Lluvia de estrellas: en 2019, el Colón apostará por los grandes nombres

Con nuevo vestuario y escenografía, El lago de los cisnes cerrará la temporada íntegramente interpretada por bailarines de la casa. Con el objetivo de atraer nuevos públicos a la sala, la próxima temporada presentará artistas de primera línea en todos los géneros, títulos clásicos y de probado atractivo, y algunas propuestas arrojadas

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Todo hacía suponer que las difíciles peripecias económicas del año que termina y la fuerte devaluación influirían negativamente en la temporada 2019 del Teatro Colón , y esto, por lo menos, por dos razones: el ajuste en el Estado y los precios dolarizados de los artistas extranjeros. Esa presunción no parece haberse cumplido. Una programación que incluye a Zubin Mehta, Martha Argerich, Simon Rattle, John Elliot Gardiner, Anne-Sophie Mutter, Thomas Hampson y Hélène Grimaud da la impresión de haber sido inmune a las depreciaciones. En cambio, más austeras, en términos de aventura artística, resultan las temporadas lírica y la de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, un poco en línea con la idea de no alejarse demasiado del corazón del repertorio. Hay además una ausencia llamativa: la del Festival Barenboim, que este año no estará, o por lo menos no en el Colón.

En el caso de la ópera, serán en total ocho títulos, que ascienden a doce si se suman los tres de la Ópera de Cámara y, uno de los highlights, El baile, la pieza del argentino Oscar Strasnoy que se verá en versión de concierto en el abono de la Filarmónica de Buenos Aires con las ilustraciones que Hermenegildo Sábat imaginó para una puesta en París. Bien en sintonía con el apego a la tradición, la temporada lírica empezará, el 12 de marzo, con Rigoletto, de Verdi, con dirección musical de Maurizio Benini, y Fabián Veloz, Pavel Valuzhin, Ekaterina Siurina, Goderdzi Janelidze y Guadalupe Barrientos en los papeles principales. Le seguirá, en mayo, el estreno local de Un tranvía llamado Deseo, la obra de André Previn sobre la pieza más emblemática de Tennessee Williams, con dirección musical de David Brophy y Daniela Tabernig en le papel de Blanche Dubois.

Hernández, ganador del Benois de la Danse, hará Don QuijoteJulio deparará otro título seguro, Turandot, de Puccini, con le reposición de la puesta de Roberto Oswald. Ese mismo mes subirá Ariadna en Naxos, de Richard Strauss, que marcará además el regreso del director Alejo Pérez, después de su inolvidable versión de El caballero de la rosa, en 2017. En agosto, podrá verse L’incoronazione di Poppea, de Claudio Monteverdi, a cargo del Ensemble Matheus, con Jean-Christophe Spinosi como director invitado. Don Pasquale, de Donizetti, llegará en septiembre en una nueva producción del Colón, que tendrá puesta de Favio Sparvoli y dirección musical de Srba Dinic.

Como una manera de completar los éxitos probados, el cierre del año será (en noviembre) con Orfeo y Eurídice, de Gluck, con Daniel Taylor, Marisú Pavón y Ellen Mc Ateer, como los tres protagonistas, y Los cuentos de Hoffmann, en una nueva producción del teatro a cargo de Eugenio Zanetti para conmemorar los 200 años de Jacques Offenbach.

Argerich se presentará con Zubin Mehta Crédito: Fernando MassobrioPero el punto más fuerte de la temporada es sin vueltas el abono de Grandes Intérpretes Internacionales. En mayo (18 y 19), vendrá Simon Rattle al frente de la London Symphony Orchestra para hacer un programa doble con la Sinfonía da Requiem, Op. 20, de Benjamin Britten, y la Quinta sinfonía, de Mahler, por un lado, y, por el otro, las Danzas eslavas 1, 2, 3, 4, 7, de Antonin Dvorák, y la Sinfonía fantástica de Hector Berlioz, en conmemoración del 150º aniversario del compositor. En junio, otra estrella del momento, la mezzo Elina Garanca, presentará con la Filarmónica un programa con piezas de Glinka, Chaikovski, Saint-Saëns y Bizet.

El mes siguiente (27, 28 y 30 de julio) actuará la Orquesta Filarmónica de Israel con Zubin Mehta, y la gran novedad es que en el primero de los conciertos estará Martha Argerich como solista; en este sentido, no es una sorpresa que el programa no esté todavía confirmado. En agosto será el turno de la soprano rusa Aida Garifullina, y en octubre habrá más voces, porque el barítono Thomas Hampson y el bajo Luca Pisaroni harán No Tenors Allowed, una selección de arias de ópera y de canciones.

Larreta, Alcaraz y Avogadro, en la conferencia Crédito: Fernando Massobrio

La violinista Anne-Sophie Mutter llegará en noviembre para hacer piezas de Bach, Vivaldi y Mendelssohn, mientras que el cierre será, ese mismo mes, con la agrupación English Baroque Soloists y el Monteverdi Choir, con dirección de John Elliot Gardiner y un programa excepcional: Messa a 4 voci da cappella, SV 190, de Monteverdi; Stabat Mater, de Domenico Scarlatti; Hear My Prayer, O Lord, Z.15 y Jehova, quam multi sunt hostes, Z.135, de Henry Purcell, y Jephte, de Giacomo Carissimi.

La temporada de la OFBA se sumará a los homenajes a Berlioz y Offenbach y tendrá algunos solistas de lujo, como la pianista Grimaud, que, en diciembre, hará el Concierto en sol, de Maurice Ravel. Otro pianista, Horacio Lavandera, ofrecerá el Primer concierto, de Franz Liszt.

Elina GarancaAdemás de participar en El baile, de Strasnoy, el programa Colón Contemporáneo presentará en mayo obras para cuerdas y percusión de Beat Furrer y de George Friedrich Haas, recordado por su obra maestra In Vain; en octubre, el dúo de pianos de Katia y Marielle Labèque harán un programa íntegramente minimalista. Furrer estará también en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), que tendrá varios programas de residencia para agrupaciones e intersecciones con la danza y las artes visuales, como el Proyecto Le Parc (en agosto) y el Proyecto Mondongo (en octubre).

Vale la pena, como otras veces, volver a recordar la frase del historiador William Weber a propósito de la escena musical del siglo XIX: “Diseñar una programación implica una serie de acuerdos entre públicos, músicos, gustos y, por extensión, fuerzas sociales”. En todo acuerdo, alguien gana y alguien pierde, y algo se gana y algo se pierde, y no hay nada que lamentar. Esta vez, los nombres propios (enormes todos ellos) parecen haberse impuesto sobre la aventura.

Misty Copeland

Zubin Mehta

Fuente: La Nación,  Pablo Gianera