Con los ojos en las fuentes: seis joyas porteñas que refrescan

MIRÁ LA GALERÍA DE IMÁGENES. Son la de las Nereidas, las traídas de Francia en 1870 de 9 de Julio y Córdoba, “la alemana” y el Neptuno de Palermo y la de estilo andaluz del Museo Larreta. Además, El Aguatero del Botánico. En 9 de Julio y Córdoba. Una fuente ornamental, realizada en Francia a fines del siglo XIX. Estuvo en la Plaza de Mayo y, tras mudanzas y reformas, la pusieron allí en 1965. / Martín Bonetto

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A lo mejor todavía queda alguno que se acerca, cierra los ojos, aprieta la mano, la abre y suelta un deseo y una moneda. Lo seguro es que las fuentes de la Ciudad de Buenos Aires suelen ofrecer festines de arte variados, a los que no siempre solemos atender. Y la inusual posibilidad de desacelerar. Pero muchas integran, junto con los balcones o los portales, parte del patrimonio porteño de perfil más bajo.

Hay fuentes porteñas que son estrellas, cierto. Entre ellas, la de las Nereidas (1903), de Lola Mora, en la Costanera Sur. Representa el nacimiento de Venus, rodeada por nereidas -para los antiguos griegos, ninfas protectoras de marineros- y tritones, con un mix de naturalismo, armonía renacentista y exuberancia barroca precioso. Insoslayable.

La Fuente de las Nereidas. La gran obra de Lola Mora, en mármol de Carrara, es de 1903. LLegó desde Italia en cajas que pesaban 37 toneladas. / Andrés D'Elia

La Fuente de las Nereidas. La gran obra de Lola Mora, en mármol de Carrara, es de 1903. LLegó desde Italia en cajas que pesaban 37 toneladas. / Andrés D’Elia

Desde Nápoles. El Aguatero fue creado por Vincenzo Gemito (1852-1919). Está en la entrada del Botánico, en Santa Fe al 3900./ Fernando de la Orden

Desde Nápoles. El Aguatero fue creado por Vincenzo Gemito (1852-1919). Está en la entrada del Botánico, en Santa Fe al 3900./ Fernando de la Orden

Lola Mora trabajó en Roma y la obra llegó en cajas, que pesaban 37 toneladas, con escándalos a cuestas. Es que no quisieron que esos cuerpos desnudos y sensuales, creados y donados por una mujer, fueran emplazados en la Plaza de Mayo, frente a la Catedral, como propuso ella. Y hasta hubo quienes dudaron de que Lola los hubiera esculpido en mármol de Carrara. “Traigo algunos trozos, como ser una cabeza, una mano, etc., para que me vean trabajar en público, a fin de echar por tierra ciertas calumniosas versiones que me mortifican”, dijo la artista en una entrevista.

Plaza del Congreso. La fuente del Monumento principal, con las alegorías del Río de La Plata, el Uruguay y el Paraná./ Diego Díaz

Plaza del Congreso. La fuente del Monumento principal, con las alegorías del Río de La Plata, el Uruguay y el Paraná./ Diego Díaz

El Pensador. La obra del francés Rodin, en la Plaza del Congreso. / Diego Díaz

El Pensador. La obra del francés Rodin, en la Plaza del Congreso. / Diego Díaz

La lista de fuentes de la Ciudad así, majestuosas, incluye a la del Monumento a los dos Congresos (1914), en Plaza del Congreso, a metros de una “celebrity”: El Pensador, copia del molde original firmada por el padre de la escultura moderna, Auguste Rodin. Con figuras masculinas que evocan al Río de la Plata y a sus afluentes, el Uruguay y el Paraná, entre caballos bravos, aparece como un oasis enérgico antes que como un homenaje solemne. Y esa lista de monumentales incluye también a el dedicado a la Riqueza Agropecuaria Argentina, de 25 metros de largo, “la fuente alemana en Buenos Aires”, llamada así porque fue donada por esa colectividad para el centenario de la Revolución de Mayo y porque la ubicaron en la Plaza Alemania de Palermo.

