FIBA: vuelve Derechos torcidos, de Midón y Carlos Gianni

Una de las más bellas obras de Hugo Midón y Carlos Gianni,Derechos torcidos, se presentará en la Usina del Arte en el marco del 12° FIBA. Sin embargo, esta afirmación está construida por una serie de acontecimientos que hay que conocer para tener noción de su real envergadura.

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Es necesario hacer historia: en 2005 se estrenó este musical que pone en primer plano, en términos temáticos, los derechos universales del niño: educación, salud, identidad, en fin. Una de esas obras emblemáticas por mensaje y por belleza, con ese tipo de canciones que uno sale cantando casi de manera inexorable.

Fue presentada en Córdoba, a través del Teatro Real, con el nexo del actor Giovanni Quiroga, por un grupo de chicos de Villa Libertador. Luego de una serie de talleres de teatro, de canto y de música que fueron coordinados por el director Rubén Segal y el maestro Carlos Gianni, un grupo de niños escenificó Derechos torcidos. Se presentaron en el marco del Festival del Mercosur y recorrieron diversos escenarios del país, entre 2011 y 2012.

Al rompecabezas le falta alguna pieza todavía: en la edición anterior del FIBA se produjo una obra en el Barrio 31, con la dirección de Marco Canale, la bellísima La velocidad de la luz. Otra vez este festival renueva la apuesta y vuelve a producir en un barrio, esta vez el 21-24, ahora con un grupo de sus niños, y en ese gesto de poner en juego un proceso obtiene mucho más que un producto-obra para ser mostrado, provoca una huella que tiene mucha más potencia que el mero acto de subirse a un escenario.

El lazo se establece a través de Arte en Barrios, que promueve la actividad cultural de diversas formas para lo que denominan “barrios emergentes”, y el teatro, sin duda, es una zona privilegiada de la cultura como lo muestra la Compañía de Teatro 21-24. La obra fue adaptada por el propio Carlos Gianni, Rubén Segal y por la Compañía, con el objetivo de ponerla en escena, pero también como un vehículo para la reflexión sobre los derechos de la infancia. Trabajan con los chicos desde hace muchos meses y, en unos días, la mostrarán al público.

Carlos Gianni y Rubén Segal están preparados para entrar al ensayo en la Usina del Arte; Osqui Guzmán (que fue protagonista en la histórica puesta de 2005) es parte de la troupe y se une al grupo que ya está en la cuenta regresiva esperando su estreno. El músico cuenta que han trabajado durante casi todo un año en el lugar donde ellos viven; se juntaban en la escuela o en un auditorio que hay en la 21-24. No hubo una selección, se sumaron simplemente porque tenían ganas de participar. Convocaron en las escuelas a los alumnos de quinto, sexto y séptimo grado, y se incorporaron todos los que quisieron. Obviamente, aclara, empezaron 35 y ahora quedaron unos 18 o 20. Señala que todo estuvo al servicio de las posibilidades que tenían los chicos, “no hay una coreografía con lugares especiales, no hay ninguna canción donde cantan aquellos a los que les sale mejor y los otros no cantan, estamos integrando a todos en todos los lenguajes”.

Rubén Segal agrega que estaba abierto a todo aquel que quisiera participar, “no había casting, ni pruebas, ni nada parecido, con ese criterio nos manejamos. Se invita y todo el que se compromete, se queda; cante bien o no cante bien, lo mismo con la interpretación. Y se va aprendiendo sobre la marcha y muchas cosas, como para ponernos más inclusivos aún, fueron creadas por los mismos chicos al calor de la acción, en los ensayos”.

La decisión es muy interesante porque lo que plantea es poner en juego lo que tematiza. Suben a un escenario y arriban a un universo que les otorga un nuevo lugar de derechos: derecho a pensar, a cantar, a actuar, a mostrar lo que aprendieron a hacer, a compartir una fiesta. El sábado 2 y el domingo 3 de febrero, en el Auditorio de la Usina del Arte.

Fuente: La Nación,  Mónica Berman