De peleas, robos y talento: 45 años de “Band On The Run”, el disco que “resucitó” a Paul McCartney

MIRÁ LOS VIDEOS. Luego de la separación de The Beatles, Paul no lograba encontrar su rumbo, mientras que John Lennon y George Harrison editaban álbumes exitosos. Hasta que en 1973, abandonado por su banda, viajó a Nigeria para registrar lo que sería su mejor trabajo hasta la fecha

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Paul McCarntney and Wings

A pesar de haber sido el motor creativo de The Beatles, Paul McCartney tuvo muchas dificultades para hacer despegar su carrera solista. Mientras que John Lennon iniciaba la década del ’70 grabando dos discos clásicos (Plastic Ono Band e Imagine) y George Harrison no dejaba lugar a dudas de que estaba a la altura de sus ex compañeros con All Things Must Pass, tanto el debut en solitario de Paul (McCartney) como el álbum que grabó junto a su esposa Linda (Ram) fueron vapuleados por la crítica. Lo mismo ocurrió con los dos primeros trabajos de su nueva banda, Wings, titulados Wild Life y Red Rose Speedway. Paul McCartney and Wings, además de tenerla a Linda en teclados, sumaba a los guitarristas Denny Laine y Henry McCullough y al baterista Denny Seiwell.

Corría 1973 y para McCartney era necesario cambiar de atmósfera. Por eso, le pidió al sello EMI un listado con la ubicación de sus diferentes estudios de grabación alrededor del mundo. Finalmente, se decidió por Lagos. El tercer álbum de Wings se iba a grabar en Nigeria. La historia hubiera sido distinta si Paul hubiese recibido a tiempo una carta de EMI que le advertía sobre un brote de cólera.

Lo que el músico había pensado como un lugar exótico donde iba a poder alternar entre días de playa y noches de grabación, se convertiría en una de las experiencias más desafiantes de su carrera. Había ignorado completamente que el país africano, lejos de ser el paraíso musical y cultural que imaginaba, era una dictadura con altísimos índices de pobreza y enfermedades.

Wings inició los ensayos de las canciones que integrarían Band On The Run (Banda En Fuga) en la granja de los McCartney en Escocia. Unas semanas antes del viaje, Paul tuvo un altercado con Henry McCullough, quien decidió abandonar el grupo. Al parecer, el guitarrista se negó a tocar su instrumento de la forma en la que el ex Beatle le exigía. Por si fuera poco, la noche antes de partir hacia África también renunció el baterista Denny Seiwell.

Cualquiera en el lugar de Paul habría postergado la grabación del álbum, pero él siguió adelante y, con Wings devenido en trío, llegó a Lagos en agosto de 1973. Tal como le contó a Phillip Norman en la biografía que escribió en 2016, su pensamiento ante las bajas fue: “¡Qué se pudran! Voy a hacer un álbum en el que deseen haber tocado”. ¿Cómo resolvió las ausencias? Además de la voz, el bajo y la producción, el músico se hizo cargo de la batería y la guitarra líder.

Bienvenidos a la jungla

El estudio de grabación que tenía EMI en Lagos era bastante rudimentario. Su equipamiento era obsoleto y usado, no tenía el aislamiento acústico adecuado y lindaba con la fábrica de prensado de discos, por lo que siempre se filtraba el ruido de las máquinas. Pero Paul llevó consigo un arma secreta, al ingeniero Geoff Emerick, con quien no trabajaba desde la grabación de Abbey Road. Emerick fue el responsable del salto cualitativo que desarrollaron The Beatles en su sonido en álbumes como Revolver y Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y había sido convocado especialmente para convertir el estudio de Nigeria en un lugar apto para un músico de la talla de McCartney.

Las limitaciones técnicas no fueron el único obstáculo que tuvieron los Wings en el continente africano. Además de insectos gigantes, lagartos, monzones y un espasmo bronquial por fumar demasiado, Paul sufrió el robo de los demos y del anotador donde tenía las letras y los acordes de las canciones que estaba grabando. En la única noche en la que había decidido movilizarse a pie junto a Linda, fue abordado por un grupo de asaltantes que amenazándolo con un cuchillo le quitó todas sus pertenencias. Desde los tiempos en los que trabajaba con John Lennon había adquirido la capacidad de memorizar sus composiciones, por lo que pudo rescatar de su cabeza casi todas las que había escrito para Band On The Run.

Desde ya, algunos temas sufrieron cambios. La canción que da título al álbum, por ejemplo, da cuenta de la necesidad que Paul tenía en ese momento de escapar y sentirse libre: parte de la banda lo había abandonado, su trabajo solista no lograba la aceptación que él deseaba y, por si fuera poco, se encontraba en una tierra hostil en la que se exponía a innumerables peligros.

Mientras que los McCartney trataban de adaptarse a Nigeria, había un músico inglés que unos años antes se había instalado allí, seducido por los ritmos africanos. Ginger Baker, antiguo baterista de Cream y Blind Faith –dos grupos que había formado Eric Clapton a fines de los ’60–, era dueño de un estudio en Lagos y se sintió ofendido porque Paul no grabó todo el álbum allí. Para evitar que el conflicto llegara a mayores, accedió a registrar una sola canción en su estudio, la más extraña de Band On The Run, en la que Ginger aportó la percusión (que incluyó una lata llena de piedritas).