Bienvenida. La ofrece la fuente al jardín andaluz del Larreta. Con el murmullo del agua invita al relax. / Marcelo Carroll

Bienvenida. La ofrece la fuente al jardín andaluz del Larreta. Con el murmullo del agua invita al relax. / Marcelo Carroll

Monumental. "La fuente alemana" mide 25 metros de largo. Está en Plaza Alemania, Scalabrini Ortiz al 2600./ Rafael Mario Quinteros

Monumental. “La fuente alemana” mide 25 metros de largo. Está en Plaza Alemania, Scalabrini Ortiz al 2600./ Rafael Mario Quinteros

Pero en Capital existen incluso más que esos trabajos imponentes, “expresiones del binomio que forman la gran obra sólida y permanente y el agua que aporta dinamismo”, como apuntan desde Turismo de la Ciudad. De hecho, ahora, funcionan 90 fuentes, indican desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño -el resto está en restauración-. Por lo tanto, la elección de las destacadas en este GPS será arbitraria.

Neptuno. Una obra de fines del siglo XIX, reformada, en Figueroa Alcorta y Dorrego. / Mario Quinteros

Neptuno. Una obra de fines del siglo XIX, reformada, en Figueroa Alcorta y Dorrego. / Mario Quinteros

Aire francés. Detalle de una fuente de 9 de Julio y Córdoba, encargada a la empresa Du Val D’Osne, después de que su fundador recibiera la medalla de oro en la Exposición Universal de París en 1867. / Martín Bonetto

Aire francés. Detalle de una fuente de 9 de Julio y Córdoba, encargada a la empresa Du Val D’Osne, después de que su fundador recibiera la medalla de oro en la Exposición Universal de París en 1867. / Martín Bonetto

A escala más humana, con la gracia del neoclasicismo, se imponen las que exhiben doncellas y querubines de hierro, que fueron creados en Francia en 1870 para la Plaza de Mayo y terminaron en 9 de Julio y Córdoba, refrescando. La de El Aguatero, realizada en bronce por el napolitano Vincenzo Gemito (1852-1919), a la cual le bastó el atisbo de un movimiento y la sonrisa pícara para sugerir erotismo, de acuerdo con el catálogo del Jardín Botánico, al que da la bienvenida. Y la fuente del Patio Andaluz, pegado al Rosedal de Palermo, que será siempre “EL” símbolo de las de ese estilo. Sin embargo, con sus mayólicas y más mayólicas decoradas, las del jardín del Museo Larreta de Belgrano y las del patio de Museo de Calcos y Esculturas Ernesto De la Cárcova (España 1701, a cuadras de la de las Nereidas, cerrado hasta febrero) son joyitas menos conocidas (y concurridas) que le hacen competencia. Todas traen ecos de la influencia árabe en la España durante la época medieval. Y, con el murmullo del agua, relax.

Fuente. En el patio del Museo de De la Cárcova que, tras vacaciones, reabre en febrero en España 1701, Costanera Sur./ Diego Waldmann

Fuente. En el patio del Museo de De la Cárcova que, tras vacaciones, reabre en febrero en España 1701, Costanera Sur./ Diego Waldmann

Cinco elegidas:

1) Lola. La Fuente de las Nereidas es una maravilla en la Costanera Sur de la Ciudad de Buenos Aires. Fue creada por Dolores Mora de la Vega (1866-1936), Lola Mora, en Roma, en 1903, con mármol de Carrara y piedras diversas. La trasladaron a la Ciudad en bloques dispuestos en cajas que pesaban 37 toneladas. La obra muestra el nacimiento de Venus, rodeada por nereidas -para los antiguos griegos, ninfas protectoras de marineros- y tritones, con un mix perfecto de naturalismo, armonía renacentistas y exuberancia barroca. En Tristán Achával Rodríguez al 1400.

