Los directores teatrales ya tienen una asociación

Piden que se respete su derecho autoral de puesta en escena, entre otras cosas. Primera reunión oficial de Apdea 

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 “Si se deja hablar a una obra, puede que no emita sonido alguno”, escribe Peter Brook en El espacio vacío. Para que se oiga, ese grito, esa música, debe ser buscada, elaborada, ofrecida a los demás: ese trabajo tiene, entre muchos participantes, a un principal responsable, el director de teatro, el profesional de la dirección escénica, el autor de la puesta que elige un camino y lo sostiene con su firma hasta el final del arte más efímero.

Como los dramaturgos y el texto, como los actores en el escenario, esa marca de autor busca su reconocimiento. Y por eso se juntaron la noche del lunes hasta explotar la sala El Extranjero, para presentarse y convocar. Por ahora, son alrededor de 220 directores y directoras de la ciudad de Buenos Aires, pero muy pronto serán más, de todo el país, de todos los circuitos, las edades y los estilos. Porque el objetivo es el mismo: asociarse para luchar juntos por la especificidad de su trabajo y el reconocimiento del “derecho de puesta”. Hace pocos meses empezaron a reunirse en asambleas, a discutir de manera horizontal y democrática sobre los problemas comunes; justamente ellos, acostumbrados a la verticalidad indeclinable y necesaria del que sabe (o dice saber) lo que quiere, se sentaron en ronda a pensarse. El puntapié lo había dado Mariana Chaud (tenía que ser mujer) en las redes y poco a poco, todos se sumaron: había que formar una Asociación de Profesionales de la Dirección Escénica. Como los Directores Argentinos Cinematográficos tienen la DAC y los de Obras Audiovisuales para Televisión la DOAT, los de teatro levantaron Apdea.

“Si bien entendemos fundamental que se reconozcan los derechos sobre nuestras puestas, no es mucho lo que se pueda decir aún en relación con este tema. Lo primero es llegar a la conformación legal con personería jurídica de la asociación y a eso estamos destinando nuestros esfuerzos, seguir sumando directoras y directores de todo el panorama teatral del país que traigan sus propios aportes. De ahí, a través de la organización de nuestros encuentros en asambleas y del trabajo en torno del análisis del marco jurídico se irá trazando el camino”, dice Mariano Stolkiner, el director anfitrión en El Extranjero.

Frente a muchísimos colegas de pie, sentados en las gradas y en el piso para que nadie quedara afuera, los comunicadores fueron, además del verborrágico Stolkiner, Alfredo Martín, Gabriela Izcovich, Carlo Argento y Ana Alvarado. Nombrar a todos los teatristas presentes es imposible, desde el empresario Carlos Rottemberg hasta los directores Claudio Tolcachir, Juan Parodi, Jorge Azurmendi, Corina Fiorillo, Alejandro Viola, Santiago Doria, Andrés Bassalo, Javier Daulte y Maruja Bustamante.

Las adhesiones y apoyos llegaron: Alejandro Tantanian, director del Teatro Nacional Cervantes; Federico Irazábal, director artístico del FIBA; el diputado Daniel Filmus; la Asociación Argentina de Actores; Sebastián Blutrach y la Aadet; Marcelo Allasino y el INT; Sagai, Alejandro Ullúa (también uno de los precursores del proyecto), Mauricio Kartun, Rubén Szuchmacher, Ricardo Bartis, Daniel Veronese, Agustín Alezzo, Helena Tritek y muchos más. Desde el otro lado del mar, Guillermo Heras escribió sobre ADE, la institución que los colegas españoles fundaron hace 36 años, cuyo estatuto es una de las fuentes en que se basa la construcción de la Apdea, junto con el de Artei y la DAC, más el asesoramiento de abogados culturales.

El estatuto, todavía boceto, incluye algunos puntos acordados. Por ejemplo, la elaboración de un registro federal de directoras y directores; la creación de escuelas de capacitación para brindar talleres, cursos y charlas; convenios con otras instituciones nacionales y del exterior, y por supuesto, como objetivo de máxima, proteger el “derecho de puesta” a través de una ley que reconozca a directoras y directores como “creadores” o “autores”. También se conformaron comisiones específicas: comunicación, objetivos y fundamentos, cultura y extensión y finanzas, la más débil. Incansable, Corina Fiorillo sugirió dejar “su voluntario aporte” a la salida en una caja de cartón.

Una gran sorpresa para los organizadores fue la presencia de Roberto Vega. Ante el desconocimiento de la mayoría, sacó una credencial que probaba su pertenencia a ADIT, la asociación de directores teatrales fundada en 1962, presidida por Armando Discépolo y el secretario Pedro Asquini, organización que se mantuvo hasta el inicio de la dictadura, en 1977 (en aquel momento, a cargo de Onofre Lovero), cuando fue invitada a desalojar Argentores y se disolvió. La tarea quedaba pendiente y ahora, contra todo pronóstico, se va a hacer una próxima reunión en febrero. Solo hay que avisar acontactoapdea@gmail.com. Son tiempos de pronunciarse.

Fuente: La Nacion,  Leni González