad, el dolor detrás del goce, lo femenino, lo bestial, el amor y el desamor”, explica la licenciada María Carolina Baulo sobre esta serie.

Baulo, curadora de la muestra de Paulo Rivero, agrega que la artista “intenta conectarse con el discurso interior desde donde se fundamenta su arte; un discurso que ya no grita grandilocuente y pide silencio para escucharlo. Un regreso a un origen para conocer y conocerse como una brisa poderosa que no necesita gritar para ensordecer”.