Tope. De las Nereidas, un tesoro de la Costanera Sur. / Rafael Mario Quinteros

Tope. De las Nereidas, un tesoro de la Costanera Sur. / Rafael Mario Quinteros

Bravura. La transmiten las figuras de mármol que creó Lola Mora./ Rafael Mario Quinteros

Bravura. La transmiten las figuras de mármol que creó Lola Mora./ Rafael Mario Quinteros

2) En la 9 de Julio. “Las fuentes Ornamental I y II se encontraban en 1870 a cada lado de la Pirámide de Mayo (1811)”, en la Plaza de Mayo, indican en Turismo de la Ciudad. Y no tenían agua porque aún no había servicio de agua corriente en la Ciudad. De hierro, “habían sido encargadas a la empresa francesa Du Val D’Osne, cuyo fundador había recibido la medalla de oro en la Exposición Universal de París en 1867 “, agregan. Las separaron. Las unieron. Las trasladaron. Y en 1965, entre reformas, llegaron a la ubicación actual: la 9 de Julio y Córdoba. Combinan influencias renacentistas italianas y neoclasicistas francesas.

Oasis. En 9 de Julio y Córdoba. La fuente estuvo al lado de la Pirámide de Mayo, en la Plaza de Mayo, en 1870. / Martín Bonetto

Oasis. En 9 de Julio y Córdoba. La fuente estuvo al lado de la Pirámide de Mayo, en la Plaza de Mayo, en 1870. / Martín Bonetto

Querubines. En la fuente de 9 de Julio y Córdoba, parte de un conjunto artístico de 1870, reformado. / Martín Bonetto

Querubines. En la fuente de 9 de Julio y Córdoba, parte de un conjunto artístico de 1870, reformado. / Martín Bonetto

3) Al campo, de Alemania, desde Grecia. El monumento-fuente Riqueza Agropecuaria Argentina -llamado “fuente alemana en Buenos Aires”- mide 25 metros de largo y cuenta con dos grupos escultóricos: La Agricultura y La Ganadería (un hombre junto a un toro). Diseñado en mármoles y bronce, fue un regalo para el país de parte de la colectividad alemana en el centenario de la Revolución de Mayo. La obra fue inaugurada en 1918. Más de 120 artistas presentaron bocetos y eligieron al del alemán Gustav Adolf Bredow, quien -se dice- fue al monte Pentelikon, en Grecia, para seleccionar él mismo los bloques del mismo tipo de mármol que usaron en el Partenón de Atenas. Se trata de “mármol pentélico” y especialistas dicen que se destaca porque con los años toma un tono amarillento, cálido, que modifica el juego de luces y sombras que propone.

Ganadería. Representada en la fuente de Plaza Alemania. / Rafael Mario Quinteros

Ganadería. Representada en la fuente de Plaza Alemania. / Rafael Mario Quinteros

Vale la pena dar la vuelta al monumento. Atrás, la fuente muestra bajorrelieves hechos en bronce, también obra de Bredow. Y la completan 16 escudos esculpidos también en bronce, que representan a los estados de Alemania. Está en Plaza Alemania, entre las avenidas Del Libertador y Casares, Cavia y Castex, Palermo Chico.

Agricultura. En la fuente de la Plaza Alemania. / Rafael Mario Quinteros

Agricultura. En la fuente de la Plaza Alemania. / Rafael Mario Quinteros

4) Neptuno en Palermo. Esta representación del dios del mar de los antiguos romanos, Neptuno, en justamente una valva marina, es parte de un complejo escultórico encargado a los talleres franceses Du Val D’Osne en 1870, como las ornamentales de la 9 de Julio y Córdoba (ítem 2), entre otras. En principio, las piezas de la obra original se ubicaron también en Plaza de Mayo e incluían dos figuras que aludían a Neptuno, anciano y joven, y dos náyades -ninfas, en la mitología griega-. Luego desarmaron el conjunto y trasladaron partes a la 9 de Julio, entre otros lugares de la Ciudad. Y, más tarde, esta fuente llegó a su emplazamiento actual: Figueroa Alcorta, a metros de Dorrego.

