Con el guardián del tesoro de Atahualpa Yupanqui

Alejandro Guillermet custodia documentos que cuentan de cuando el músico estuvo preso, de sus amores y más.

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Puede parecer extraño, pero fue Astor Piazzolla el que llevó a Alejandro Guillermet a conocer a Atahualpa Yupanqui. Fue así: Alejandro trabajaba en una confitería, se llevaba bien con las personas mayores y el sereno del lugar lo metió de a poco en el mundo del dos por cuatro. Seducido por ese universo, empezó una vida como coleccionista de tango: “Siempre digo que por mi edad, atrasé con los gustos, porque de adolescente me gustaba el tango”, se ríe.

En un momento, empezó a comprar una colección de discos de un diario y se encontró con que un tal Atahualpa Yupanqui interpretaba ni más ni menos que “Caminito” y “Milonga triste”: “Fue un mundo de ida. Primero, fue reconocer la guitarra desde otro punto sonoro, distinto al del tango, como es el del folclore. Y después, claro, la poesía. Con Piazzolla, Yupanqui se convirtió en uno de mis íconos musicales”, cuenta Alejandro, que en ese entonces tenía veinte años y su afición por Don Ata recién empezaba. Dos décadas después, acomoda sobre una mesa cartas, fotos y objetos de Yupanqui, ya convertido en el custodio del legado del cantautor, compositor y guitarrista de folclore más importante del país, de quien este año se celebran 110 años de su nacimiento.

 Alejandro Guillermet, archivista y guardián del legado de Atahualpa Yupanqui. / Juan Manuel Foglia

Alejandro Guillermet, archivista y guardián del legado de Atahualpa Yupanqui. / Juan Manuel Foglia

En eso de andar coleccionando la obra del folclorista, rastreando vinilos, discos de pasta, casettes, grabaciones de radio, fotografías, películas, más todo lo que apareciera en librerías de viejo o se ofreciera en grupos de Facebook o Mercado Libre, Alejandro contactó a Patrick Clonrozier, un francés que confeccionó el mayor y más detallado catálogo musical de Atahualpa y lo compartió en la web. Clonrozier reunió a Guillermet con la Fundación Atahualpa Yupanqui de Cerro Colorado, Córdoba. Y, de nuevo, una cosa llevó a la otra y Alejandro empezó a manejar las redes sociales de esa institución.

Pero resulta que Don Ata no sólo dejó una obra llena de música y poesía, también dejó miles de fotos, cartas, documentos, contratos, libreta de matrimonio, acta de divorcio, pasaportes y agendas telefónicas y personales. Con tanto legado por catalogar, Alejandro se convirtió en archivista y ahora pasa parte de sus tardes clasificando con cariño, curiosidad y admiración todo este material guardado en cajas celestes en el espacio cultural de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), donde además trabaja como bibliotecario.

15 03 18CULTURAALEJANDRO GUILLEMET, ARCHIVISTA DE ATAHUALPA YUPANQUIFOTO JUAN MANUEL FOGLIA ciudad de buenos aires archivos de atahualpa yupanqui entrevista a archivista cartas documentos escritos

Foto familiar y libreta de matrimonio con Nenette de 1952. / Juan Manuel Foglia

Mucho antes de convertirse en el archivista de Atahualpa y en el guardián de su legado, Guillermet estudió para bibliotecario y trabajó en una escuela primaria de San Vicente que, por nuevita, no tenía nombre, apenas número. “Me encargan el proyecto del nombre, tomo varias propuestas y yo presento la mía con el nombre de Atahualpa Yupanqui”. Su candidato ganó y, desde 2011, la escuela primaria N°8 de San Vicente lleva el nombre del cantautor argentino.

Tantos papeles, fotos y documentos le permitieron a Alejandro conocer en profundidad a Yupanqui y convertirse en un experto: dice reconocer a partir de la caligrafía de las cartas el estado de ánimo de Don Ata. Por ejemplo, de cuando estuvo preso en Devoto en 1951, hay un papel escrito en lápiz “porque en la cárcel no permitían birome”, amarillento, desgastado por el tiempo, “que hasta se nota por los pliegos que lo tenía bien escondido en un bolsillo”, donde figura una huella de gran valor para este archivista. Y si bien se podría pensar que, preso, el estado de ánimo de Yupanqui no era el más feliz, apunta Alejandro que se le nota una caligrafía fuerte. La huella se llama “Lucha en la vida” y dice entre otras frases “No me regalen nada/ yo amo la lucha/ porque lo regalado muy poco dura”. “Su obra no tiene resentimiento, está llena de esperanza. Siempre hay piedras en el camino, pero hay que seguir”, sintetiza Alejandro.

