En Córdoba, el Teatro del Libertador recupera su viejo esplendor

La puesta en valor del Teatro del Libertador, que estará terminada en marzo para la inauguración del VIII Congreso Internacional de la Lengua, es considerada un caso "único" en el mundo por expertos de distintos organismos nacionales e internacionales.

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Los fundamentos son que es la única sala en uso que conserva toda la maquinaria escénica original de madera de fines del siglo XIX que seguirá empleándose y que el master plan se realizará en dos años frente, por ejemplo, a la década que insumió el del Colón .

Alrededor de $500 millones -aportados por el gobierno provincial- insumirán los trabajos ($280 millones las obras civiles), de los que participan unas 300 personas y combinan el empleo de tecnología con tareas artesanales en las que intervienen 60 restauradores (20 del equipo liderado por Cristina Lancellotti y 40 pasantes de las universidades Nacional de Córdoba y Provincial).

“El Congreso de la Lengua fue la oportunidad para encarar esta obra que integra restauración, refuncionalización y tecnificación -dice el secretario de Arquitectura, Daniel Rey-. Todo el proyecto se encaró, desde el primer día, en conjunto con la Agencia Córdoba Cultura y con la Comisión Nacional de Monumentos”.

El Libertador es monumento nacional desde los 90; fue construido hace 127 años por el italiano Francesco Tamburini (responsable del segundo proyecto del Colón y de la Casa Rosada), en 1920 registró una serie de reformas y en los 90 se le añadió una cúpula.

El inicio de la restauración incluyó “sorpresas” con las que se encontraron los especialistas cuando comenzaron. Por ejemplo, un técnico “anunció” que tenían el telón original “guardado” en una habitación del teatro; había parches y arreglos en cielorraso y paredes que ni siquiera habían sido advertidos en la inspección previa. “Se hacían para mantener o cubrir una rotura con mucha buena voluntad, pero sin seguir los procedimientos indicados; por caso un barniz puesto sobre óleos modificó los colores originales”, apunta Lancellotti.

Una grúa pluma -que se divisa desde distintos puntos del centro cordobés- trabaja para insertar la estructura metálica que soportará la nueva parrilla que va sobre la original de madera; en la sala vacía hay montado un gigantesco esqueleto de andamios en los que trabajan los responsables de la restauración de murales, columnas y palcos. Es una obra dentro de la obra.

Restauradores trabajan en los palcos del teatro. Fuente: LA NACION Crédito: Diego Lima.

Fabio Grementeri, integrante de la Comisión Nacional de Museos, ratifica que no hay teatros históricos en el mundo que conserven su maquinaria escénica original y “menos en funcionamiento”. Describe que tanto en La Scala de Milán como en las óperas de París, Viena, Nápoles y en el Colón “se perdieron en incendios, bombardeos o renovaciones intensivas”.

El director de Cultura de la Unesco y del Centro de Patrimonio Mundial de París, Francesco Bandarin -quien recorrió la obra-, se manifestó “impresionado” por el proyecto y lo calificó de “único” a nivel mundial. Pidió, especialmente, mantener la maquinaria original.

“Los técnicos que conservaron y siguieron manejando hasta hace unos meses estas maderas son una tradición viviente. Se seguirá empleando para escenografías más livianas; todo está en funcionamiento”, indica Rey.

El escenario, de 650 metros cuadros, mantendrá las galerías laterales (“hombros” en el lenguaje teatral); el telón cortafuegos se reemplazó por uno más moderno y efectivo (acciona en un minuto en vez de en los siete del que estaba), y los tres telones escenográficos (el original, el italiano y el americano) están siendo renovados. Las butacas fueron limpiadas y retapizadas al igual que todos los entelados del edificio, tarea a cargo de la experta Patricia Lisa.

La caja acústica del teatro se rehizo con el asesoramiento del Centro de Investigaciones Acústicas y Luminotécnicas (CIAL) de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba, que interviene en cada aspecto de la obra que podría afectar el sonido en la sala. En el caso del Colón, la caja no se tocó.

Al detalle

Lancellotti y su mano derecha, Alejandra Rubinich, controlan cada uno de los pasos de los restauradores; los pasantes están divididos en equipos liderados por los profesionales de más experiencia. “Se ha montado una verdadera escuela; una experiencia muy significativa para todos”, desliza Lancellotti, quien trabajó una década en Europa y participó de las pruebas piloto del Instituto de Restauración del Colón.

Las tareas se dividen entre las puramente mecánicas -como la limpieza a bisturí del arco del escenario, donde “resurgió” una pintura que estaba tapada- y las que se pueden realizar empleando químicos. Cada procedimiento requiere de análisis y cateos hasta determinar el método a aplicar.

Catorce son las salas en las que se trabaja y en las que hay diferentes tipos de técnicas y decoraciones, incluso de épocas diferentes. Desde óleos a “maru flash” (tela pintada a la témpera pegada sobre el muro) pasando por relieves en hojas de plata y de oro.

Lancellotti valora el “trabajo de estudio” que hay en la decoración original del teatro: “Hay que ser muy cuidadosos para que no se pierdan los detalles, los estilos; hay que respetar lo máximo posible la exquisitez original. Hemos encontrado algunas ‘restauraciones’ que no eran las mejores, pero se han podido recuperar”. Los restauradores realizaron unas 300 piezas de cartapesta para reemplazar las dañadas.

El teatro está recuperando colores originales; no solo se “barrió” el barniz aplicado para disimular arreglos sobre óleos y temperas que había alterado la paleta, sino que se habían cambiado las pinturas de paredes por algunas que nada tenían que ver con el primitivo diseño. Por caso, había algunas blancas en salones decorados con estilo turco.

En la cúpula central -para la que existió un diseño del pintor Carlos Alonso, quien hoy por su edad y salud no lo puede realizar- se instalará una lámpara con aplicaciones de aluminio y un sistema de luces que imitan los rayos del sol; ya fue aprobada por el CIAL porque no altera la acústica.

“Aunque no está claro qué hubo en los primeros años, en las documentaciones hay menciones a un ‘sol'”, comenta Grementeri. Entre las propuestas recibidas para la cúpula hubo una del artista Julio Le Parc y otra del escenógrafo y pintor Eugenio Zanetti.

Alicia Beltramino es la responsable del equipo que trabajó en la fachada principal del teatro de más de 50 metros de extensión y que ya se terminó. La restauración abarcó el monumental conjunto escultórico que representa a las artes escénicas, sobreelevado en una suerte de podio.

Fuente: Gabriela Origlia, La Nación.