Picasso’s Last Words (Drink To Me) nació durante unas vacaciones en Montego Bay, Jamaica, en la que Paul y Linda compartieron un par de veladas con los actores Dustin Hoffman y Steve McQueen, que se encontraban filmando la película Papillon. Una noche, Hoffman le confesó al músico que le parecía increíble que se pudiera componer una canción sobre cualquier cosa y lo desafió a escribir una acerca de la reciente muerte de Pablo Picasso. Al parecer, la noche anterior a su fallecimiento el pintor dio una cena en su casa y dijo a los asistentes: “Beban por mí, beban a mi salud. Saben que yo no puedo beber más”. Tomando estas palabras, y para la sorpresa de Hoffman, McCartney armó una especie de country en el que interpola fragmentos de otros temas de Band On The Run (Jet y Mrs. Vandebilt) y un diálogo en francés. El objetivo era replicar en una canción el cubismo que había desarrollado el artista español en sus obras.

La interacción con la música de la región tampoco tuvo los resultados que los Wings esperaban. Cuando el ex Beatle eligió grabar en África, tenía en su mente los discos de Fela Ransome Kuti, uno de los músicos más importantes e influyentes del continente. Kuti fue un popular activista político e inventó el afrobeat, un género que combina el jazz, el funk, el rock psicodélico y los ritmos y cantos africanos.

El ingeniero Geoff Emerick cuenta en su autobiografía que en una ocasión fueron a The Shrine, el club nocturno que regenteaba Kuti en Lagos, a ver en vivo a su banda Africa ’70. A pesar de que Paul lloró de alegría al ver la calidad de su performance, fue tratado con desprecio por los músicos. Al día siguiente, Fela Kuti denunció en una entrevista radial que McCartney se encontraba en su país para explotar y robar la música de su gente.
Paul invitó a Fela al estudio para que escuchara lo que estaba grabando y pudo comprobar que el sonido de Band On The Run era puramente occidental. El único vestigio de música africana se escucha en el estribillo de Mamunia, una balada folk cuyos arreglos vocales coquetean con el mbube, un género de música a capella originaria de Sudáfrica.

 Paul con el músico nigeriano Fela Kuti
Paul con el músico nigeriano Fela Kuti

Si existía alguna intención de incorporar músicos locales a las sesiones de grabación, la polémica con Fela Kuti lo hizo cambiar de idea. De todas formas, en Londres, donde se hicieron los últimos retoques del álbum, invitaron a Remi Kabaka, un baterista de origen nigeriano radicado en Inglaterra, para que toque la percusión en Bluebird.

Paul tuvo la oportunidad de llevar a Europa los estilos musicales de África de la misma manera que George Harrison había divulgado la música hindú. Sin embargo, prefirió evitar problemas y acusaciones. Recién en 1986 Paul Simon le mostraría al mundo las cualidades de los ritmos africanos con su álbum Graceland, grabado con una troupe de músicos sudafricanos, aunque fue muy criticado por haberlo hecho durante un boicot cultural en contra del Apartheid, además de haber sido calificado de colonialista por haber incursionado en el patrimonio musical de un país que había sufrido la dominación inglesa.

 

Siguiendo con el concepto de “banda en fuga”, la portada del disco muestra a los tres miembros de Wings acompañados por otras celebridades británicas de la época (el actor y cantante Kenny Lynch, los actores James Coburn y Christopher Lee, el boxeador John Conteh, el periodista Michael Parkinson y el chef y político Clement Freud) vestidos de convictos sorprendidos por el foco de una prisión.

Cuando Band On The Run salió a la venta el 7 de diciembre de 1973, la crítica consideró que estaba a la altura de lo que se esperaba de un Beatle y hasta fue elogiado por John Lennon. Fue el álbum más exitoso de 1974, vendió millones de copias en todo el mundo, llegó a ser triple platino y se mantuvo en las listas alrededor de dos años. Pero lo más importante es que le devolvió a Paul la confianza en sí mismo y logró recuperar su prestigio como compositor.

A pesar de haber sido grabado en condiciones adversas, todavía hoy suena poderoso. De hecho, canciones como “Band On The Run“, Let Me Roll It, Jet y Nineteen Hundred And Eighty Five fueron el puntapié inicial de lo que en los ’70 se conoció como “rock de estadios” -un sonido que desarrollarían durante la década bandas como Led Zeppelin, Queen, Kiss y AC/DC– y que casi nunca faltan en los recitales de Paul. De hecho, es muy probable que las toque en su próxima visita a la región.

A 45 años de su lanzamiento, Band On The Run sigue siendo el mejor trabajo post-Beatles de Paul McCartney, un verdadero clásico. En pocos meses se presentará una nueva oportunidad (tal vez la última) de escuchar sus mejores momentos en vivo, un acontecimiento que no hay que perderse por nada del mundo.

*Paul McCartney Freshen Up Tour
Chile, el miércoles 20 de marzo, en el Estadio Nacional
Argentina, el 23 de marzo en el Campo Argentino de Polo.

Fuente: Infobae