La estrella de Queen brilla más que nunca

MIRÁ EL TRÁILER. Con la película Rapsodia Bohemia, la banda resurge con reediciones de discos, producciones y giras de bandas clones.

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La película que nos devuelve a Freddie Mercury y a Queen a los primeros planos acaba de estrenarse con el mismo título de uno de los temas centrales de la banda, Rapsodia Bohemia. De la muerte del líder y vocalista se están por cumplir 27 años, un 24 de noviembre de 1991 en su mansión de Kensington, pocas horas después de que –a través de un comunicado- le confesara al mundo que padecía HIV. La producción del film demandó casi una década y es, al fin y al cabo, una manifestación más del intento por mantener el legado de Mercury, junto con la reedición de discos, producción de otros y giras mundiales bajo el nombre de Queen.

La fortuna de Freddie, al momento de su muerte, se calculó en US$100 millones, de los cuales le dejó la mitad a su gran amiga Mary Austin, su acompañante hasta el último día y a quien también le dedicara una de sus más dulces canciones: Love of my life. El resto se repartió entre su pareja, familiares y allegados. Queen Productions se reestructuró, pero las ganancias de Queen no decrecieron. Las cifras de ventas en la música son múltiples y confusas, y más aún desde el vertiginoso cambio en esa industria. Pero, por ejemplo, hace pocos años el organismo que registra las ventas de discos en el Reino Unido precisó que Queen fue el primer grupo en la historia que alcanzó los 6 millones por un solo título(su “Grandes Exitos” de 1981). Para Data Collector, Queen es el 7° grupo o cantante con mayor cantidad de ventas (180 millones de discos singles) en una lista que lideran los Beatles (333 millones) y Michael Jackson (235 millones).

Pero si esto sería habitual en cualquiera de las grandes bandas, también su marketing parece interminable: una tienda online donde hasta venden el disfraz de Freddie a 56 euros, la versión Queen del Monopoly, estatuas en distintas ciudades, bandas tributos, aviones que llevan la imagen de Mercury. Un asteroide que órbita alrededor de Júpiter fue bautizado con el nombre del cantante y en varias ciudades se instituyó el Freddie Mercury Day.

Desde el momento en que Queen se convirtió en la mayor banda de la música en el mundo –un 13 de julio de 1985- aquel inmigrante de Zanzíbar que en su adolescencia se ganaba la vida atendiendo una tienda de discos en un barrio de Londres, se transformó en un hombre rico. Lo mismo, sus tres compañeros.

Alrededor de Mercury ya se escribieron más de 10 biografías bastante rigurosas, y todas coinciden en aquella síntesis de glamour y desbordes: los fastuosas fiestas y los cumpleaños de Freddie. En 1981 compró pasajes en el Concorde para todos sus amigos y se los llevó al Wilshire de Beverly Hills, donde los festejos se prolongaron durante cinco días. Como definió alguien, “Queen fue glamour, decadencia surrealismo y excesos, en dosis equiparables”.

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Freddie pasó vertiginosamente por esa vida, murió joven. Dos de sus compañeros (Brian May, también destacado científico, y Roger Taylor) son quienes mantienen vigente aquel negocio, mientras el bajista John Deacon se alejó. Queen Productions es el emporio bajo el cual sigue adelante ese legado, abarcando a la vez una decena de empresas, más reducidas, para distintos rubros. Hijo de un funcionario indio de la administración colonial británica en Zanzíbar (hoy Tanzania), Mercury –Farrakh Bulsara era su verdadero nombre- nació el 5 de septiembre de 1945 en Stone Town. Su familia era de raíces persas, seguidores de Zoroastro, culto que acompañó a Mercury hasta su muerte. Un documental de TN, presentado por Bebe Contepomi hace algún tiempo, exhibió aquella infancia de Freddie en tierras africanas y su posterior comienzo en el “Swinging London” de los 60.

Cuando formaron la banda a principios de los 70, recibieron escasa atención y sus dos primeros discos, en los estudios Trident, pasaron inadvertidos. Recién triunfaron con el tercero (Killer Queen), que popularizó su estética innovadora sobre las principales bandas rockeras de los 90. El estrellato llegó con Rapsodia Bohemia, en 1975, un tema de 6 minutos, el doble de lo habitual. El videoclip ya existía, pero Queen lo llevó a otra dimensión. Según escribió Sergio Marchi “a partir de ese disco se modificó toda la estructura del rock y hasta su modo de comercialización”.

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Pero lo que convirtió a Queen en la banda más importante de su época fue aquel citado 13 de julio: el “Live Aid” en el Estadio Wembley, 75.000 espectadores, con el príncipe Carlos y Lady Di en primera fila. El eje de la convocatoria era reunir fondos para enfrentar el hambre y allí estaban las grandes figuras de la música pop: Jagger, McCartney, Madonna, U2, The Who y Led Zeppelin. Los 20 minutos de Queen eclipsaron a todos. “Era el escenario perfecto para Freddie. Su audiencia, el mundo entero”, definió el organizador, Bob Geldof.

Se televisó en directo a 72 países, y fue visto por unos 1.500 millones de espectadores. Algunos calificaron a ese set como “el mejor concierto de la historia”, aunque –en arte- se trata de un juicio relativo. Queen volvería a Wembley exactamente un año después para otro show electrizante durante la gira de lanzamiento de Kind of Magic. Esta abarcó 26 conciertos, millones de espectadores y un paso inolvidable por Budapest, en lo que fue el primero de una megabanda por el área socialista.

Su vida se fue apagando, pero su creatividad no se detuvo siquiera en sus últimos días. Grabó con Montserrat Caballé el “Barcelona”, símbolo de los Juegos Olímpicos del 92. Y en junio de 1991, produjo su última canción These are the days of our lives. Al acercarse su final, Freddie le pidió a su manager: “Podrás hacer lo que quieras cuando me haya ido. Pero por favor, no me hagas parecer aburrido”.

Fuente: Clarín