Del mar. Neptuno, dentro de una valva. /Rafael Mario Quinteros

Del mar. Neptuno, dentro de una valva. /Rafael Mario Quinteros

Zoom. Neptuno, en su fuente de Palermo. / Rafael Mario Quinteros

Zoom. Neptuno, en su fuente de Palermo. / Rafael Mario Quinteros

5) De los árabes de España medieval. Las fuentes del jardín andaluz del Museo de Arte Español Enrique Larreta -la ex casa del escritor Enrique Larreta (1875-1961)- son preciosas. Y valiosas: con ese espacio, Larreta buscó representar parte de la Alhambra, de Granada, al sur de España, una región dominada por los árabes entre comienzos del 700 y fines del 1400. Ocupa unos 5.500 m2, por lo que se lo considera uno de los hispano-musulmanes más importantes de Sudamérica. Y este diario ya lo describió en un GPS.

Octogonal. Una de las fuentes del Larreta. / Marcelo Carroll

Octogonal. Una de las fuentes del Larreta. / Marcelo Carroll

Zoom. A una de las ranitas surtidoras de agua de la Fuente de, justamente, las Ranas. / Marcelo Carroll

Zoom. A una de las ranitas surtidoras de agua de la Fuente de, justamente, las Ranas. / Marcelo Carroll

“Los árabes concibieron los jardines como antítesis del desierto, plano e infértil. Por eso, remiten a pedacitos de selvas vírgenes, enmarcadas por cuadrículas. Dentro de ellas, las plantas deben crecer del modo más natural posible. Los laberintos son angostos, rectos, diseñados para una caminata solitaria o de a dos: el dueño de casa junto con un huésped, acompañados por la naturaleza”, contó a Clarín Antonio Sturla, su jardinero desde hace 29 años. Y agregó: “Este tipo de jardines tienen un aspecto religioso: invitan a orar, a meditar, a pasar momentos de sosiego. El murmullo del agua de que surten las fuentes ayuda a eso. Además, la de las Ranas, por ejemplo, es octogonal, número simbólico para los árabes”. En Juramento 2291. Más info en la web del Museo.

6) La gran yapa: El Aguatero, del Botánico. Esta escultura da la bienvenida al Jardín Botánico, en Palermo. Realizada en bronce por el italiano Vincenzo Gemito (1852-1919), L’Aquaiolo, en italiano, representa a un chico que ofrece de beber, como era costumbre en Nápoles, donde fue creada. Y hay más que contar. “La pose balanceada, su sonrisa y su gesto provocador le proporcionan una carga erótica evidente -dice el catálogo oficial de las piezas del Botánico-. El escultor nos propone una escena realista de la calle, un diálogo vivo (…) Pero la desnudez, así como el zócalo en forma de fuente decorada con un mascarón, sitúan esta escena en la Antigüedad Romana, lo que permite al artista justificar el erotismo”.  El Botánico está en Santa Fe 3951 y abre de martes a viernes de 8 a 18.45 y los fines de semana desde las 9.30.

Agua. La obra del napolitano Gemito da la bienvenida al Jardín Botánico. / Fernando de la Orden

Agua. La obra del napolitano Gemito da la bienvenida al Jardín Botánico. / Fernando de la Orden

Hay otras fuentes y joyas artísticas en el Botánico, diseñado por el enorme paisajista francés Carlos Thays. De hecho, ese Jardín cuenta con un museo a cielo abierto: una colección de 28 piezas al que Clarín le dedicó este GPS. Graciela Barreiro, ingeniera agrónoma, directora del Botánico, contó que en 1898, cuando fue inaugurado, las únicas esculturas eran las que adornan los sectores llamados jardines romano y francés. “La mayoría llegaron al Botánico para protegerlas del vandalismo en el espacio público durante en la segunda mitad del siglo XX”, agregó.

"El Mensaje de Mercurio". El dios romano del comercio está representado en el Botánico como un joven, cuya figura responde a los cánones de la belleza de la escultura en la Grecia clásica./ Fernando de la Orden

“El Mensaje de Mercurio”. El dios romano del comercio está representado en el Botánico como un joven, cuya figura responde a los cánones de la belleza de la escultura en la Grecia clásica./ Fernando de la Orden

Fuente: Clarín