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Poema escrito por Yupanqui cuando estuvo preso en Devoto en 1951. / Juan Manuel Foglia

De su paso por la cárcel a Yupanqui le quedó una dificultad motriz: “De esa olvidable época tengo el índice de la mano derecha quebrado. Pusieron sobre mi mano una máquina de escribir y luego se sentaban arriba o saltaban. Buscaban deshacerme la mano pero no se percataron de un detalle: me dañaron la mano derecha y yo, para tocar la guitarra, soy zurdo. Hay tonos como el si menor que me cuesta hacerlos, aunque los ejecuto con oficio y maña”, contó Yupanqui. Guillermet reconoce los estados emocionales del artista: “Con el problema de la mano, le cambia el timbre sonoro cuando toca”. Y, tal como se espera de un experto, agrega: “Su guitarra tiene ciertos giros, porque su primera formación es de violín, entonces arrastrar los dedos sobre las cuerdas, algo que los puristas de ese instrumento no hacen, es algo que le quedó de cuando era violinista”.

Ahora, entre sus manos, Guillermet muestra la libreta de matrimonio entre Héctor Roberto Chavero, también conocido como Atahualpa Yupanqui, y Paula Antonia Pepín, también conocida como Nenette, pero hay algo que le llama la atención: “Encontré esta libreta de 1952, cuando supuestamente todavía no era ni viudo ni separado de su primera mujer. Aunque también está el acta de divorcio de María Alicia Martínez, hecho vía México, porque en el país no existía tal trámite y no sé si tenía validez legal. ¡En una de ésas, era bígamo!”, sonríe. Para que no quedaran dudas de con quién quería estar casado, Don Ata volvió a formalizar su matrimonio en los 70.

Casado. Segundas nupcias en 1952. Pero ¿se había divorciado? /Juan Manuel Foglia

Casado. Segundas nupcias en 1952. Pero ¿se había divorciado? /Juan Manuel Foglia

“Para clasificar el material, agrupo imágenes por viajes, con la familia o en un cumpleaños. Él era muy afín a la fotografía y cuando llevaba a arreglar sus cámaras siempre pedía que le sacaran una foto de prueba. Hay varias de esas fotos en el mostrador de un local”, detalla Alejandro, de 40 años. Lo que más le gustó fue descubrir el perfil “humorista” de Atahualpa, que tenía el hábito de escribir una frase irónica detrás de las imágenes. En uno de sus viajes a Japón, participa en una ceremonia de té y debe sentarse en el piso con las piernas cruzadas: “No sabes cómo me han quedado las rodillas”, se lamenta en una carta el cantautor, cuya contextura física no era especialmente pequeña. En otra imagen, se lo ve en un avión leyendo la revista Life: “Chapando cultura”, resume el guitarrista.

De ideas comunistas, Yupanqui fue perseguido y encarcelado por el peronismo, los militares y los propios comunistas que no aceptaban sus críticas. En el exilio, llegó a París y en julio de 1950 el poeta Paul Éluard lo invita a una cena: “Traete la guitarra”, fue su única condición. La comida era con Édith Piaf y la música de Atahualpa conquistó al Gorrión de París. Generosa, Piaf lo invitó a su show y durante dos días la Ciudad de la Luz lució afiches anunciando la presentación de estos dos artistas. Astuta, cuando Atahualpa se paralizó a la hora de subir al escenario, Piaf lo llevó de la mano: “Voilà Yupanqui”. Desde entonces, los franceses no tuvieron más que admiración por el argentino, que fue y vino de Francia a la Argentina miles de veces y que de hecho falleció en Nimes en 1992.

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Foto familiar y libreta de matrimonio con Nenette de 1952. / Juan Manuel Foglia

Pero, Alejandro, ¿tus íconos musicales, Piazzolla y Yupanqui, se conocieron? “¡Claro! Una vez, Atahualpa contó una anécdota sobre sus padres, Amelita Baltar le dijo ‘tenés que escribirlo’ y Astor propuso componer la música. Atahualpa accedió, no sin antes rogar: ‘Que sean pocas notas, Astor, pocas notas’”.

Fuente: Clarin